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La biodiversidad en las áreas urbanas es, a menudo, una gran olvidada. Nos preocupamos, o al menos deberíamos, de las ballenas afectadas por la contaminación por plásticos o de los linces ibéricos, cuya población está aumentando gracias a los ingentes esfuerzos de muchos científicos y activistas por su conservación. Pero no pensamos tanto en el gorrión que se apoya en el alféizar de nuestra ventana o en las hormigas que bullen entre nuestros pies cuando paseamos por la calle. Nos preocupa la deforestación, pero no parece importarnos la carencia de zonas verdes en algunas ciudades. Los bosques, las ballenas y los linces son muy importantes y necesitan nuestra atención, pero también es importante que nos fijemos en lo que tenemos a nuestro alrededor.
Los animales, las plantas y los microorganismos que viven en las ciudades tienen un papel muy importante en ellas. Componen ecosistemas que son esenciales para nuestra salud física y mental, ayudan a mitigar los efectos del cambio climático e incluso intervienen en la obtención de alimentos. Por eso, y porque muchos de ellos estaban ahí antes que nosotros, es importante que fomentemos la conservación de esas especies y la estabilidad de dichos ecosistemas.
Por supuesto, son las autoridades locales las que más capacidad tienen para promover esta conservación, pero nosotros también podemos poner nuestro granito de arena. Cada pequeña acción cuenta.
¿Cómo ayuda la biodiversidad en las áreas urbanas a cuidar nuestra salud?
Para algunas personas, su único contacto con la naturaleza la mayor parte de sus vidas es el que pueden tener con las zonas verdes de las ciudades. Este es un contacto importante, tanto para la salud física como para la mental y ocurre a muchos niveles.
Para empezar, las plantas contribuyen a limpiar el aire contaminado por las emisiones del transporte y la actividad industrial. Esto es así porque, durante la fotosíntesis, necesitan dióxido de carbono y agua para obtener la materia orgánica para su propia subsistencia. En este proceso, además, liberan oxígeno. Por lo tanto, absorben el dióxido de carbono, que es perjudicial para nuestra salud y para el clima, y liberan oxígeno, que es beneficioso. Esto ocurre con cualquier planta; pero, lógicamente, cuanto más grande sea, mejor. Por eso, es especialmente necesaria la presencia de árboles.

Pero eso no es todo. Las plantas son capaces de absorber otras sustancias contaminantes, como el monóxido de carbono, el ozono, el dióxido de azufre o el óxido de nitrógeno. Incluso las partículas en suspensión de bajo peso molecular, muy peligrosas para la salud por su capacidad para penetrar fácilmente en los pulmones, pueden depositarse en las hojas, bajando así sus concentraciones en el aire.
Por otro lado, cuanto más diversa sea la flora y la fauna de un lugar, más diversa es también su microbiota. Estar en contacto con una amplia variedad de microorganismos ayuda a regular el sistema inmunitario, por lo que es otra de las vías por las que la biodiversidad de las áreas urbanas contribuye a cuidar nuestra salud.
Finalmente, no podemos olvidar la salud mental. Existen numerosos estudios que demuestran que el contacto con la naturaleza ayuda a reducir el estrés y la ansiedad e incluso contribuye a reducir los síntomas de la depresión. Esto es aplicable a zonas rurales, pero también a las ciudades. De hecho, recientemente se publicó un estudio en el que se demostraba que los bosques urbanos representan una gran mejora del bienestar mental, especialmente entre los adultos jóvenes.
¿Cómo pueden ayudar las zonas verdes a mitigar el cambio climático y sus efectos?
La vegetación en las ciudades puede ayudar a mitigar el cambio climático principalmente de dos formas. Por un lado, ya hemos visto que contribuyen a retirar de la atmósfera algunos gases de efecto invernadero relacionados con el calentamiento global. Y, por otro, los árboles más grandes dan sombra, con lo que ayudan a reducir la temperatura en las conocidas como islas de calor. Estas son áreas urbanas de muchas construcciones que son más calientes que las áreas rurales cercanas. Esto se debe, sobre todo, a la actividad industrial, el transporte, la presencia de asfalto e incluso los coches aparcados. Por todo esto, la temperatura media anual del aire en una ciudad de 1 millón de personas o más puede ser entre 1 ºC y 12 °C más alta que en las áreas rurales circundantes.
Se calcula que, en total, los árboles pueden contribuir a reducir la temperatura de las ciudades hasta en 12 ºC, por lo que ese aumento estaría prácticamente compensado.
¿Es cierto que la biodiversidad en las áreas urbanas fomenta la producción alimentaria?
Nuestra capacidad para obtener alimentos, especialmente vegetales, la hemos tomado prestada de la naturaleza. Por eso, si permitimos que se deterioren los ecosistemas en nuestras ciudades estaremos, en parte, destruyendo también nuestra capacidad de obtener alimentos en ellas. Es cierto que la mayor parte de la producción alimentaria se obtiene en zonas rurales, pero los huertos urbanos pueden ayudarnos a abastecernos de una forma muy sostenible. Y para eso tenemos que entender que hay insectos y aves que nos ayudan con la polinización o que la presencia de otras plantas, no solo las productoras de alimentos, contribuye a fortalecer el suelo, ahuyentar plagas o atraer aún más polinizadores. Todo depende de las plantas que se siembren.
