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ODS 17: el objetivo que convierte los otros 16 en algo posible (o imposible)

El ODS 17 no trata de un problema concreto, sino de algo más decisivo, de si el mundo es capaz de colaborar para resolver los otros 16


Hazte una idea, septiembre de 2015, Salón de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, 193 países acaban de firmar la Agenda 2030. Son 17 objetivos, 169 metas y una fecha límite inamovible. Hay aplausos, fotos oficiales y todo el mundo asiente con solemnidad ante la promesa de erradicar la pobreza y salvar el planeta.

Pero cuando los focos se apagan, en el aire flotan las preguntas que nadie quiso hacer en voz alta. ¿Quién pone el dinero? ¿Quién transfiere la tecnología vital a los países que no tienen infraestructura para desarrollarla? ¿Quién se sienta a negociar con quién cuando los intereses económicos choquen frontalmente?

Ahí nace el ODS 17. No es un objetivo más, es la pregunta incómoda, el cableado interno, la sala de máquinas que los otros 16 objetivos necesitan desesperadamente para no quedarse en papel mojado.

¿Qué nos dice el ODS 17? Respuesta corta y la larga

El ODS 17, denominado “Alianzas para lograr los objetivos”, busca fortalecer la cooperación internacional para que el resto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible puedan cumplirse. Dicho de forma directa, sin acuerdos, financiación y coordinación global, los otros 16 objetivos no son viables.

A diferencia de otros ODS, el ODS 17 no se centra en un problema concreto como el hambre o el clima. Se centra en cómo organizar al mundo para resolverlos.

La idea de “lograr la alianza mundial” suena abstracta, pero en la práctica implica cosas muy concretas:

  • Transferencias de dinero entre países
  • Acceso a tecnología
  • Reglas de comercio más equitativas
  • Sistemas de datos fiables
  • Cooperación política real

El ODS 17 alianzas para el desarrollo sostenible es el único objetivo que no habla de un «qué», habla del «cómo» revitalizar la alianza mundial. Para esto, hemos de aceptar que los problemas no respetan fronteras. Un virus no pide pasaporte, las emisiones de carbono de una superpotencia ahogan las costas de una isla diminuta, y la crisis económica de un continente hunde las exportaciones del otro.

Para entender el peso de este objetivo, hay que mirar su origen. ¿Quién propuso los 17 ODS? No fue la ocurrencia de una sola persona. La ONU lideró este gran proceso entre 2013 y 2015 recogiendo las aportaciones de 193 gobiernos, miles de actores de la sociedad civil y el sector privado. Pero a nivel técnico, economistas como Jeffrey Sachs y su equipo de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) fueron piezas clave. Ellos sabían que si no se definía un objetivo el cual se dedicase exclusivamente a promover la cooperación y la financiación (el ODS 17), el resto de objetivos de la lista eran ciencia ficción.

Para entender el ODS 17, primero hay que entender para qué existen los 17 ODS

Los ODS no son una lista de buenas intenciones. Son un intento de ordenar el mundo en cinco grandes bloques, conocidos como las 5 P:

Las 5 «P»Enfoque principalODS que engloba
Personas (People)Erradicar la pobreza y el hambre en todas sus formas y garantizar la dignidad.ODS 1, 2, 3, 4, 5 y 6
Planeta (Planet)Proteger el planeta contra la degradación mediante consumo, producción y gestión responsable.ODS 12, 13, 14 y 15
Prosperidad (Prosperity)Asegurar que todos puedan disfrutar de vidas prósperas y plenas en armonía con la naturaleza.ODS 7, 8, 9, 10 y 11
Paz (Peace)Fomentar sociedades pacíficas, justas e inclusivas, libres de miedo y violencia.ODS 16
Alianzas (Partnerships)Movilizar los medios necesarios para implementar la Agenda 2030 mediante solidaridad global.ODS 17

El ODS 17 cierra esta estructura, es el único que no actúa sobre una parte del sistema, sino sobre las conexiones entre todas las partes. Es el pegamento que mantiene unido el conjunto, su propósito es servir como un mapa de ruta para lograr el mundo en el que queremos vivir en 2030.

