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Biodiversidad de los invernaderos: buceando bajo el mar de plástico

El mar de plástico puede verse desde el espacio. ¿Pero qué pasaría si decidiésemos bucear en las profundidades de este mar?

En el pasado se decía que algunas construcciones colosales, como las pirámides de Egipto o la muralla china, son las únicas estructuras fabricadas por el ser humano que pueden verse desde el espacio. Sin embargo, hoy en día sabemos que no. En realidad, la única construcción humana que puede verse fácilmente desde allí arriba es el famoso mar de plástico. Ese gran manto blanco constituido por los invernaderos de Almería ha crecido hasta convertirse en algo colosal. Pero lo ha hecho hasta el punto de que poco a poco nos olvidamos de lo que hay debajo. Por ejemplo, no tenemos en cuenta la biodiversidad de los invernaderos. 

Y es que si pudiésemos levantar ese techado de plástico veríamos un maravilloso vergel comparable al que describieron los antiguos romanos al llegar a algunos puntos de la provincia. Los invernaderos de Almería son mucho más que plástico, pero no solo por los cultivos que albergan. También por la vegetación que los acompaña tanto dentro como fuera de su estructura. 

Esa vegetación, además, sirve como atrayente para insectos capaces de combatir las plagas que azotan a los cultivos y para otros animales que, poco a poco, van aumentando la biodiversidad. Todo eso y más lo podemos encontrar en los invernaderos de Almería, pero no es algo casual. Desde que se puso en marcha esta forma de agricultura se han ido implementando muchas mejoras, no solo para aumentar la producción hortofrutícola y hacerla rentable. También para minimizar el impacto que suponen en el medioambiente. Y es que es innegable que ese impacto existe. La clave está en intentar mejorar la biodiversidad de los invernaderos y que, a su vez, ese impacto sea el mínimo posible.

Control biológico y biodiversidad en los invernaderos de Almería

El control de plagas en agricultura, ya sea fuera o dentro del plástico, ha cambiado mucho en el último siglo. Si bien en la antigüedad se documentaron los buenos resultados de enfrentar los artrópodos integrantes de las plagas a sus propios depredadores, poco a poco el uso de pesticidas fue dejando a un lado estas prácticas. Primero se probó con sustancias que ya se empleaban con otros fines. Luego se empezaron a sintetizar nuevos compuestos específicamente como insecticidas. Fue, por ejemplo, el caso del DDT.

Lamentablemente, con el tiempo se vio que estos productos acarreaban muchos problemas, tanto para la salud de los agricultores y los consumidores, como para los propios cultivos. Y también para el medioambiente. Fue así como el control biológico se hizo con un hueco que hoy en día no ha hecho más que crecer. 

Mar de plástico
El mar de plástico es la única estructura construida por el ser humano que se ve desde el espacio. Crédito: NASA

En el caso concreto de los invernaderos, eso minimizó su impacto ambiental, no cabe la menor duda. Sin embargo, aún quedaban muchas parcelas por mejorar. Una de ellas era la restauración de la biodiversidad de los invernaderos. Por eso, en los últimos años se han llevado a cabo muchos estudios dirigidos por un lado a seguir mejorando las estrategias de control biológico y, por otro, a aumentar la biodiversidad de estos ecosistemas. Estas medidas mixtas se han analizado en los invernaderos de Almería, pero también en otros muchos lugares del mundo. 

De toda esta investigación ha surgido el desarrollo de islas verdes en medio del mar de plástico. Plantas escogidas concienzudamente para alejar las plagas y atraer a otros animales que sí resulten beneficiosos para el entorno. Un pequeño parque de atracciones para insectos, reptiles, anfibios y pequeñas aves y mamíferos. 

