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¿Tienes placas solares y aún así sigues pagando luz cada mes? si esta situación te suena sigue leyendo.
Te levantas un día cualquiera, miras la app asociada a tus placas solares y ahí está el dato que te hace borrar la sonrisa de tu cara. Ayer generaste más energía de la que consumiste. Sin embargo, la factura de luz del mes vuelve a subir. No mucho, pero lo suficiente como para sentir que algo no va bien.
Esta escena es cada vez más cotidiana en viviendas que han optado por el autoconsumo en España. El problema no es técnico, las placas funcionan correctamente, el problema es otro, no tan obvio y sí más frustrante. La energía se produce cuando no estás en casa y se consume cuando el sol ya se ha ido. En este punto es donde empieza a tener sentido hablar de energy sharing.
El problema real son los horarios, excedentes y esa sensación de… “se me escapa energía”
En la mayoría de los hogares la mayor parte de la energía se consume por la mañana temprano cuando nos preparamos para el cole o el trabajo y por la tarde/noche cuando llegamos todos a casa. Es justo en esos momentos cuando la producción de energía solar es más baja o inexistente. Durante el resto del día las placas trabajan a pleno rendimiento mientras la casa está vacía.
Lo que ocurre con este desfase de generación y consumo es que los excedentes de electricidad que generas mientras no estás en casa se vierten a la red a un precio bajo y tú los recompras horas después cuando los necesitas, a un precio mucho más alto. La Comisión Europea reconoce este desajuste como una de las principales barreras del autoconsumo residencial eficiente, ya se está trabajando en dispositivos de almacenaje de electricidad (smart grids) para hogares o negocios, pero aún no están muy desarrollado.
En la siguiente imagen puedes ver las franjas horarias con el precio de la luz indicado a lo largo del día, como se aprecia, de las 00:00 a 9:00 h y de 21:00 a 23:59 h es el tramo del día con el precio más bajo de electricidad, justo cuando menos consumo generamos.

Hay un «plan B», compartir lo que sobra
Ahora imagina un nuevo escenario, toda esa energía que generas y no consumes durante las horas de más luz que no estás en casa, no se pierden ni se vende barata, se transfiere a tu vecino que trabaja desde casa, a la cafetería de la esquina, la librería o alimenta las instalaciones del edificio comunitario.
Esta es la base del energy sharing, pasar de un modelo de generación y consumo individual y rígido a uno compartido, flexible y local. Y lo más interesante es que ya no es teoría ni un supuesto futuro lejano, es una tendencia regulada y que ya está en marcha en España.
¿Qué es energía compartida o energy sharing?
El energy sharing es un modelo en el que varias personas o edificios comparten la energía renovable generada localmente, optimizando su uso y reduciendo costes sin necesidad de grandes infraestructuras adicionales.
No se trata solo de placas solares. Se trata de cómo se reparte y se aprovecha esa energía en tiempo real o casi real.
Energy sharing vs autoconsumo individual vs autoconsumo colectivo o compartido
- El autoconsumo individual es sencillo. Produces y consumes tú mismo tu electricidad. Funciona bien si tus hábitos coinciden con las horas de sol, cosa que es poco habitual, al menos en nuestro país.
- El autoconsumo colectivo permite que varios consumidores se beneficien de una instalación común, como ocurre en comunidades de vecinos. El reparto suele ser fijo y predefinido.
- El energy sharing, este modelo va un paso más allá. Introduce flexibilidad, acuerdos dinámicos y, en algunos casos, plataformas digitales que ajustan el reparto según quién necesita la energía en cada momento. Mucho más eficiente.
Proyectos europeos ya muestran ahorros adicionales de entre un 10 y un 25 % frente al autoconsumo colectivo clásico.
Gracias al proyecto BeFlexible, financiado con fondos europeos, se ha podido potenciar y mejorar una herramienta ya desarrollada por el equipo portugués DigitalCer, llamada RECreation que ayuda a potenciar y gestionar las comunidades de energías renovables (REC).
Este proyecto ya está en marcha con pilotos en diferentes países, entre ellos España, donde se han integrado en ciudades como Madrid, Benidorm o Bilbao

¿En qué consiste el intercambio de energía?
Cuando hablamos de que la electricidad de comparte o intercambia nos referimos a que se comparten son kilovatios hora generados, los derechos de reparto y las compensaciones económicas asociadas a esa energía.
