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El efecto poco conocido de los microplásticos marinos que va mucho más allá del océano

Algunos efectos de la acumulación de los microplásticos en los océanos son bastante conocidos, pero otros nos siguen sorprendiendo de una manera preocupante


¡Rápido, piensa en plásticos y océanos! Posiblemente hayas visibilizado bolsas de supermercado flotando en el mar, peces atrapados en aros de latas de refresco o aquella famosa imagen de un caballito de mar enredado en un bastoncillo para los oídos. Todos estos son ejemplos terribles de cuánto puede dañar la actividad humana los ecosistemas marinos. Sin embargo, el mayor peligro que supone el plástico en estos ambientes es el que no se ve. El de esos fragmentos diminutos que, de forma mucho menos evidente, afectan a la calidad del agua, la supervivencia de los seres que habitan en ella e incluso los niveles de carbono atmosféricos. Porque sí, según un estudio publicado recientemente, los microplásticos marinos pueden dificultar la capacidad de los océanos para absorber carbono de la atmósfera.

En general, los océanos son grandes sumideros de carbono. Lo atrapan y almacenan de dos formas distintas, conocidas como bombeo físico y bombeo biológico. El segundo, en concreto, es el más eficiente. Sin embargo, a medida que los microplásticos se almacenan en los océanos, este bombeo se va deteriorando poco a poco.

Por si eso no fuese suficiente, los propios microplásticos marinos son el hogar de un conjunto de microorganismos conocidos como plastisfera que liberan todavía más gases de efecto invernadero a la atmósfera. Se forma así un círculo vicioso que destruye a muchos niveles ese superpoder oceánico que mantiene nuestro planeta en equilibrio. ¿Lo malo? Que si no hacemos nada, irá a peor. ¿Lo bueno? Que hay muchas formas de solucionarlo, aunque solo sea en parte.

¿Cómo absorben el carbono los océanos?

El dióxido de carbono es uno de los principales gases de efecto invernadero. Es decir, contribuye a crear esa especie de capa densa que impide que los rayos solares que se reflejan desde la superficie terrestre se disipen en el espacio. Al contrario, buena parte de estos rebotan y vuelven de nuevo a la Tierra. El efecto invernadero es necesario. Si no fuese por él, nuestro planeta sería mucho más frío e inhóspito. El problema es que esa capa ya es extremadamente gruesa, de modo que el calentamiento está siendo demasiado elevado. 

Hay muchas acciones que suponen la liberación de gases de efecto invernadero, desde la flatulencia de una vaca hasta la descomposición de la materia orgánica por parte de microorganismos. Estos gases, especialmente el dióxido de carbono, se mantienen en un equilibrio adecuado gracias a que el planeta también cuenta con bombas de absorción de carbono. Y unas de ellas, como ya hemos adelantado, son los océanos

Estos pueden absorber y almacenar carbono mediante bombeo físico o biológico. El primero se produce cuando el dióxido de carbono atmosférico entra en contacto con la superficie marina, disolviéndose en el agua. Tanto el agua como el dióxido de carbono son compuestos químicos que reaccionan entre sí, dando lugar a otras formas de carbono que pasan a capas más profundas. Así, el carbono puede almacenarse en el fondo marino durante siglos. Es un proceso que ocurre de forma mucho más eficiente en aguas frías, por lo que su calentamiento no está siendo muy positivo en este aspecto. Ni en ninguno. El disfrute de los bañistas no cuenta. 

En cuanto al bombeo biológico, se produce cuando los microorganismos fotosintéticos que componen el fitoplancton llevan a cabo la fotosíntesis. Este es un proceso en el cual se libera oxígeno y se absorbe dióxido de carbono. Un win win. 

¿Qué pasa entonces con los microplásticos marinos?

Las bombas de carbono océanicas mantienen la atmósfera en equilibrio. O al menos lo hacían. Hoy en día no dan abasto. Tienen que absorber tanto carbono que su acumulación en el mar está contribuyendo a su acidificación. Algo que, lógicamente, no es bueno. Además, incluso así, siguen quedando demasiados gases de efecto invernadero en la atmósfera. 

Por si todo esto no fuese suficientemente malo, tenemos el problema de los microplásticos marinos. Un estudio reciente, publicado por científicos de la Universidad de Sharjah, en los Emiratos Árabes Unidos, demuestra que estos fragmentos diminutos de plástico complican el equilibrio del carbono en los océanos a muchos niveles.

Para empezar, afectan al metabolismo del fitoplancton. Dicho muy resumidamente, impiden que lleven a cabo correctamente la fotosíntesis. ¿Resultado? Se absorbe y almacena menos carbono. Por otro lado, la propia descomposición del plástico libera más carbono. Recordemos que es su componente principal. Y, por último, tenemos el problema de la plastisfera. El metabolismo de los microorganismos que viven sobre la superficie de los microplásticos es muy distinto al del fitoplancton. Ellos no absorben gases de efecto invernadero, sino que los liberan. 