Por eso, la biodiversidad en las áreas urbanas también nos ayuda a tener autosuficiencia y utilizar nuestro propio huerto.
¿Cómo se puede fomentar la biodiversidad en las áreas urbanas?
Ya hemos visto todos los motivos por los que es tan importante fomentar la biodiversidad en las áreas urbanas. Ahora bien, ¿cómo podemos fomentarla cada uno desde nuestras posibilidades? Hay muchísimos métodos, pero estos son algunos de los más interesantes, tanto para nosotros como para las autoridades locales.
- Aumentar la complejidad vegetal: tradicionalmente, muchos parques y jardines en zonas urbanas se han cubierto de césped para darles un buen toque de verde natural. Esto puede parecer suficiente, pero la realidad es que, si queremos mantener una biodiversidad equilibrada, se necesitan más plantas. Por ejemplo, se ha visto que añadir capas de arbustos y sotobosques junto a áreas de agua modestas se correlaciona con una mayor riqueza y presencia de aves urbanas. Solo en España, aproximadamente el 10 % de las aves viven en ciudades, por lo que son una pieza clave de la biodiversidad urbana.
- Crear paisajismo adecuado para la zona: tanto los ayuntamientos para las zonas verdes de las ciudades, como nosotros mismos si tenemos un jardín, podemos fomentar la biodiversidad en las áreas urbanas informándonos sobre las plantas autóctonas de cada región. Esto da homogeneidad al paisaje y, además, previene la introducción de especies invasoras, que pueden competir con las autóctonas, desplazándolas y afectando seriamente a la biodiversidad de la ciudad. También es importante racionalizar las podas, de modo que los árboles sigan siendo seguros para las personas, pero no se altere su papel en los ecosistemas.
- Crear corredores verdes: los ayuntamientos también pueden crear estos pasillos que conectan espacios verdes aislados. Así, se promueve el movimiento de la fauna y se mantiene la diversidad genética. Algunos ejemplos son los parques lineales, las calles arboladas y las vías fluviales.
- Instalar tejados y muros verdes: Esto permite introducir las zonas verdes ya no solo en el suelo, sino también en los edificios. Así, se aumenta el espacio disponible para aves e insectos, de manera que la biodiversidad esté mucho más conectada con las ciudades.
- Reducir la contaminación lumínica. Si las ciudades están excesivamente iluminadas por la noche, se pueden alterar nuestros propios ritmos circadianos, pero también los de la fauna que habita en ellas. Las aves que se orientan con la Luna, por ejemplo, pueden confundirse con las farolas y perderse o acabar chocándose con los edificios por deslumbramiento. También pasa algo parecido con los insectos, que acaban volando confundidos alrededor de las luminarias hasta caer desfallecidos o achicharrarse. Si los insectos no están donde deben estar, se altera la polinización. Y, por si fuera poco, los animales con hábitos nocturnos se confunden y toda su actividad se ve alterada, causándoles un gran estrés.
- Instalar protecciones en las ventanas para que los pájaros no choquen: Desde Cornell Lab aconsejan trucos como crear patrones en la parte externa de la ventana con pintura al temple o jabón. También se pueden colocar calcomanías, cinta adhesiva o mosquiteras. Si queremos algo más específico, existen pantallas que hacen que las personas en el interior del edificio vean las ventanas totalmente transparentes, pero desde fuera parezcan opacas. Eso no solo nos protege de vecinos curiosos, sino que también impide que los pájaros se lancen hacia las ventanas con curiosidad por algo que hayan visto en el interior. Es un win win.
Bonus: Aprender, aprender y aprender
No podemos luchar por algo que no sabemos que existe. Como ciudadanos solo podemos hacer algunos pequeños gestos para promover la biodiversidad en las ciudades, pero también podemos empujar para que las autoridades hagan acciones más grandes. No lo haremos si no conocemos el problema. Por eso, es importante, por ejemplo, acudir a actividades de ciencia ciudadana en las que se informa a la población sobre la biodiversidad en las áreas urbanas y se le enseña cómo protegerla. Hay actividades de censado de aves, de observación de insectos o de información sobre especies invasoras, por ejemplo. Algo tan simple como visitar un jardín botánico o utilizar una aplicación para detectar las aves por el sonido de su canto puede ser muy útil para que seamos constantes de la naturaleza que nos rodea y entendamos la importancia de cuidarla.
Un buen ejemplo de estas aplicaciones es Merlin Bird. Esta nos permite reconocer aves mediante su canto o a través de una foto. Conforme las vas encontrando, las vas guardando en una lista para que puedas consultarlas en cualquier momento. Además, cada día tienes como reto encontrar a un ave autóctona de la zona en la que vives. Si alguna vez jugaste a cazar pokémons en el Pokemon Go, se siente muy parecido a eso.
Y es que cuidar de la biodiversidad de nuestras ciudades no solo es un deber. También puede llegar a ser muy divertido.


