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Plásticos biodegradables: ¿la promesa sostenible es una realidad o un mito?

Es innegable que los plásticos biodegradables son un gran avance. Sin embargo, hay muchos mitos sobre ellos que es importante derribar para que los usemos de la forma más eficiente posible


Si en la revolución francesa hubiesen existido las botellas de plástico, posiblemente los soldados las habrían utilizado para quitarse la sed. Los parisinos las habrían lanzado ya vacías a los patíbulos como muestra de desagrado hacia los reyes ejecutados. Quizás los miembros de la Asamblea Nacional habrían tenido una botella a mano para beber mientras redactaban la Constitución. Todo esto no son más que suposiciones, pero si hay algo seguro es que la mayoría de esas botellas seguirían tiradas en algún lugar hoy en día. O al menos algunos trozos, ya que el plástico de las botellas tarda más de 400 años en degradarse por completo. Por suerte, actualmente existen los plásticos biodegradables. El problema está solucionado. O eso dicen, porque, en realidad, hay ciertos matices que debemos tener en cuenta.

Mientras que los plásticos convencionales pueden tardar cientos de años en degradarse, los plásticos biodegradables prometen descomponerse por completo en muy poco tiempo. A veces, unos meses o poco más de un año. Esto es posible porque pueden ser procesados por organismos vivos, como bacterias u hongos.

Todo esto suena muy bien. Si los plásticos biodegradables se dejan en la naturaleza o un vertedero, los microorganismos del suelo empezarán a degradarlos poco a poco hasta hacerlos desaparecer por completo. Esa es la promesa. El problema es que las condiciones no son siempre las ideales. Es cierto que los plásticos biodegradables son una alternativa muy buena a los que se han usado tradicionalmente, pero eso no quiere decir que vayan a desaparecer de nuestra vista en un abrir y cerrar de ojos. El proceso es mucho más complejo de lo que parece y, sobre todo, de lo que a veces nos intentan hacer creer.

Para empezar, no son lo mismo los bioplásticos que los plásticos biodegradables

Hoy en día escuchamos muchos términos en torno a los plásticos que nos hacen entender que son mucho más amigables con el medioambiente. Oímos hablar de plásticos biodegradables, plásticos compostables, bioplásticos o incluso plásticos degradables. A secas. Con respecto a estos últimos, sobra decir que todos los plásticos son degradables. Incluso esos que tardan cientos de años en desaparecer, al final se acaban degradando, especialmente por la acción de las radiaciones ultravioleta. El problema es que tardan demasiado. Tienen mucho tiempo para contaminar. 

Con respecto a los bioplásticos, se trata de plásticos que se han fabricado con materiales procedentes de los seres vivos, como las paredes celulares de algunos hongos. Por otro lado, los plásticos biodegradables son aquellos que pueden ser degradados por los seres vivos. Si además, una vez que se degradan, se obtiene un nuevo material rico en nutrientes, estamos hablando de plásticos o materiales compostables.

Los plásticos biodegradables son aquellos que pueden ser degradados por los seres vivos

En principio podríamos pensar que todos los bioplásticos son plásticos biodegradables. No solo por el parecido del nombre. También porque cuando los seres vivos de los que proceden mueren, se descomponen bastante rápido. Sin embargo, la realidad no es esa. Estos plásticos se han procesado de tal forma que no siempre son biodegradables. Por ejemplo, el ácido poliláctico es un plástico de origen vegetal que suele promocionarse como biodegradable, a pesar de que no es una buena opción en ese sentido.

Sí que es cierto que puede biodegradarse. Sin duda, lo hace mucho mejor que el famoso PET de las botellas de agua, que no es biodegradable en absoluto. El problema es que el ácido poliláctico necesita unas condiciones muy concretas para poder biodegradarse. Esto ocurre con este material, pero también con otros plásticos biodegradables. Si no se desecha bajo las condiciones adecuadas, podría tardar en descomponerse mucho más tiempo del que se dice. O incluso descomponerse solo parcialmente, liberando microplásticos que pueden ser perjudiciales. 

¿Cuáles son esas condiciones que necesitan para biodegradarse?

