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Del pigmento tóxico al arte sostenible, ¡cómo cambia la historia!

El arte necesita ser más ecológico en materiales, transporte, energía, conservación, exposición y residuos


Siempre hemos sabido que las obras están hechas de materia, de polvo finísimo, de pigmentos brillantes, barnices, materiales que durante años pensamos que eran inofensivos, pero que ahora sabemos que la mayoría son tóxicos, peligrosos y contaminantes. Justo en este momento que somos conscientes de su impacto el arte sostenible comienza a colarse en las galerías, cuestionando de qué están hechas las obras, qué impacto generan y cómo el arte está evolucionando del pigmento tóxico a una forma de crear más consciente y responsable. Hablamos de arte sostenible.

Lo interesante de esta transformación es que no aparece de golpe, el arte sostenible se va gestando lentamente, ese recorrido desde la Antigüedad hasta el presente, explica por qué hoy hablamos de arte sostenible como algo más que una etiqueta.

¿Qué es el arte sostenible?

Arte sostenible no es solo hablar, denunciar o representar la situación que el Planeta sufre en temas de sostenibilidad, va mucho más allá, el arte sostenible se cuestiona y plantea opciones más ecológicas sobre materiales, transporte, energía que se consume, conservación, exposición, residuos que genera y qué pasa cuando la exposición finaliza.

Para aterrizarlo, conviene distinguir tres ideas que se suelen mezclar a menudo:

  1. Arte ecológico o ecoarte suele centrarse en temas ambientales y en la relación con la naturaleza, el territorio, la crisis climática o la biodiversidad
  2. Arte ambiental pone el foco en el lugar, el paisaje y la experiencia del entorno, a veces creando obras directamente fuera del museo
  3. Arte sostenible intenta unir tanto el discurso como la práctica, es decir, contenido con coherencia material y logística

Durante siglos el color más deseado venía de pigmentos tóxicos

¿Sabías que el arte también deja huella?. A veces de forma literal, durante siglos el color más se obtenía de pigmentos tóxicos, y hoy muchas obras viajan por el mundo en cajas con control ambiental mientras museos enteros gastan energía para mantener la temperatura y humedad estables. No es una acusación, es una pregunta curiosa y bastante actual, ¿puede el arte, desde lo que creamos, compramos y disfrutamos, ser sostenible sin perder su magia?

Museos y organizaciones culturales han empezado a tratar la sostenibilidad como parte de su funcionamiento, no solo como temática de exposición. En el congreso del IIC en Hong Kong y en la conferencia del ICOM-CC en Melbourne en septiembre de 2014 se acordó la declaración sobre las directrices ambientales en museos. Esta declaración habla de reducir la huella de carbono, repensar la climatización y priorizar soluciones de menor consumo energético.

Cuando el arte no era inocuo, la belleza tóxica del color

La historia del arte no solo se ha escrito con talento, sino también con sustancias tóxicas que hoy consideraríamos peligrosas. Durante siglos, la búsqueda del color perfecto llevó a la humanidad a convivir con venenos camuflados en la moda, la arquitectura y el arte.

El resplandor del blanco de plomo

El blanco de plomo (carbonato básico de plomo) fue, durante milenios, el equivalente de pureza en la pintura europea por su opacidad y su capacidad para acelerar el secado del óleo.

Este pigmento también se usó en cosmética, la reina Isabel I de Inglaterra y la aristocracia de la época usaban este color para dar a la piel un aspecto de porcelana, sin saber que este maquillaje corroía la piel, provocaba llagas y pérdida de pelo, además del envenenamiento progresivo hasta destruir los órganos internos de quienes lo usaban.

El fuego eterno del bermellón

El bermellón, un rojo vibrante derivado del cinabrio (sulfuro de mercurio), desde siempre se ha identificado este color con el poder y la inmortalidad usado por reyes para perpetuar su imagen sin saber que el mercurio es un metal muy peligroso.

En la antigua China, el primer emperador Qin Shi Huang no solo decoró su mundo con este pigmento, sino que incluso consumía mercurio creyendo que le otorgarían la vida eterna. La ironía de la historia es que el mismo pigmento que debía inmortalizarlo terminó por precipitar su muerte, dejándolo custodiado por un ejército de terracota en una tumba que, según la leyenda, aún fluye con ríos de mercurio líquido.

La trampa mortal del verde esmeralda

Los verdes del siglo XIX, como el Emerald Green (arsenito de cobre), representan quizás el capítulo más irónico de la historia del color. Eran pigmentos tan brillantes que decoraron las paredes de los salones más elegantes de la época victoriana. Sin embargo, en ambientes húmedos, este color liberaba gases de arsénico altamente tóxicos.

Se cree que este fue el verdugo invisible de Napoleón Bonaparte durante su exilio en Santa Elena; el aire de su habitación, impregnado por el vapor del papel tapiz verde, pudo haber sido lo que finalmente deterioró su salud.