Sin esas conexiones, el sistema se fragmenta, hay países que avanzan y otros que no, hay tecnologías que existen pero no llegan donde se necesitan, hay financiación que se promete pero que no se ejecuta y en todos estos casos es donde el modelo empieza a fallar.

Los 3 principios de la sostenibilidad que el ODS 17 tiene que mantener en equilibrio

Existe un error común, y es pensar que la sostenibilidad solo va de plantar árboles o reciclar plásticos. En realidad, se apoya en los llamados tres pilares de la sostenibilidad, y el ODS 17 es el encargado de que no se derrumben.

Imagina un taburete de tres patas:

  1. Sostenibilidad Ambiental: No agotar los recursos de la Tierra
  2. Sostenibilidad Social: Garantizar derechos humanos, igualdad y bienestar para todos
  3. Sostenibilidad Económica: Generar riqueza y empleo sin destruir las dos anteriores

¿Qué pasa si un país rico crece económicamente (pata 3) externalizando su contaminación a un país pobre (destruyendo su pata 1) y explotando a su población (destruyendo su pata 2)? El taburete se cae.

El objetivo 17 agenda 2030 es el pegamento que obliga a que el desarrollo de un bloque no signifique la miseria de otro. Su función no es sustituir a esos tres pilares, sino ayudar a coordinarlos. Porque cuando se habla de alianzas también se habla de mediación entre intereses, de transferencia de recursos, de acceso al conocimiento y de construcción institucional. En otras palabras, el ODS 17 intenta que la sostenibilidad no sea solo una suma de buenas intenciones dispersas, sino un proceso con cierta coherencia global.

Los 4 grandes bloques del ODS 17, ¿de qué va exactamente esto de «aliarse»?

Cuando el usuario busca cuáles son los 4 tipos de sostenibilidad en este contexto, a menudo está buscando las entrañas operativas de la cooperación. El ODS 17 tiene 19 metas, convirtiéndolo en uno de los más complejos, y se divide en cuatro áreas fundamentales:

01. Finanzas ¿quién paga el cambio?

La transición hacia un modelo sostenible requiere de inversiones masivas, ninguna transición ecológica, social o productiva ha ocurrido gratis. Sin embargo, muchos países en desarrollo están atrapados en niveles de deuda que limitan su capacidad de actuar.

  1. La deuda impagable que asfixia a los países en desarrollo, que tienen que elegir entre pagar intereses o construir hospitales
  2. Y la famosa promesa del 0,7% del Ingreso Nacional Bruto (INB) destinado a Ayuda Oficial al Desarrollo

Una promesa histórica que pocos países cumplen de forma constante.

02. Tecnología ¿quién tiene acceso al conocimiento?

La innovación existe, el problema es su distribución y acceso. Desde energías renovables hasta sistemas de gestión de agua, la tecnología puede acelerar el desarrollo. Pero sin transferencia real, lo que provoca es ampliar la brecha entre países.

Hoy, quien no tiene acceso a internet o a tecnología verde se queda fuera del siglo XXI. El ODS 17 exige que haya transferencia de conocimientos. De nada sirve que Europa invente paneles solares hiper eficientes si África no puede acceder a las patentes para fabricarlos y usarlos.

la tecnología ha de compartirse ODS 17

03. Comercio, las reglas del juego

El comercio internacional puede sacar a millones de personas de la pobreza, pero solo si ese comercio es justo. Actualmente, las reglas del comercio mundial suelen estar escritas por los que ya están en posición preferente y siempre ganan.

