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A la hora de hablar de residuos, los residuos hospitalarios son de los más complejos de manejar por un motivo más que evidente: la reutilización, en la mayoría de casos, no es una opción. Por motivos de higiene y seguridad, buena parte de los materiales y dispositivos que se utilizan son de un solo uso. Una gasa o una jeringuilla, por ejemplo, no se pueden reutilizar. Si bien un bisturí o unas pinzas pueden esterilizarse, con las agujas no puede hacerse lo mismo, básicamente porque no es igual de sencillo limpiarlas por dentro. No queda más remedio que desecharlas.
Los hospitales desechan cada día una gran cantidad de estos residuos. Por ejemplo, en España se calcula que un hospital con 100 camas produce cada día una media de entre 1,5 y 3 kg de residuos hospitalarios por cama. No todos son igualmente peligrosos y eso es algo que, desde luego, se debe tener en cuenta a la hora de gestionarlos.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los países de ingresos altos generan en promedio de hasta 0,5 kg de residuos hospitalarios peligrosos por cama y día, mientras que en los de ingresos bajos la cifra es de alrededor de 0,2 kg. No obstante, cabe destacar que, en estos últimos, no se suelen separar los residuos peligrosos del resto, por lo que posiblemente la cifra esté infraestimada.
El 85 % de los residuos que se generan en los hospitales son desechos comunes no peligrosos
En realidad, es un porcentaje bajo del total. El 85 % de los residuos que se generan en los hospitales son desechos comunes no peligrosos. Pero que no sean peligrosos para la salud de las personas no quiere decir que no sean peligrosos para el medioambiente.
Independientemente del riesgo infeccioso o por toxicidad, lo que está claro es que los centros sanitarios son una fuente enorme de residuos, por lo que se deben tomar medidas extraordinarias para evitar las consecuencias que eso puede conllevar sobre los ecosistemas.
Y como no hay nada más ilustrativo que un buen ejemplo, vamos a ver cuántos residuos se generarían con algunos de los procedimientos más básicos a los que nos podemos someter como pacientes.
¿Cuántos residuos hospitalarios se generan con una campaña de vacunación?
Las vacunas salvan vidas. Eso es innegable. Se calcula que han contribuido a salvar más de 154 millones de vidas en los últimos 50 años. La gran mayoría de ellas, unos 101 millones de casos, se corresponden con niños menores de un año.
Por lo tanto, debe quedar clarísimo que las campañas de vacunación han de ser una prioridad en cualquier sistema sanitario. Ahora bien, también es importante buscar las formas de gestionar los residuos que estas campañas generan de la mejor forma posible. Y es que, a base de gasas, jeringuillas, agujas y viales, se desechan muchísimos residuos hospitalarios.
Si bien no son datos de España, en 2021 la Secretaría de Medio Ambiente de Bogotá calculó la cantidad de residuos generados en una campaña distrital de vacunación para la COVID-19. En total, entre marzo y julio, se recogieron 20.815 kilogramos de residuos biosanitarios y cortopunzantes.
¿Qué ocurre con una intervención quirúrgica?
Los quirófanos generan entre el 20 % y el 35 % de los residuos hospitalarios. Además, consumen hasta 6 veces más energía que el resto del hospital.
Según declaraciones recogidas por Redacción Médica de José Antonio Rodríguez Montes, catedrático emérito de Cirugía de la Universidad Autónoma de Madrid, una operación de cataratas puede liberar cerca de 181,8 kg de CO2, aproximadamente lo que expulsa un coche tras recorrer 506 kilómetros.
Por otro lado, una operación de prótesis de rodilla genera 9 kilos de residuos hospitalarios. Casi la mitad suponen un riesgo biológico. En total, de media, se calcula que una cirugía genera unos 20 kg de residuos hospitalarios.
¿Cuántos residuos se generan en el dentista?
Aunque la cantidad de residuos hospitalarios generados en una clínica dental depende mucho de las intervenciones que se realicen con más frecuencia, de media se calcula que cada paciente supone la generación de 0,1 kg de estos residuos. De ellos, algunos son especialmente peligrosos. Por ejemplo, el mercurio se ha usado ampliamente en amalgamas durante el último siglo.
Afortunadamente, en muchos países ya se está prohibiendo su uso. En España, por ejemplo, la prohibición entró en vigor en enero de 2025. Aun así, sigue habiendo muchos materiales de un solo uso y residuos químicos o biológicos que se deben tratar convenientemente.

¿Qué tipos de residuos hospitalarios existen?
Para gestionar los residuos hospitalarios, primero deben clasificarse y, para ello, antes debemos saber cuáles son todos los tipos que existen. Principalmente hay siete tipos:
- Desechos infecciosos, que contienen patógenos y suponen riesgo de transmisión de enfermedades.
- Desechos anatomopatológicos, entre los que se incluyen tejidos, órganos o líquidos humanos, partes corporales, fetos, productos sanguíneos que no se han utilizado y cadáveres de animales contaminados.