En la práctica, gracias a los contadores inteligentes se puede medir quién produce y quién consume más o menos energía y según esos datos se hace el reparto de energía acordado previamente y la liquidación económica.
En caso de que la generación de energía por las placas solares no supere el consumo interno de los vecinos del edificio, se tendrá que comprar electricidad a la red general, gracias al contador inteligente y los datos de consumo de cada vecino se podrá repercutir el importe de gasto según consumo. Con esta solución nadie pierde.
Qué NO es
El energy sharing no se trata de regalar electricidad sin reglas, tampoco es piratear la red ni hacer magia legal, ni implica que alguien se quede sin suministro.
Todo el intercambio se apoya en el sistema eléctrico existente y en contratos claros entre los participantes, algo que la normativa española ya contempla.
¿Cómo funciona el reparto de energía en la práctica?
En la práctica, el reparto de energía se basa en decidir cómo se distribuye la electricidad generada entre los distintos participantes. Esa decisión puede hacerse de dos formas principales: mediante un reparto estático o un reparto dinámico.
- El reparto estático es el modelo más sencillo y el más utilizado en la actualidad. Funciona asignando a cada participante un porcentaje fijo de la energía producida, independientemente de cuándo la consuma. Ese reparto se define de antemano y se mantiene estable en el tiempo. Por ejemplo, en una comunidad energética formada por cuatro viviendas, cada una puede tener asignado un 25 % de la producción solar. Da igual si una vivienda está vacía durante el día y otra consume más, la energía se reparte siempre según esos porcentajes pactados.
Este sistema es fácil de gestionar y aporta seguridad, pero no siempre aprovecha la energía de la forma más eficiente, ya que no tiene en cuenta los hábitos reales de consumo de cada usuario.
- El reparto dinámico, este tipo de reparto ajusta la distribución de la energía en función del consumo real en cada momento. La electricidad se dirige prioritariamente a quien la necesita en ese instante, y solo el excedente se reparte entre el resto o se vierte a la red. Aquí la tecnología juega un papel clave, ya que se apoya en contadores inteligentes y sistemas de gestión energética capaces de analizar datos en tiempo real.
Un ejemplo sencillo sería un pequeño polígono industrial con varias empresas. Durante la mañana, unas naves consumen mucha energía y absorben la mayor parte de la producción solar. Por la tarde, cuando su actividad baja, esa misma energía se reparte entre otras empresas o servicios que siguen funcionando. El resultado es un uso mucho más eficiente de la energía renovable generada.
En resumen, mientras el reparto estático prioriza la simplicidad y la estabilidad, el reparto dinámico busca maximizar el aprovechamiento real de la energía compartida, adaptándose a los hábitos de consumo. Ambos modelos conviven hoy dentro del energy sharing, y la elección entre uno u otro depende del contexto, del número de participantes y del grado de digitalización del sistema energético.
Compensación de excedentes, qué es y cómo encaja con el energy sharing
La compensación de excedentes es el proceso que permite dar salida a la energía renovable que no se consume en el momento justo que se produce. Cuando las placas solares generan más electricidad de la que se utiliza en ese momento, el excedente se vuelca a la red y se genera un descuento en la factura de electricidad.
Hay que tener en cuenta que no se vende energía, lo que sucede es que se resta euros al consumo que se ha hecho de la red, por lo que la factura puede reducirse mucho, pero nunca llegará a generar un ingreso directo, por este motivo es mejor compartir que compensar, veamos más.
La factura puede reducirse mucho, pero nunca generar un ingreso directo
Dentro del energy sharing, la compensación de excedente de energía tiene un papel muy concreto, actúa solo cuando ya no hay nadie con quien compartir esa energía. El objetivo principal del intercambio de energía es que la electricidad renovable se consuma localmente, entre los participantes. Cuanta más energía se comparte y se utiliza en el propio entorno, mayor es el ahorro real, ya que se evita comprar electricidad a la red, que siempre va a ser más cara que la compensación.
Por eso, siempre es mejor compartir que compensar. Si la energía generada puede cubrir las necesidades de los vecinos, negocios o servicios comunitarios en ese momento, el beneficio es mayor, porque esa electricidad se aprovecha al 100 % de su valor. Compartir significa reducir directamente la dependencia de la red y maximizar el impacto económico y ambiental de la instalación.