Este bloque busca un sistema de comercio multilateral universal más justo, basado en normas, abierto, no discriminatorio y equitativo. Casi nada…

04. Gobernanza, coherencia y datos

No puedes gestionar lo que no puedes medir, sin datos no hay políticas eficaces. Aún hay países donde ni siquiera hay registros de nacimiento fiables. ¿Cómo vas a vacunar a niños que legalmente no existen?

El ODS 17 pide políticas coherentes, no donar dinero para el desarrollo mientras vendes armas para la guerra en el mismo país. Además de una revolución en la medición de los datos para saber dónde estamos en cada momento de forma transparente y eficiente.

Lo que no se mide, no se puede gestionar y lo que no se gestiona, no cambia

¿Quién participa en el ODS 17? No es solo cosa de gobiernos

Si piensas que esto se soluciona con señores de traje dándose la mano en cumbres internacionales, te falta la mitad de la foto.

Una de las ideas más útiles del ODS 17 es que rompe con la visión de que la sostenibilidad depende únicamente de los Estados. Los gobiernos siguen siendo centrales, por supuesto, porque legislan, negocian y financian. Pero el objetivo reconoce que los desafíos mundiales ya no pueden abordarse solo desde arriba ni solo desde lo público. La red de actores es bastante más amplia:

Gobiernos y organismos multilaterales

Son el árbitro y los organizadores. La ONU, el FMI, el Banco Mundial y los gobiernos nacionales y locales. Tienen la llave de las leyes, los impuestos y la diplomacia.

Ellos deciden cómo se redistribuye la riqueza a gran escala, pero a menudo se ven paralizados por sus propios intereses geopolíticos.

El sector privado

En esa red están los organismos multilaterales, las empresas, los centros de investigación, las universidades, las ONG, las comunidades locales y las administraciones en distintos niveles. Cada uno entra con capacidades distintas y también con intereses distintos.

Las empresas son parte clave de la solución porque tienen el músculo de la innovación, la escalabilidad y el capital. Pero también han sido parte del problema. El ODS 17 exige que el sector privado deje el greenwashing y asuma cadenas de suministro justas y transparentes.

La sociedad civil y la ciudadanía

Las ONG, las universidades, los movimientos vecinales y tú. Son el actor que más crece, el que audita a los gobiernos, el que empuja la investigación independiente y el que levanta la voz cuando nadie más lo hace.

La sociedad civil puede presionar, vigilar y abrir debates que no aparecen en los foros oficiales, aunque suele tener menos poder real de decisión.

Por eso hablar de alianzas no debería equivaler a imaginar una cooperación limpia y sin tensiones. Las alianzas también implican asimetrías, disputas de poder, agendas cruzadas y conflictos de interés. El valor del ODS 17 no está en negar esa complejidad, sino en asumir que sin algún tipo de coordinación entre actores muy diferentes el resto de objetivos avanza de forma más lenta, más desigual y, en muchos casos, más frágil.

¿Cómo vamos? El estado real de las alianzas mundiales hoy

Si queremos credibilidad, tenemos que mirar la realidad de frente en pleno 2026. Y la realidad es que a cinco años de 2030, el ODS 17 está lejos de cumplirse.

La resaca económica post-COVID dejó una deuda récord en los países en desarrollo, estrechando su margen para invertir en educación o salud. La brecha digital persiste, y las tensiones geopolíticas han fracturado la cooperación global.

Además, el panorama sufrió un duro revés en 2025, cuando Estados Unidos, la principal economía del mundo, anunció su oposición formal a los ODS y a la Agenda 2030, alegando incompatibilidad con sus intereses soberanos.

¿Qué significa esto para el ODS 17? Un obstáculo gigantesco. Que un jugador tan masivo abandone la mesa de alianzas obliga a la Unión Europea, a las economías emergentes y al sector privado a redoblar esfuerzos para no dejar caer la arquitectura financiera y de cooperación mundial.

El ranking: ¿qué país lidera los ODS y dónde está España?

