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Los vientos que forjaron la historia de la energía eólica en nuestro país

El viento ha sido el hilo invisible que ha impulsado España durante siglos, aún hoy sigue soplado para llevarnos hacia un futuro energético más limpio e inteligente


Cuando el viento impulsa la historia

El viento ha sido mucho más que una brisa pasajera en la historia de nuestro país, ha sido un motor silencioso que ha impulsado barcos, molinos, economías y revoluciones tecnológicas.

Mucho antes de que existieran los generadores eléctricos, la energía eólica ya impulsaba carabelas hacia el Nuevo Mundo, secaba el trigo en Castilla y hacía girar las aspas de los molinos de La Mancha, convertidos en mito gracias a Don Quijote.

Hoy, ese mismo viento sopla con fuerza sobre aerogeneradores inteligentes y tecnologías futuristas como la energía eólica sin aspas. España no solo ha sabido leer el viento, sino también aprovecharlo, ha sido pionera en energía eólica terrestre y marina, y sigue marcando el paso hacia un futuro descarbonizado.

Este artículo recorre, como si fuera una travesía, la relación única entre el viento y España desde los días de la navegación a vela hasta los aerogeneradores flotantes del siglo XXI. Porque, en realidad, cada ráfaga, casa soplo de viento ha dejado huella en nuestra historia.

infografía sobre la energía eólica en la historia de España
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Siglo XV: El viento como clave de la expansión

En el siglo XV, cuando aún no existían mapas precisos ni motores a vapor, fue el viento quien guió a España hacia el horizonte. Desde las costas de Huelva y Cádiz, las velas de las carabelas se inflaban con los vientos alisios, esas corrientes constantes que, casi como una autopista invisible, impulsaba a las embarcaciones hacia occidente.

El viento se convirtió en el aliado silencioso de la evolución

Los marinos españoles no conquistaron el Atlántico por la fuerza bruta, sino por saber leer el cielo y aprender a interpretar dónde les podría llevar el viento de levante, el poniente o el cierzo, que según la estación y la intensidad, decidían el éxito o el fracaso de cada expedición. Fue así como el viento se convirtió en el aliado silencioso del Imperio.

Gracias al viento, se abrió la primera ruta hacia América, se aceleró el comercio con África, se conectaron islas remotas, y se establecieron colonias que cambiarían la historia de España y la historia mundial para siempre. Cada ráfaga de viento impulsaba la economía, la ciencia náutica y la influencia a nivel global.

El viento que hizo avanzar por mar y por tierra

Durante los siglos XVI al XIX, el viento siguió impulsando la expansión de España por el mundo. El viento no era solo un recurso natural, era una herramienta de poder. Las rutas marítimas que unían la península con América, Asia y África dependían por completo del impulso del viento. Dominar los patrones del viento era tan buena estrategia como poseer un ejército incansable.

Los galeones y navíos de línea españoles surcaban el océano gracias al favor del viento, intercambiando mercancías y conocimiento entre continentes. Era una época en la que la energía eólica movía economías, imperios y visiones del mundo. La industria naval, los astilleros, el comercio y los puertos florecieron gracias a esta fuente inagotable de energía natural.

Pero el viento no solo soplaba en alta mar. También lo hacía en tierra, en los campos abiertos y las colinas solitarias. En regiones como Castilla la Mancha o Andalucía, empezó a cumplir otro papel esencial, impulsar las aspas de los molinos de viento que transformaban el grano en harina o extraían agua del subsuelo. En una España agrícola, esos molinos no eran decorado, eran tecnología de vanguardia que desarrolló el campo español impulsados por la fuerza del viento.

Se construyeron miles de molinos, para aprovechar los vientos constantes de las llanuras. Cada molino era una pequeña central de energía eólica mecánica, una forma ingeniosa de convertir el viento en trabajo humano. Y aunque hoy los veamos como postales rurales, durante siglos fueron el corazón de la producción local.

En 1605, Miguel de Cervantes inmortalizó estos gigantes con aspas en Don Quijote de la Mancha. El hidalgo confundía la tecnología con amenaza, el molino con su enemigo mítico. Sin querer, convirtió al viento en símbolo literario y cultural, y al molino en emblema de la lucha entre lo real y lo imaginado.