Cada bioplástico o plástico biodegradable necesita unas condiciones concretas de humedad y temperatura que no siempre son fáciles de alcanzar. También se requiere la presencia de microorganismos, que no siempre están en el suelo. En ejemplos como el ya citado ácido poliláctico, si no se logran estas condiciones el proceso no será tan eficiente como nos gustaría. Por otro lado, es necesaria la presencia de oxígeno. Cuando los plásticos llegan a los vertederos, muchas veces se amontonan, de tal manera que no tienen acceso suficiente al oxígeno necesario para que puedan biodegradarse.

Sí que es cierto que todos estos materiales, por lo general, cumplen la norma EN 13432 que garantizan que se biodegradarán completamente durante un proceso de compostaje industrial sin generar microplásticos persistentes. La desintegración se produce aproximadamente en 12 semanas y la biodegradación de al menos un 90 % del plástico en 6 meses. Todo funciona estupendamente en las plantas de compostaje. Pero los plásticos biodegradables no siempre terminan en estas instalaciones. 

¿Existe alguna solución?

Con todo esto no queremos generar una concepción negativa hacia los plásticos biodegradables. Realmente suponen una gran mejora con respecto a los que hemos usado hasta ahora. Pero sí que es cierto que debemos conocer sus limitaciones, ya que eso nos ayudará a encontrar soluciones.

Una de las soluciones más sencillas, aunque no lo parezca, es limitar el uso de plásticos, incluyendo los plásticos biodegradables. ¿Realmente necesitamos un paquete de magdalenas de plástico con cada una de las magdalenas envasada a su vez en otra bolsita de plástico? Da igual que sea biodegradable. Es un uso innecesario del plástico.

Unos de los productos que más a menudo se fabrican con plásticos biodegradables son las bolsas de la compra. Los supermercados y otros tipo de establecimientos hace años que implementaron la medida de cobrar por estas bolsas. Así, muchas personas optan por llevar sus propias bolsas de casa. Con dinero de por medio o sin él, la cuestión es que siempre será mejor llevar una bolsa de tela o papel o reutilizar las de plástico que ya tenemos, para evitar desechar plásticos, por muy biodegradables que sean. Si desechamos muchos, es posible que algunos no lleguen a esas plantas industriales en las que se descompondrán como es debido.

En los vertederos la basura se acumula y a veces no le llega suficiente oxígeno.
En los vertederos la basura se acumula y a veces no le llega suficiente oxígeno. Crédito: Antoine Giret (Unsplash)

El lugar en el que se descomponen los plásticos biodegradables importa

Se pueden elegir distintos plásticos biodegradables, dependiendo del lugar en el que se van a utilizar. Por ejemplo, desde hace años se está investigando el uso de plásticos biodegradables para cubrir cultivos agrícolas. Se trata de materiales que se descomponen justamente bajos las condiciones típicas de humedad, temperatura y oxigenación de los suelos en los que van a emplearse. Así, se garantiza que, una vez superada su vida útil, se puedan degradar adecuadamente. 

Por otro lado, no nos podemos olvidar de que los océanos son de los lugares más perjudicados por la contaminación por plásticos. Es por eso que algunas empresas se han afanado en desarrollar plásticos biodegradables diseñados para descomponerse en agua salada. Por ejemplo, hay un grupo de investigación centrado en ello en el Centro RIKEN para la Ciencia de la Materia Emergente (CEMS) de Japón. Su material estrella es un plástico de origen vegetal, cuyos polímeros se unen entre sí a través de unas interacciones conocidas como puentes salinos, que se descomponen al entrar en contacto con el agua del mar. Es cierto que el resultado es un material muy quebradizo, que sería poco útil para un uso industrial. Sin embargo, estos científicos le añaden un recubrimiento a base de sales orgánicas que le da una consistencia más parecida a la del plástico convencional. De nuevo, es un recubrimiento que se deshace sin problemas en el agua salada. Por eso, cuando estos plásticos se liberan en el mar, se descomponen por completo, sin liberar microplásticos en el proceso.

Este plástico biodegradable se presentó hace apenas un par de meses, por lo que aún no está disponible para su uso industrial. Pero, sin duda, el futuro debe avanzar por ese camino. 

Así, dentro de 500 años puede que haya periodistas e historiadores hablando del horror de las guerras, de las pandemias o de las catástrofes naturales del siglo XXI, pero no de los plásticos que desechamos y aún no han desaparecido. 

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