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El ODS 16: Paz, Justicia e Instituciones Sólidas, es el decimosexto de los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU, adoptada en 2015 por 193 países. A diferencia de otros objetivos que miden toneladas de CO2 o tasas de escolarización, el ODS 16 mide algo mucho más difícil de cuantificar, si las reglas del juego son justas y si quienes las aplican rinden cuentas.
El ODS 16 se centra en 12 metas que van desde reducir la violencia hasta garantizar el acceso a la justicia, combatir la corrupción y construir instituciones transparentes. Según el SDG Report 2024 de la ONU, ninguna de las 12 metas está en vías de cumplirse para 2030.
Es el único ODS que exige transformar los sistemas de poder, y eso lo convierte en el más difícil y, a la vez, en el más necesario de todos
¿Cuántas veces has dejado de hacer algo porque el sistema hacía que luchar fuera más caro que rendirse?
Hay semanas en que las noticias llegan tan seguidas que dejas de sorprenderte. Una investigación de corrupción tras otra que se archivan. Un proceso judicial que se alarga años. Una institución que debería protegerte y que, en la práctica, te agota, como cuando decides que es mejor pagar una multa con la que no estás de acuerdo porque luchar para que la justicia vea la realidad y te de la razón, es una perdida de tiempo y dinero.
Todas estas situaciones no son hechos aislados ni excepciones, son señales que se repiten a diario una y otra vez y que apuntan a que hay algo mucho más profundo que no va bien, que es un problema estructural, con nombre, con datos detrás y reconocido a nivel global. Pues desde 2015, forma parte de uno de los compromisos más ambiciosos que han asumido los países del mundo, eliminar la corrupción y promover una sociedad más justa, pacífica y eficaz a todos los niveles, aunque a veces pase desapercibido.
Cuando empecé a documentarme para escribir este artículo, lo primero que me llamó la atención no fue un dato concreto. Fue la sensación de que el ODS 16 es el objetivo que nadie quiere mirar de frente. Los otros quince son algo esperanzadores, plantar árboles, instalar paneles solares, reducir la brecha de género. El ODS 16 habla de corrupción, de instituciones que fallan y de sistemas de poder que se resisten al cambio.
¿Qué tiene que ver todo esto con el ODS 16?
En septiembre de 2015, la Asamblea General de la ONU aprobó la Agenda 2030 en la cual se fijaron 17 objetivos que los 193 países miembros se comprometieron a alcanzar antes de finales de 2030.
Como ya hemos comentado, el ODS 16 se llama «Paz, Justicia e Instituciones Sólidas» y habla de cómo funcionan las reglas que afectan a nuestra vida diaria.
Porque el desarrollo no es solo crecer o avanzar. No puede sostenerse si las reglas son injustas, si quienes deben hacerlas cumplir no responden por lo que hacen o si la violencia, en cualquiera de sus formas, sigue formando parte de la vida de millones de personas.
El ODS 16 es la respuesta sistémica a la desconfianza institucional que muchos ciudadanos sienten hoy. No propone soluciones mágicas ni plazos irreales. Propone un marco de medición con 12 metas que a su vez tienen 23 indicadores que van desde la tasa de homicidios hasta el porcentaje de personas que han pagado un soborno en el último año. Lo que se puede medir, se puede mejorar. O al menos, eso es la teoría.
ODS 16 de un vistazo

¿Qué significa realmente «paz, justicia e instituciones sólidas»?
Si algo puede hacer que un objetivo global pierda su fuerza es quedarse solo en palabras bonitas. «Paz, justicia e instituciones sólidas» suena muy bien en un discurso, pero ¿qué significa en la práctica?, ¿cómo afecta en la vida real de las personas?
La investigación para la paz, distingue tres conceptos que cambian completamente el foco:
01. La paz negativa
Es la ausencia de conflicto armado directo. Necesaria, pero insuficiente. Un país puede tener paz negativa y estar lleno de violencia cotidiana, corrupción y exclusión.
02. La paz positiva
Es la presencia activa de condiciones que permiten vivir con dignidad, con instituciones justas, acceso real a la justicia y libertad de expresión garantizada. No es solo no tener guerra; es tener algo por lo que no necesitas luchar.
03. La paz estructural, la más exigente
La ausencia de violencia incorporada en las propias estructuras sociales y económicas. Cuando un sistema perpetúa la desigualdad o permite la corrupción sin consecuencias, estamos ante violencia estructural aunque no haya un solo disparo.