Así, durante estos siglos, el viento sostuvo a España por dos frentes, impulsó su expansión global desde los mares y sostuvo su vida cotidiana desde la tierra. Fue, sin metáforas, el motor invisible de un país en movimiento.

En el siglo XX la energía eólica pasa a ser un sector estratégico

Durante siglos, el viento había sido una fuerza útil pero limitada, mecánica y local, sin embargo, todo cambió en el siglo XX cuando alguien se preguntó, ¿y si el viento pudiera producir electricidad?

En España no tardamos en explorar esa posibilidad. En 1984, en el pequeño municipio de Garriguella, en Girona, se instaló el primer parque eólico del país. Aquellos aerogeneradores pioneros no eran ni silenciosos ni especialmente potentes, pero marcaron un antes y un después en el sector de la energía eólica, por primera vez, el viento se conectaba a la red eléctrica.

Este primer intento no fue muy llamativo, pero el potencial era más que evidente. A lo largo de los años 90 y 2000, España dio un salto industrial importante, se crearon y crecieron empresas como Gamesa y Acciona Energía, que no solo desarrollaban parques eólicos, también diseñaban y fabricaban turbinas. La energía eólica dejaba de ser una curiosidad para convertirse en un sector estratégico.

Poco a poco los antiguos molinos de piedra fueron sustituidos por aerogeneradores modernos, enormes estructuras blancas con aspas que se podían ver girando en lo alto de las colinas. Cada uno de estos molinos podía producir electricidad para cientos de hogares. Y lo mejor era que lo hacían con algo que siempre habíamos tenido gratis y limpio: el viento.

Esta transformación también tuvo impacto en la economía. España buscaba depender menos del petróleo y el gas, y al mismo tiempo crear empleos de calidad. La energía eólica ofrecía ambas cosas, fue una vía para diversificar fuentes, generar empleo y liderar la transición energética en Europa.

En pocos años, España se convirtió en uno de los líderes mundiales en producción eólica. No solo aprovechabamos el viento para generar energía y abastecernos internamente, también exportamos nuestra tecnología y nuestro conocimiento. Una vez más, el viento empujó a España hacia una nueva etapa de crecimiento y modernización.

En la actualidad seguimos siendo uno de los países que más energía eólica genera a nivel global, así lo demuestra esta imagen de Visual Capitalist donde se puede ver cuáles son los 15 principales países ordenados por capacidad total instalada de turbinas eólicas. España ocupa el 6º lugar a nivel mundial por delante de países como Inglaterra, Francia, Turquía o Italia.

Instalaciones de turbinas eólicas por países - Energía eólica

Siglo XXI, energía eólica inteligente

Al llegar el nuevo siglo, el viento no solo seguía generando electricidad, también empezó a inspirar nuevas ideas. España, que ya era uno de los países con más parques eólicos del mundo, comenzó a destacar por algo más, por la capacidad para innovar en el sector de la energía eólica.

Uno de los proyectos más sorprendentes nació a las afueras de Ávila. Se llama Vortex Bladeless y propone una forma de generar energía eólica sin aspas, cuando lo leí no podía hacerme una idea de cómo se lograba, pero informándome un poco más logré entenderlo.

En lugar de girar grandes aspas, las torres que diseñaron Vortex Bladeless vibran con el viento y la oscilación produce la energía, sencillo y brillante.

Los puntos fuertes en comparación con las turbinas de aspas es que son:

  • Más silenciosas
  • Más seguras para las aves
  • Y más fáciles de instalar en zonas pequeñas
  • Misma compatibilidad de red
  • Mismos materiales
  • Menos mantenimiento
  • Más simple y seguro

Aunque todavía están en desarrollo, han llamado la atención en todo el mundo por su diseño poco convencional y su potencial en ciudades o entornos urbanos.

Pero la innovación no se queda ahí, ingenieros españoles siguieron mirando al mar haciéndose preguntas interesantes. ¿Podemos aprovechar las costas del norte, con vientos fuertes y constantes?, y han desarrollado una nueva oportunidad innovadora en el sector de la energía eólica marina.