Evolución de las emisiones de microplásticos marinos en los océanos
Evolución de las emisiones de microplásticos marinos. Crédito: Our World in Data

Por lo tanto, tenemos a los principales captadores de carbono deteriorados, mientras que otros microorganismos y la propia degradación del plástico liberan más gases de efecto invernadero. Todo lo contrario a un win win.

¿Qué podemos hacer?

La solución al problema parece evidente. Utilizar menos plástico. Más allá de eso, para evitar la liberación de microplásticos marinos, hay un lugar muy importante en el que deberíamos poner más atención: la lavadora. Cuando lavamos ropa compuesta por fibras sintéticas, pequeñas partículas de estas se liberan y llegan a los océanos a través de los sistemas de desagüe. Es poco, es cierto, pero ¿cuántas lavadoras ponemos en un año? ¿Cuántas personas ponen lavadoras en todo el mundo?

Se calcula que aproximadamente el 35 % de los microplásticos primarios que se liberan al mar viene de las lavadoras. Eso supone unos 5,69 millones de toneladas al año. Cuando hablamos de microplásticos primarios hacemos referencia a aquellos que ya se liberan en forma de microplásticos. Los secundarios son los que se forman cuando las piezas de plástico más grandes se descomponen después de desecharse. Por ejemplo, una vez que han llegado al mar.

Hay algunos trucos que podemos llevar a cabo desde casa para reducir estas emisiones. Por ejemplo, lavar la ropa solo cuando sea necesario, evitar las fibras sintéticas o lavar mayormente con agua fría. Si el agua es caliente, se desprenden más microplásticos. También es recomendable llenar la lavadora lo justo. Si va muy vacía o excesivamente llena, las prendas se rozan más y es más fácil que se liberen microplásticos. En ese sentido, también es interesante abrochar las cremalleras y los botones de la ropa, pues así también habrá menos roces. Finalmente, hay que mantener limpio el filtro de la lavadora y, si es posible, usar uno especial para que no se liberen tantos microplásticos. 

Los microplásticos marinos no se combaten solo desde casa

Como consumidores podemos poner nuestro granito de arena, pero está claro que son las grandes instituciones y compañías las que deben regular y tomar medidas para disminuir la liberación de plásticos y microplásticos marinos al ambiente

Dicho esto, aunque prevenir es una gran medida, a veces no queda más remedio que limpiar los microplásticos que ya están en el mar. Para eso, la ciencia ha avanzado mucho en los últimos años, con medidas muy interesantes. 

Por ejemplo, existen boyas diseñadas para filtrar el agua y absorber los microplásticos, que luego pueden retirarse y desecharse adecuadamente. Es el caso de YUNA, una boya diseñada por estudiantes de la Universidad de Valencia. Consta de tamices de distintos tamaños, de modo que se absorben partículas de microplásticos más o menos grandes. También añade filtros de carbón activo para aumentar su eficiencia. Su diseño está inspirado en el pez luna, ya que tiene una gran capacidad para adaptarse a los flujos de marea. 

Hablando de peces, recientemente ha sido la presentación en sociedad de Gillbert, un pez robótico, diseñado por científicos de la Universidad de Surrey, que tiene la capacidad de succionar microplásticos, tanto en ríos como en océanos. 

CLAIM: Cuatro herramientas para mantener a raya los microplásticos

No podemos hablar de herramientas para limpiar los microplásticos de los ecosistemas acuáticos sin una importante mención al proyecto CLAIM. Se trata de un proyecto enmarcado en la Acción de Innovación Horizon 2020, en el que participaron 21 socios de 13 países de la Unión Europea, Túnez y Líbano. Durante 4,5 años, se logró desarrollar 4 herramientas que ayudan a evitar la acumulación de microplásticos marinos a niveles muy diferentes. 

  • Un sistema de filtrado automatizado y autolimpiante de bajo coste para microplásticos, para su instalación en las plantas de aguas residuales.
  • Un sistema capaz de acelerar la degradación por el sol y descomponer microplásticos en elementos inofensivos.
  • Una barrera flotante que almacena y retiene la basura de origen plástico en las desembocaduras de los ríos, evitando que vayan al mar.
  • Una herramienta que se encarga de transformar la basura marina sólida en un gas combustible. No solo se descomponen los plásticos, sino que se hace de forma controlada, para que no se conviertan en microplásticos, y se obtiene un producto útil. ¿Qué más se puede pedir?

Todas estas herramientas contribuyen a retirar de formas muy diferentes los microplásticos marinos. Pero es importante hacerlo rápido para que la Tierra no se asfixie en una nube de dióxido de carbono. Como consumidores no podemos lanzar un pez robótico al océano, pero sí podemos intentar usar menos plásticos y, sobre todo, seguir los consejos que hemos visto con respecto a las lavadoras. Es un punto magnífico por el que empezar.

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