El ODS 16 apunta, sobre todo, a la paz positiva y estructural. No es solo evitar conflictos armados; es construir las condiciones para que esos conflictos nunca sean necesarios. Justicia, en este contexto, no es un concepto filosófico abstracto, es que cualquier persona, independientemente de su nivel económico o su capital social, pueda acceder a mecanismos legales que funcionen de manera predecible y transparente.
Una justicia que solo funciona para quienes pueden pagarla no es justicia, es un servicio de lujo. Y una institución sólida no es necesariamente grande ni antigua; es aquella que es eficaz, responsable e inclusiva.
¿Por qué el ODS 16 es el sistema operativo de todos los demás?
Hay una metáfora que describe bien el papel del ODS 16 dentro de la Agenda 2030:
Es el sistema operativo del que dependen todas las demás aplicaciones
Puedes tener los mejores recursos naturales, el capital humano más preparado y la tecnología más avanzada, pero si el sistema operativo falla, nada funciona correctamente.
La relación entre el ODS 16 y el resto de objetivos no es lateral ni accesoria, es estructural:
- Sin justicia, no hay igualdad real, porque las leyes que garantizan la igualdad de género o la protección laboral son papel mojado si las instituciones que deben aplicarlas no funcionan
- Sin instituciones eficaces, no hay desarrollo económico sostenible, porque la inversión y la innovación requieren marcos regulatorios predecibles
- Sin paz estructural, no hay reducción de la pobreza, porque los países con alta violencia institucionalizada concentran los índices de pobreza más extremos del planeta
- Los acuerdos climáticos se implementan a través de instituciones, y sin una capacidad institucional real, los compromisos del ODS 13 quedan en declaraciones de intenciones
Por eso, cualquier conversación honesta sobre la Agenda 2030 tiene que empezar por aquí. No porque el ODS 16 sea más importante que los demás, sino porque sin él los demás no se sostienen.
Diagrama de dependencias entre los ODS

¿Cuáles son las 12 metas del ODS 16?
El ODS 16 se articula en doce metas oficiales. En lugar de reproducirlas en el lenguaje técnico de la ONU, tiene más sentido agruparlas en cuatro bloques temáticos para entender qué proponen y qué miden realmente:
- El primer bloque, reducción de todas las formas de violencia: agrupa las metas 16.1 y 16.2: reducir las tasas de mortalidad por violencia y poner fin al maltrato, la explotación y la trata de personas, especialmente de niños
- El segundo bloque, acceso universal a la justicia y el Estado de derecho: recoge las metas 16.3 y 16.10: garantizar el acceso a la justicia para todos y proteger las libertades fundamentales y el acceso a la información pública
- El tercer bloque es el núcleo duro anticorrupción: las metas 16.4, 16.5 y 16.6 abordan la reducción de los flujos financieros ilícitos, la lucha contra la corrupción y el soborno, y la construcción de instituciones transparentes que rindan cuentas.
La reducción de flujos financieros ilícitos es una de las metas con mayor impacto directo en el sector financiero, porque implica marcos regulatorios más exigentes en materia de transparencia fiscal y prevención del blanqueo de capitales. El ODS 16 reconoce explícitamente que la corrupción no es un problema cultural o individual, sino sistémico - El cuarto bloque, participación ciudadana e instituciones inclusivas: agrupa las metas 16.7, 16.8 y 16.9 que las decisiones que afectan a la gente sean tomadas con la participación de esa gente, que los países en desarrollo tengan voz en la gobernanza global, y que todas las personas tengan una identidad jurídica reconocida.

¿Estamos avanzando o retrocediendo? El estado real del ODS 16 en 2025
Preparé este artículo pensando que iba a encontrar buenas noticias sobre avances en el ODS 16, pero me he encontrado con todo lo contrario, según el informe de UNODC sobre el seguimiento del ODS 16 es claro cuando afirma que ninguna de las 12 metas de este objetivo está en vías de cumplirse para 2030. Algunos datos son especialmente difíciles de ignorar.
El número de personas desplazadas forzosamente alcanzó los 120 millones en mayo de 2024, el máximo histórico desde que existen registros. Las bajas civiles en conflictos armados aumentaron un 72 % en 2023, con más de 33.400 civiles muertos, el mayor incremento desde 2015.
Uno de cada cinco personas en el mundo reportó haber pagado un soborno o que se lo pidieron en el último año y 3,5 millones de personas están en prisión preventiva sin haber sido condenadas, lo que representa un tercio de los prisioneros en el mundo.