Este color también se usó en literatura, hoy en día existe un proyecto llamado «The Poison Book Project» de la Universidad de Delawere donde han descubierto que miles de libros de la era victoriana (siglo XIX) tienen cubiertas de tela teñidas con Verde Esmeralda.

Tabla de pigmentos tóxicos usados en arte

PigmentoComponente TóxicoUso Histórico PrincipalPersonaje o Dato CuriosoSíntomas de Intoxicación
Blanco de PlomoCarbonato de plomoMaquillaje de la nobleza y bases para pintura al óleo.Isabel I de Inglaterra; su piel se volvió gris por el saturnismo.Pérdida de dientes, parálisis, fatiga extrema y «línea de Burton» (línea azul en encías).
Verde EsmeraldaArsenito de CobrePapel tapiz, flores artificiales y vestidos victorianos.Napoleón Bonaparte; se cree que murió por el gas de arsénico en su habitación.Dolores de estómago, aliento con olor a ajo, lesiones cutáneas y fallo orgánico.
BermellónSulfuro de MercurioManuscritos iluminados, frescos y elixires chinos.Qin Shi Huang; lo consumía en pastillas buscando la inmortalidad.Temblores, pérdida de memoria, paranoia extrema («locura del sombrerero»).
Amarillo de UranioÓxido de UranioCerámica «Fiestaware» y cristalería fluorescente.Muy popular en vajillas de EE.UU. hasta la Segunda Guerra Mundial.Exposición a radiación alfa; riesgo incrementado de cáncer de boca y pulmón.
Oropimente (Amarillo)Trisulfuro de ArsénicoPintura egipcia y alquimia medieval (para imitar el oro).Se usaba en las puntas de flechas para envenenar enemigos en Asia.Náuseas, vómitos y neuropatía periférica (hormigueo y pérdida de sensibilidad).
Negro de MarfilFosfato de Calcio (y restos de carbono)Pintura artística y acabados de lujo.Originalmente se obtenía quemando huesos y colmillos de elefante.Aunque el pigmento es menos tóxico, su producción era insalubre por los vapores óseos.

Residuos, disolventes y procesos invisibles

A los pigmentos antes mencionados se suman los tóxicos “invisibles” del taller como disolventes, limpiadores, barnices, sprays, fijadores, baños químicos en fotografía analógica, adhesivos, resinas, espumas y plásticos para montaje. Muchos de esos materiales no se perciben en la obra terminada, pero condicionan su impacto ambiental.

Actualmente en la práctica esta parte importa casi tanto como el mensaje. No es raro que guías del sector insistan en reducir residuos, revisar materiales, sustituir productos y mejorar la eficiencia energética en conservación y exhibición de arte.

¿Desde cuándo el arte empieza a cuestionarse su impacto?

Llegar a plantearse si el arte generaba impacto no fue de un día para otro, más bien fue un proceso lento, a medida que va creciendo la conciencia ambiental en el siglo XX, el arte incorpora de forma gradual el mensaje, la eliminación de los residuos y la crítica a los materiales como parte del lenguaje.

Siglo XX conciencia ambiental y ruptura artística

En los años sesenta y setenta comienzan a aparecer nuevos conceptos del arte como el Land Art y los grandes earthworks (usar el propio paisaje y materiales como tierra, rocas y agua para crear esculturas monumentales), este nuevo movimiento pone las obras fuera del museo y obligan a mirar el lugar como parte del sentido.

Un icono es Spiral Jetty de Robert Smithson, construida en 1970 con roca basáltica, tierra y sal en el Gran Lago Salado de Utah. La obra se concibe para convivir con cambios de agua, luz y condiciones atmosféricas, casi como si el entorno fuese un coautor.

Spiral Jetty de Robert Smithson arte sostenible
Foto de ARCO Madrid

Este tipo de obra abre una tensión que todavía seguimos discutiendo. La intervención puede ser “natural” en apariencia, pero también implica desplazamientos, maquinaria pesada para crearla, impacto de los visitantes y presión sobre el lugar y ecosistema. En otras palabras, la estética del paisaje no garantiza un bajo impacto y por tanto en ocasiones no se puede considerar arte sostenible.

Del gesto simbólico a la preocupación real

Si queremos que el arte sea sostenible de verdad, no solo es necesario denunciar la crisis ecológica, hay que pasar a la acción y revisar todo el proceso que implica crear y disfrutar del arte.

Este es el caso de la Gallery Climate Coalition, unión sin ánimo de lucro fundada en 2020 en Reino Unido por galeristas y profesionales del sector, desde la cual trabajan explícitamente con objetivos de reducción de emisiones en el sector, y publican recursos prácticos, calculadoras y guías para artistas y organizaciones.