- Desechos punzocortantes, como agujas, cuchillas o cualquier otro objeto que pueda atravesar la piel y causar orificios o cortes.
- Desechos químicos, como disolventes, desinfectantes, esterilizantes o metales pesados, siendo el mercurio uno de los más comunes.
- Desechos farmacéuticos y citotóxicos, normalmente medicamentos caducados o en desuso y otras sustancias que puedan causar daños en las células.
- Desechos radiactivos, usados normalmente en pruebas diagnósticas.
- Desechos comunes, que no entrañan un peligro para la salud, pero a menudo sí para el medio ambiente.
¿Cómo se recogen estos residuos?
Para poder gestionarse adecuadamente, los residuos hospitalarios deben clasificarse en contenedores específicos para cada tipo. Normalmente, la clasificación por colores es la que da mejores resultados.
El simple hecho de llenar las bolsas de los contenedores ya es algo que se debe hacer obedeciendo una serie de normas.
- No arrastrar las bolsas por el pavimento.
- Mantener los cubos cerrados, pero sin presionar la tapa, hasta su recogida.
- Los contenedores que contengan agujas u objetos cortantes no se llenan más de 3/4 partes de su capacidad. Así se evitan cortes.
- Las garrafas de residuos químicos no se llenan más de un 80 % de su capacidad.
- El vertido en dichas garrafas se debe hacer evitando salpicaduras y derramamientos.
- Los contenedores en uso nunca se deben dejar en zonas de paso donde pueda haber tropiezos.
- Los contenedores deben mantenerse alejados de fuentes de calor.
¿Qué se hace después?
Una vez clasificados los cubos, se deben gestionar de la forma más adecuada en cada caso. Para residuos que no supongan un riesgo para la salud, se siguen las mismas medidas que para el tratamiento de otros residuos domésticos. Más allá de eso, el resto sí que deben tratarse.
Por ejemplo, los residuos biológicos, aunque no se vayan a usar de nuevo, deben esterilizarse. Para ello, puede utilizarse un autoclave, que esteriliza mediante vapor a presión, o llevarse a cabo una desinfección química, con sustancias como el hipoclorito de sodio (lejía) o el glutaraldehído. Cuando ya se hayan esterilizado, los residuos se desechan en vertederos especiales o se incineran.
Otros residuos, como los farmacológicos, también se eliminan mediante incineración a alta temperatura. En cambio, otros residuos químicos podrían requerir someterse a un proceso de neutralización química.
Este es un proceso consistente en la mezcla de un ácido y una base para dar lugar a una sal y agua. Se trata de un procedimiento muy importante, ya que las sustancias químicas con un pH muy bajo (ácidos) o alto (bases) pueden ser peligrosas para la salud de las personas y el medio ambiente. En cambio, cuando se mezclan, lo que se obtiene es una sal, totalmente inocua.
Finalmente, cabe destacar que los residuos radioactivos, una vez separados y etiquetados adecuadamente, deben someterse también a tratamientos previos a su retirada final.
Por ejemplo, es habitual encapsularlos en materiales que no dejan salir la radiación o compactarlos mediante una prensa. Así, al reducirse el volumen de los residuos, se minimiza también la liberación de radioactividad. Para terminar, se confinan en lugares destinados a ello.
¿Qué pasa si los residuos se generan en casa?
También puede darse el caso de que este tipo de residuos se generen en casa. Sobre todo ocurre con medicamentos y residuos biológicos de pacientes bajo atención domiciliaria.
En ambos casos, la gestión es la misma. Da igual dónde se hayan generado los residuos. Por eso, por ejemplo, no debemos tirar los fármacos caducados a la basura convencional.
En España disponemos de un punto Sigre en todas las farmacias. Una vez que llevemos allí los medicamentos, estos empiezan a clasificarse como en un hospital.
En cuanto a las muestras biológicas, sería necesario que hablemos con nuestro centro de salud de referencia. Allí nos dirán como actuar en cada caso, pues en algunas ocasiones puede que tengan que pasarse sanitarios por casa par recoger los residuos previamente clasificados como es debido.
Cuidado con el consumo energético
Muchas de las medidas que se emplean para tratar los residuos hospitalarios antes de enviarlos a donde correspondan requieren un gran consumo energético. Es, por ejemplo, el caso de la incineración.
Por eso, otra tarea pendiente de la gestión de este tipo de desechos es la búsqueda de fuentes alternativas de energía. Ya hemos visto que en un quirófano, por ejemplo, se consume mucha energía. Si a esta se suma la requerida en la esterilización o la incineración de residuos, las cifras llegan a ser muy poco sostenibles.
Por eso, si bien es inevitable tratar los residuos de los hospitales, también es importante buscar formas de hacerlo de la forma más segura posible. Hoy por hoy no es sencillo; pero, mirando al futuro, sería un gran paso adelante.