Cuando se publican rankings internacionales sobre ODS suele repetirse un patrón, los países nórdicos aparecen arriba. Finlandia, Suecia o Dinamarca acostumbran a ocupar posiciones destacadas porque combinan instituciones relativamente sólidas, políticas públicas estables, sistemas de bienestar amplios y una mayor capacidad para integrar la sostenibilidad dentro de sus decisiones económicas. No significa que lo hagan todo bien, pero sí que parten de una arquitectura institucional más favorable.

Conviene, eso sí, leer estos rankings con cuidado. No son una clasificación moral del mundo ni una foto perfecta del cumplimiento. Miden tendencias, capacidades y rendimientos comparados, pero no siempre captan todas las contradicciones internas de cada país. Aun así, sirven para una cosa importante: mostrar que el avance sostenible no depende solo del nivel de riqueza, sino también de cómo se gobierna, cómo se reparte y cómo se coopera.

Ranking mundial de países que lideran los ODS

Ranking internacional sobre ODS 17
Fuente: Ranking mundial DSG

Posición de España en el mapa de los ODS, avances y tareas pendientes

¿Y la posición de España en el ranking ODS global? Dependiendo del año, España ha oscilado entre el puesto 16 y el 25 a nivel global. El informe SDR 2025 ubica a España en un buen lugar en contexto europeo respecto a salud y energías limpias, pero refleja una debilidad crónica precisamente en el ODS 17.

Nuestra principal asignatura pendiente es la coherencia de políticas y la Ayuda Oficial al Desarrollo. Aunque ha habido repuntes recientes, el porcentaje respecto al ingreso nacional bruto (INB) sigue alejado de la meta histórica. Es un progreso constante, pero insuficiente para la velocidad que requiere el cumplimiento de la agenda 2030.

Gráficos de situación de España en el cumplimiento en general de los ODS - 2026
Fuente: Informe de desarrollo sostenible de España 2025

¿Cómo contribuir al ODS 17? Lo que puedes hacer tú, tu empresa y tu gobierno

Uno de los riesgos habituales de los artículos sobre sostenibilidad es terminar en una lista de recomendaciones genéricas que valen para cualquier tema y realmente no explican nada. En el caso del ODS 17, ese riesgo es todavía mayor, porque estamos hablando de cooperación, instituciones y decisiones estructurales.

Aun así, eso no significa que la ciudadanía quede fuera. Significa que la contribución no pasa tanto por realizar gestos simbólicos como por entender mejor los marcos de la sociedad en la que vivimos.

Como persona, contribuir al ODS 17 implica informarse sobre políticas públicas, cooperación internacional y decisiones económicas que a menudo se presentan como demasiado lejanas.

También implica apoyar organizaciones, redes o iniciativas que trabajan en alianzas reales, desde lo local hasta lo internacional. Y, sobre todo, implica comprender que los problemas globales no se resuelven solo con hábitos individuales, sino también con presión democrática, exigencia institucional y una mirada menos simplista del desarrollo.

Para empresas, universidades, administraciones y entidades sociales, la responsabilidad es aún más directa. El ODS 17 pide colaboración con sentido, no alianzas decorativas.

Pide compartir conocimiento, coordinar recursos, medir impacto y asumir que la sostenibilidad no puede construirse desde compartimentos cerrados. La pregunta útil no es “qué acción visible podemos comunicar”, sino “qué cooperación concreta estamos sosteniendo y con qué efectos reales”.

Mi conclusión

Estamos en 2026, a escasos años del 2030, 193 países, 17 objetivos, una cuenta atrás que no se detiene. La duda ya no es si los objetivos de erradicar la pobreza o salvar los océanos eran buenos o necesarios; sabemos que lo son.

La verdadera duda a evaluar es si hemos sido capaces de construir la arquitectura humana, financiera y política para lograrlos.

El ODS 17 no es simplemente el último de la lista porque se quedaron sin ideas. Es el objetivo que decide si, aquel día de septiembre de 2015, los otros 16 iban en serio.

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