La compensación, en cambio, resulta útil cuando no es posible compartir más. Por ejemplo, en horas de baja actividad o cuando el consumo del conjunto ya está cubierto. En ese caso, verter el excedente a la red y compensarlo en factura es la mejor opción, ya que evita perder esa energía y mejora la rentabilidad del sistema.
¿Qué son las comunidades energéticas?
Ahora vamos a ampliar un poco el concepto para que puedas hacerte idea de hasta dónde puede llegar el desarrollo del energy sharing, vamos a saltar de edificios o entornos reducidos a todo un territorio, para ello hemos de hablar de las comunidades energéticas.
Las comunidades energéticas son una forma organizada de producir, compartir y gestionar energía renovable a escala local, con un objetivo que va más allá del ahorro económico. Este tipo de comunidades no se crean para obtener beneficios, sino para poner la energía al servicio de las personas y del territorio. Vecinos, pymes, cooperativas o ayuntamientos se agrupan para generar su propia energía y decidir de forma conjunta cómo se consume, se reparte y se reinvierte.
Dentro de este concepto aparecen los llamados barrios solares, que son comunidades energéticas aplicadas a escala de barrio. Un barrio solar utiliza las cubiertas de los edificios, los colegios, los mercados o de naves municipales para instalar placas solares, generar energía renovable y repartirla entre los vecinos del barrio, aunque no todos tengan placas en su propio edificio. Es una forma especialmente interesante de facilitar el acceso a la energía renovable en zonas urbanas.
Ejemplos de comunidades energéticas en España
En España ya existen ejemplos reales y en funcionamiento, no solo proyectos teóricos. Uno de los casos más conocidos es Som Energia, la cooperativa energética 100 % renovables más grande del país, que impulsa comunidades energéticas locales en distintos municipios. A través de sus proyectos, vecinos y entidades producen y comparten energía renovable bajo un modelo cooperativo.
Otro ejemplo es la cooperativa Energía Bonita en La Palma, esta cooperativa nació tras la erupción del volcán en 2021, promueve las comunidades energéticas para reconstruir el sistema energético renovable de la isla de forma más justa y resistente.
Aunque estos proyectos todavía están en una fase de crecimiento, ya representan un cambio profundo en la forma de entender la generación y distribución de la energía, menos centralizada, más compartida y mucho más vinculada a las necesidades de las personas.
Puntos de recarga bidireccional, son la pieza que cambiará el guion
Para ir terminando queremos comentar un concepto más, los puntos de recarga bidireccionales, aún no están en funcionamiento completo pero ya se está pensando y diseñando proyectos para desarrollarlos al 100 %.
La intención de estos sistemas es que la energía fluya de forma bidireccional, por ejemplo, un vehículo eléctrico hasta hoy solo puede alimentarse de la energía para llenar su reserva y consumirla, en ningún momento puede devolver esa energía al sistema. Con la recarga bidireccional, ese flujo deja de ser de una sola dirección. La batería del vehículo pasa a funcionar como un sistema de almacenamiento móvil capaz de alimentar una vivienda, un edificio o incluso apoyar a la red eléctrica en momentos concretos.
Imagina un barrio solar donde varios vecinos comparten una instalación fotovoltaica. Durante el día, la energía cubre el consumo habitual y además carga los coches eléctricos conectados a puntos bidireccionales. Por la tarde o la noche, parte de esa energía almacenada en los vehículos puede utilizarse para zonas comunes o para viviendas con mayor demanda. El resultado es un sistema más equilibrado, que reduce la dependencia de la red y aprovecha mejor cada kilovatio generado.
Estos sistemas abren la puerta a un modelo energético más flexible, distribuido y colaborativo. En combinación con el energy sharing, convierten la movilidad eléctrica en algo más que coches sin emisiones: la transforman en una herramienta real de gestión y reparto de energía.
Mi conclusión
El energy sharing no es una moda ni un concepto abstracto. Es la respuesta lógica a un problema cotidiano, sí, es verdad que aún necesita algunos ajustes para ser un sistema de gestión energético totalmente eficiente, pero la idea de producir energía limpia y compartirla creo que tiene mucho futuro.
Autoconsumo colectivo, comunidades energéticas y barrios solares no solo reducen la factura, cambian la relación con la energía y la hacen más cercana, más justa y más inteligente.
El siguiente paso no es instalar más placas. Es empezar a compartir mejor las que ya tenemos.