España obtiene 55 puntos en corrupción y ocupa el puesto 49, por encima de la media global (43/100)
La corrupción no es un problema de países lejanos, según el Índice de Percepción de la Corrupción (CPI) 2024 de Transparency International sitúa a más de dos tercios de los 180 países analizados por debajo de 50 sobre 100. España obtiene 55 puntos y ocupa el puesto 49, por encima de la media global (43/100) pero con una caída de un punto respecto a 2023. Europa Occidental y la UE siguen siendo la región con mejor puntuación media, pero llevan dos años consecutivos bajando. No es una tendencia que invite a estar satisfechos.
En cuanto a la confianza institucional más del 50 % de los países del mundo han experimentado retrocesos en sus garantías de derechos fundamentales en los últimos cinco años. Esto incluye democracias consolidadas, no solo países en desarrollo.
En el caso de España, el dato que más me llamó no es la puntuación en el CPI, sino la tendencia, llevamos años estancados en torno a los 55-60 puntos, sin avances significativos. La percepción de corrupción no mejora y la confianza ciudadana en las instituciones sigue siendo de las más bajas de la Unión Europea. No es un juicio político; es un indicador que cualquier análisis de riesgo institucional debería tener en cuenta.
Tabla de Evolución y Situación Actual de las Metas del ODS 16
| Meta | Descripción | Evolución (2015 – Fecha Actual) | Situación más actual |
|---|---|---|---|
| 16.1 | Reducir la violencia | La tasa mundial de homicidios bajó de 6,2 en 2015 a 5,7 en 2019 por cada 100.000 hab.. | Descenso global limitado al 15%; solo Asia y Norteamérica alcanzarían la meta de reducción del 50% para 2030. |
| 16.2 | Proteger a la infancia | Persiste una alta prevalencia de trata; en 2018, 1 de cada 3 víctimas detectadas eran niños o niñas. | El desempleo post-pandemia amenaza con aumentar la captación de víctimas vulnerables. |
| 16.3 | Estado de derecho y justicia | Estancamiento crónico. La proporción de presos sin sentencia se mantiene en ~30% desde el año 2000. | En 2019 había 3,6 millones de personas detenidas sin sentencia; el hacinamiento carcelario afecta al 47% de los países. |
| 16.4 | Corrientes financieras y armas | Avance limitado en rastreo. Solo el 29% de las armas incautadas (2016-2019) fueron rastreadas con éxito. | El tráfico de armas sigue siendo un reto por la falta de infraestructura de registro, especialmente en Asia y el Pacífico. |
| 16.5 | Reducir la corrupción | Desigualdad extrema. El soborno es 5 veces más frecuente en países pobres (37,6%) que en ricos (7,2%). | La pandemia ha incrementado el riesgo de sobornos en servicios críticos como la salud y la educación. |
| 16.6 | Instituciones eficaces | Esfuerzos por mejorar la transparencia presupuestaria, pero con debilidades en la rendición de cuentas post-crisis. | Foco actual en fortalecer la digitalización institucional para reducir espacios de opacidad. |
| 16.7 | Participación ciudadana | Tendencia a la baja en la confianza en las instituciones en diversas regiones democráticas. | La ONU enfatiza la necesidad de procesos inclusivos para evitar la polarización social. |
| 16.8 | Gobernanza global | Avance lento en la representatividad de países en desarrollo en organismos internacionales. | Continúan las brechas de poder en la toma de decisiones financieras y políticas mundiales. |
| 16.9 | Identidad jurídica | Progreso positivo en el registro de nacimientos a nivel global, aunque millones aún carecen de identidad legal. | El registro universal es clave para que la población acceda a servicios básicos y protección estatal. |
| 16.10 | Acceso a la información | Aumento de leyes de acceso a la información, pero paralelo a un incremento en riesgos para periodistas. | Preocupación por la seguridad física y digital de quienes ejercen la libertad de expresión. |
| 16.a | Prevenir la violencia (Nac.) | Fortalecimiento desigual de capacidades nacionales; mayor inversión en fuerzas de seguridad que en prevención. | Se requiere un enfoque más integral que aborde las causas socioeconómicas de la violencia. |
| 16.b | Leyes no discriminatorias | Lento avance en la implementación de marcos legales que protejan eficazmente contra la discriminación. | El monitoreo de los derechos humanos enfrenta desafíos por tensiones geopolíticas crecientes. |
¿Cómo se puede contribuir al ODS 16?