Las islas verdes del mar de plástico

Un invernadero no es una fortaleza impenetrable. A grandes rasgos, consiste en una estructura en la que se combinan dos mecanismos. Por un lado, se promueve una transparencia controlada a dos tipos de radiaciones. La primera es la propia radiación solar, mientras que la segunda es la radiación terrestre. Es fácil filtrarlas porque la longitud de onda de la primera es mucho más corta que la de la segunda. Teniendo esto en cuenta, lo que se hace es optimizar el paso de la primera, pero frenar todo lo posible la salida de la segunda. Así, la radiación del Sol queda atrapada dentro del invernadero, ya que la que emite la propia superficie terrestre, que normalmente se disiparía en la atmósfera, no puede salir. Todo esto se combina con un sistema de aislamiento térmico que refuerza aún más estos efectos. 

Para conseguir esto es importante elegir bien los materiales y el entramado de los mismos, pero no es necesario que el invernadero sea un recipiente totalmente hermético. En él pueden entrar multitud de animales que no solo hacen mucho más rica la biodiversidad de los invernaderos. También pueden ser útiles para los propios cultivos. Tal es su utilidad que en los últimos años se ha estudiado la forma de atraer a esas especies y es ahí donde entran en juego las islas verdes del mar de plástico.

Interior del invernadero
La biodiversidad debe promoverse tanto dentro como fuera del invernadero. Crédito: Freepik

Se trata principalmente de arbustos ubicados tanto dentro como fuera de los invernaderos y que deben cumplir varias funciones. La primera es no ser reservorios de virus que puedan afectar a los cultivos que hay dentro del invernadero. Si eso ocurriese, sería totalmente contraproducente, pues podría contagiarse de unas plantas a otras. Ya hemos visto que los invernaderos son permeables a pequeños animales, así que muchísimo más a los virus.

Por otro lado, deben seguir una floración escalonada y estar bien adaptadas al medio. Además, en el caso de las plantas externas, se busca que sean plantas plurianuales. Este es un requisito que no es posible en el interior, ya que las temperaturas en verano llegan a ser muy extremas. Un detalle curioso que se puede tener en cuenta con las plantas elegidas para el interior es que se pueden usar como plantas trampa, que sean un objetivo superior para las plagas. Como si las plantas trampa fuesen chocolate y los cultivos del invernadero una insulsa ensalada de lechuga sin aliñar.

Algunas de las plantas más recomendadas con este fin son las ortigas, los girasoles o el maíz, aunque todo depende de las necesidades de los cultivos que haya dentro del invernadero. 

Listas para entrar a vivir

Esas islas verdes dentro del mar de plástico sirven como atractivo para aumentar la biodiversidad de los invernaderos. Muchos animales hacen de ellas su hogar o su lugar de alimento. Esto puede ser beneficioso simplemente por enriquecer el ecosistema, algo que ya es motivo suficiente para promoverlo. No obstante, también puede ser beneficioso para los propios cultivos del interior del invernadero.

Por ejemplo, se pueden atraer insectos que actúan como polinizadores o como control de plagas. Algo parecido ocurre con los reptiles, los anfibios, los pájaros o algunos pequeños mamíferos. En el caso de los pájaros, pueden ser un arma de doble filo, ya que hay algunos insectívoros que constituyen una herramienta esencial para combatir plagas, pero también los hay que se alimentan de granos y pueden dañar los cultivos. Es por eso que actualmente hay en marcha estudios dirigidos a discernir cuáles son las especies beneficiosas o perjudiciales y cómo se pueden repartir las poblaciones de una forma beneficiosa sin perjudicar al ecosistema.

En definitiva, los invernaderos hace mucho que dejaron de ser simplemente un habitáculo de plástico inerte. Hoy en día, lo que ven los astronautas cuando miran hacia abajo desde el espacio es el techo de un ecosistema desconocido por muchos. Por supuesto que conllevan un impacto ambiental y se deben tomar aún muchas medidas para seguir reduciéndolo. Pero, sin duda, apostar por la vida que hay en esos invernaderos es un buen punto por el que empezar. 

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