El auge del arte sostenible y ecológico

Si tuviéramos que poner una fecha exacta al “nacimiento” del arte sostenible, no acertaríamos porque no hay una fecha concreta. Lo que sí podemos decir es que en las últimas décadas se consolida como tendencia global porque encaja con tres movimientos a la vez

  1. El auge de la economía circular y la crítica a la cultura del usar y tirar
  2. La presión social y regulatoria por reducir impactos ambientales
  3. La evolución del propio mundo del arte hacia prácticas más transparentes

Instituciones internacionales como UNESCO llevan años trabajando el papel de la cultura en el desarrollo sostenible y en cómo medir su impacto de manera integrada.

Nuevos materiales, nuevas preguntas

En el día a día del taller de arte, hablar de sostenibilidad no es algo abstracto. Son decisiones muy prácticas y en cierta medida bastante sencillas de realizar para lograr que cada obra genere el menor impacto posible.

  1. Cambiar disolventes agresivos por opciones menos tóxicas cuando se pueda
  2. Elegir soportes reciclados o con certificación responsable
  3. Reducir plásticos y materiales de un solo uso en el montaje
  4. Diseñar obras que ocupen menos volumen y necesiten menos embalaje al viajar
  5. Seleccionar pigmentos y productos con información clara sobre su composición y seguridad

También conviene matizar algo importante, no todos los materiales funcionan igual, algunos compuestos pueden ser más estables y seguros cuando están encapsulados en un pigmento que cuando se manipulan en polvo. El riesgo depende mucho de cómo se usan y cómo se gestionan los residuos. Por eso las fichas técnicas y una eliminación adecuada son parte esencial de una práctica artística responsable.

Iniciativas y prácticas actuales que marcan tendencia

La parte más interesante del momento actual es que el arte sostenible ya no depende solo de la voluntad individual del autor de la obra, hay comunidades dentro del mundo del arte, herramientas y proyectos que lo convierten en metodología y «recomiendan» a los artistas con los que trabajan el uso de materiales y técnicas más sostenibles.

Artistas y proyectos que destacan

A nivel internacional, organizaciones como Julie’s Bicycle llevan años movilizando al sector cultural para pasar del mensaje a la acción, combinando conocimiento ambiental con asesoría práctica para instituciones y creadores.

El circuito del arte también se está movilizando, poniendo el foco en algo muy concreto como es la huella de carbono de ferias y exposiciones. De hecho, hay compromisos públicos para reducir emisiones en este ecosistema, donde viajes y transporte suelen ser parte importante del impacto.

España arte sostenible y nuevas narrativas

En España hay una escena especialmente potente cuando se cruza creatividad con residuos y espacio urbano.

Un nombre clave es Basurama, nacido en la Escuela de Arquitectura de Madrid, ellos mismos se presentan en su web con este argumento:

Basurama es un colectivo dedicado a la investigación, creación y producción cultural y medioambiental fundado en 2001 que ha centrado su área de estudio y actuación en los procesos productivos, la generación de desechos que éstos implican y las posibilidades creativas que suscitan estas coyunturas contemporáneas.

Basurama ha desarrollado proyectos que convierten desechos en infraestructuras lúdicas, instalaciones y mobiliario en el espacio público. En su web puedes ver proyectos recientes en Madrid y otras ciudades, su enfoque conecta muy bien con la pregunta, ¿qué hacemos con lo que tiramos?

Otro ejemplo es El Museo Reina Sofía, ha organizado encuentros sobre medio ambiente en museos y tecnologías sostenibles para la preservación, un tema que suele pasar desapercibido y que, sin embargo, marca enormes consumos energéticos en climatización y conservación.

Tabla de evolución del arte y su relación con el impacto

Para entender mejor cómo ha cambiado la relación entre arte y sostenibilidad, conviene mirar el recorrido con perspectiva histórica. No se trata solo de estilos o movimientos, sino de materiales, procesos y niveles de conciencia sobre su impacto.

Esta infografía resume de forma clara cómo han evolucionado esas tres dimensiones a lo largo del tiempo y por qué hoy hablamos de arte sostenible en términos mucho más amplios que hace unas décadas.

infografía arte sostenible evolución de pigmentos en el arte

Crear también es elegir

El arte no solo representa el mundo, también lo usa. Usa pigmentos, energía, logística, espacio, tiempo, trabajo humano. Durante siglos, la creatividad se alimentó de una química que hoy sabemos que era peligrosa por si toxicidad, y de un modelo de producción donde el residuo no tenía importancia.

Lo interesante del arte sostenible es que no le pide al arte que sea perfecto. Le pide que sea consciente, que reduzca lo innecesario y que asuma que cada decisión material cuenta. En un planeta con límites, la belleza también puede ser una forma de responsabilidad informada, sin moralina y sin postureo, simplemente con mejores elecciones y con la honestidad de mostrar el proceso.

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