En Galicia, el Cantábrico o el Estrecho de Gibraltar ya se están preparando proyectos de energía eólica marina. Algunos de estos proyectos más innovadores son turbinas flotantes. La eólica marina flotante es una tecnología que permite instalar aerogeneradores en aguas de más de 60 metros de profundidad, con una plataforma flotante anclada al lecho marino genera electricidad aprovechando las olas y mareas.



Estos avances no son solo técnicos, también abren nuevas puertas para el empleo, la industria y el desarrollo local. Ingenieros, investigadores, empresas emergentes y grandes compañías trabajan juntas para llevar la energía eólica al siguiente nivel.

Hoy, España no solo aprovecha el viento. Lo reinventa. Lo estudia. Y lo transforma en nuevas formas de energía que antes parecían imposibles.

Economía mecida por el viento

El viento produce electricidad limpia, genera empleo, inversión y actividad industrial con impacto real en el PIB y en las exportaciones.

Según REE en 2023 la energía eólica representó alrededor de 23 % al 24,5 % de toda la electricidad generada en España, con más de 30.748 megavatios (MW) instalados, la mayor capacidad entre las energías renovables del país.

El sector de la energía eólica contribuye de manera importante a la economía nacional. Estudios elaborados por la Asociación Empresarial Eólica (AEE) y consultores independientes, indican que el sector eólico aportó casi 3.274,3 millones de euros al Producto Interior Bruto (PIB) español en 2022, contando efectos directos e indirectos.

impacto de la energía eólica en España

En cuanto al empleo, el sector eólico continúa creciendo. En 2023 el número de profesionales vinculados a la industria aumentó respecto al año anterior, superando los 19.400 puestos de trabajo directos, con un incremento anual estimado del 6 % en ocupación.

Además, la cadena de valor de la energía eólica —desde la fabricación y mantenimiento de aerogeneradores hasta el desarrollo de proyectos en otros países— ha convertido a España en una de las principales potencias exportadoras de tecnología eólica del mundo figurando entre los principales países exportadores de aerogeneradores y componentes asociados, con una industria que envía equipos, servicios y conocimiento técnico a mercados tan diversos como China, India, América Latina y Europa.

Estas cifras muestran que la energía eólica sigue siendo hoy un motor económico clave para España. No solo ayuda a cubrir la demanda eléctrica de millones de hogares desde fuentes limpias —reduciendo emisiones y dependencia de combustibles fósiles— sino que también crea empleo especializado, impulsa exportaciones y fortalece el tejido industrial de España.

El viento todavía tiene mucho que darnos

La energía eólica siempre ha sido una pieza clave para alcanzar los objetivos de desarrollo y avances del país, y todo apunta a que su papel será aún más importante en los próximos años.

Uno de los grandes retos es descarbonizar la economía, para ello se ha fijado una meta clave dentro del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), el 81 % de toda la electricidad usada en el país será renovable en 2030, y una buena parte vendrá del viento. Se espera que la potencia eólica instalada crezca hasta alcanzar 50.000 megavatios, combinando parques terrestres y marinos.

En este camino hacia un modelo energético más limpio, la innovación sigue siendo protagonista. Ya se están desarrollando nuevos tipos de aerogeneradores más eficientes y silenciosos, con materiales más ligeros y sistemas de mantenimiento automatizados.

Además se están integrando con tecnologías digitales como la inteligencia artificial, que permite prever mejor el comportamiento del viento y optimizar la producción de energía.

Y más allá de la electricidad, el viento también empieza a jugar un papel en otras áreas. Por ejemplo, en la producción de hidrógeno verde, que se considera uno de los combustibles limpios del futuro. Algunos proyectos ya plantean usar energía eólica para alimentar electrolizadores y generar hidrógeno sin emisiones.

Todo esto no solo ayudará a cuidar el planeta. También creará nuevas oportunidades industriales, impulsará el empleo y reforzará la posición de España como uno de los países más avanzados en energías renovables.

El viento siempre ha estado ahí. Pero ahora, más que nunca, nos está empujando hacia un futuro más limpio, más justo y más inteligente.

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