Si eres de esas personas que le gusta la acción y te preguntas ¿yo qué puedo hacer? aunque el objetivo habla de sistemas de poder que parecen muy alejados de la vida cotidiana hay tres niveles de actuación que se pueden tomar.
A nivel individual, contribuir al ODS 16 significa informarse con fuentes verificables, participar en los procesos cívicos disponibles, desde votar hasta acudir a consultas públicas y denunciar injusticias cuando se tiene la posibilidad de hacerlo.
A nivel empresarial, las obligaciones son cada vez más concretas. La Ley 2/2023, que transpone la Directiva (UE) 2019/1937, obliga a las empresas con 50 o más trabajadores a implementar canales internos de denuncia y garantiza protección frente a represalias para los denunciantes. El cumplimiento del ODS 16 deja de ser una cuestión de voluntad corporativa para convertirse en una obligación.
A nivel institucional y gubernamental, el ODS 16 exige políticas públicas que reduzcan los tiempos judiciales, garanticen el acceso a la asistencia jurídica y fortalezcan los mecanismos de rendición de cuentas.
Hay ejemplos que muestran que el cambio es posible, Estonia ha digitalizado el 100 % de sus servicios públicos y ocupa el puesto 13 en el CPI 2024 con 76 puntos sobre 100. Su modelo demuestra que la digitalización reduce la corrupción al eliminar la interacción entre ciudadanos y funcionarios.
En Ruanda, el sistema e-Court realizó más de 4.900 audiencias virtuales en 2024 y redujo el porcentaje de casos judiciales pendientes sin resolver del 62 % al 59 %, con un objetivo de llegar al 25 % en 2029. Son cifras modestas en términos absolutos, pero representan un cambio real.
¿Qué pasaría si el ODS 16 no existiera?
Sin el ODS 16, la Agenda 2030 sería un conjunto de objetivos sin sistema operativo, metas de reducción de pobreza sin instituciones que garanticen que los recursos lleguen a quienes los necesitan; compromisos climáticos sin marcos regulatorios que los hagan cumplir; avances en igualdad de género sin mecanismos judiciales que protejan esos derechos en la práctica.
Y aún más, sin el ODS 16, no existiría el reconocimiento explícito de que la corrupción es un problema sistémico que los países se han comprometido a medir y reducir. No existiría el marco que obliga a los gobiernos a reportar cuántas personas han pagado sobornos, cuántos defensores de derechos humanos han sido asesinados, cuántos presos llevan años sin juicio. La existencia del ODS 16 no garantiza que las cosas mejoren, pero sí garantiza que el deterioro sea visible y documentado. Y eso, en política pública, importa más de lo que parece.
Un mundo sin ODS 16 no sería un mundo sin paz ni justicia, sería un mundo donde nadie tiene la obligación de medir si avanzamos o retrocedemos en esas dimensiones. Un mundo donde la impunidad no tiene indicadores es un mundo donde la impunidad no tiene coste político. Y eso, en términos de gobernanza global, lo cambia todo.

Entonces, ¿qué tipo de sociedad queremos construir?
Volvamos al principio. A esa sensación de que el sistema hace que luchar sea más caro que rendirse. A las noticias de corrupción que ya no sorprenden. A la desconfianza que se acumula despacio, semana a semana, hasta que se convierte en resignación.
El ODS 16 no es una respuesta a esa sensación. Es, como mucho un mapa que señala dónde estamos, adónde queremos ir y qué indicadores nos dirán si nos estamos acercando o alejando. Lo que hagamos con ese mapa —como ciudadanos, como organizaciones, como instituciones— es una decisión que no está en ningún documento de la ONU.
La pregunta que me quedo al terminar este análisis no es si el ODS 16 se va a cumplir para 2030. Probablemente no. La pregunta es si queremos construir instituciones en las que confiar, o si preferimos seguir aprendiendo a sobrevivir a ellas.
Para las instituciones financieras, el ODS 16 tiene una dimensión adicional que no siempre aparece en los informes de sostenibilidad, Los países con puntuaciones bajas en el CPI presentan mayor riesgo regulatorio, mayor inestabilidad institucional y mayor probabilidad de que los contratos no se cumplan.
Ignorar el ODS 16 en el análisis ESG es ignorar uno de los principales determinantes del riesgo soberano y corporativo. Los marcos de reporte más exigentes —GRI, SASB, TCFD— ya incluyen indicadores relacionados con la gobernanza, la anticorrupción y la transparencia fiscal que conectan directamente con las metas del ODS 16.


