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Tierras raras y materiales críticos: el talón de Aquiles de la transición ecológica

El éxito de la transición verde no depende tanto de la energía que generamos, sino de los materiales escasos que necesitan esas tecnologías


Si te digo, imagina un coche eléctrico, una placa solar, un aerogenerador o un móvil y te pregunto ¿qué tienen en común? seguramente pensarás que son símbolos o tienen que ver con un futuro más limpio. OK, eso es cierto pero además todos tienen algo en común que pocas veces pensamos, y es que todos ellos dependen de materiales difíciles de encontrar y sustituir, concentrados en pocos lugares y con un alto coste ambiental.

La transición ecológica no es solo un cambio de fuentes de energía. Es, sobre todo, un cambio profundo en los materiales y materias primas que sostienen nuestro sistema económico. Y ahí es donde entran en juego las llamadas tierras raras y materiales críticos.

¿Qué son las tierras raras y materiales críticos y por qué ahora están en el centro del debate?

Las denominadas tierras raras y materiales críticos son materias primas y recursos que se usan para desarrollar tecnologías en las que se basa la transición ecológica, por ejemplo se usan para desarrollar aerogeneradores, coches eléctricos o paneles solares. La importancia de estos materiales, a parte de su escasez, es que son muy difícil de sustituir y que se concentran en muy pocos territorios.

Por este motivo se han convertido en una cuestión estratégica para todas las economías, entre ellas para la europea.

Podemos considerar que son tierras raras y materiales críticos si se cumplen estas dos condiciones a la vez:

  1. Son clave para sectores estratégicos (energía, movilidad, digitalización, defensa)
  2. Su suministro está en riesgo, ya sea por escasez, concentración geográfica o dependencia exterior

Dentro de las tierras raras se incluyen un conjunto de 17 elementos químicos (como el neodimio o el disprosio) fundamentales para imanes permanentes, motores eléctricos y aerogeneradores.

La Unión Europea actualiza periódicamente su lista de materias primas críticas porque la transición energética, lejos de reducir la dependencia de recursos, la está transformando .

¿Por qué la transición ecológica depende de las tierras raras?

Porque muchas de las tecnologías que permiten reducir emisiones necesitan tierras raras para funcionar de forma eficiente. Estos materiales hacen posibles motores más potentes, equipos más duraderos y tecnologías más compactas, hoy por hoy no existen alternativas que ofrezcan el mismo rendimiento a gran escala.

  • Eólica: usa tierras raras para crear imanes permanentes con neodimio y disprosio
  • Vehículos eléctricos: los motores y baterías se construyen con litio, cobalto, níquel
  • Solar fotovoltaica: en este caso se usan plata, silicio de alta pureza y otros metales críticos
  • Electrónica y digitalización: usan algunas de estas tierras raras en la fabricación de chips, pantallas y sensores

Estos materiales permiten que las tecnologías sean eficientes, compactas y duraderas. Sin ellas, la transición sería técnicamente mucho más limitada.

No es solo cuánto hay, sino dónde están

Uno de los grandes problemas que tienen las tierras raras y materiales críticos no es tanto la cantidad que podemos encontrar en las capas de la Tierra, sino su concentración en ciertos territorios o países.

China controla alrededor del 60–70 % de la producción minera y cerca del 90 % del refinado mundial de estas materias, podemos decir que domina toda la cadena de valor.

Esta situación no deja en buen lugar a Europa, más bien la convierte en un actor muy dependiente, porque no es suficiente con tener reservas, hay que poder procesarlas.

Producción y reservas globales de tierras raras (estimación 2025)


El impacto ambiental que rara vez se menciona

Lo curioso es que muchas de las tecnologías que asociamos con la sostenibilidad y un futuro más limpio nacen de procesos industriales que necesitan mucha energía, agua y productos químicos. La extracción y el tratamiento de tierras raras implica mover grandes volúmenes de material, generar residuos difíciles de eliminar y gestionar, estos impactos rara vez se mencionan cuando hablamos de aerogeneradores, baterías o movilidad eléctrica.

El que se generen tal cantidad de residuos no invalida la transición ecológica, pero sí obliga a mirarla sin idealizarla demasiado. Cambiar de sistema energético a uno más eficiente, no significa que se eliminen los impactos ambientales, más bien se desplazan y transforman, a menudo lejos de los lugares donde se consume la tecnología.

Reconocer esta realidad es clave para tomar decisiones más informadas y para entender que una transición responsable no pasa solo por producir energía limpia, sino por reducir los costes ambientales ocultos que la sostienen.

¿Hay alternativas reales o estamos cambiando una dependencia por otra?

Existen alternativas pero no son soluciones rápidas, una de ellas es el reciclaje de tierras raras, pero sigue siendo muy limitado a escala global. Recuperar estos materiales de dispositivos electrónicos o infraestructuras al final de su vida útil es técnicamente bastante complejo y, hoy por hoy, poco rentable. Aun así, su potencial es significativo y se perfila como una de las pocas vías para reducir la presión sobre la extracción primaria a medio plazo.

Otra línea de trabajo pasa por usar menos materiales críticos. Ya se está investigando cómo diseñar motores e imanes que reduzcan o eliminen el uso de tierras raras, aunque esto por ahora significa sacrificar eficiencia o tamaño.

También se plantea otra idea menos llamativa pero más estructural, como es la eficiencia material, esto significaría producir tecnologías que duren más. No basta con fabricar más tecnologías “verdes”, importa cómo se diseñan y cómo se usan. Si los dispositivos duran más, necesitan menos materiales para ofrecer el mismo servicio (energía, movilidad, datos) y se instalan solo donde realmente aportan valor, la transición puede avanzar consumiendo menos recursos, no solo produciendo más.

El caso europeo y situación de España

Europa intenta reducir su dependencia exterior con nuevas estrategias de materias primas críticas, combinando minería, reciclaje y acuerdos internacionales.

En España, el debate suele ser incómodo, pero existen yacimientos relevantes de minerales estratégicos, aunque no siempre se trate de tierras raras puras.

La celestina (o celestita) es el principal mineral del estroncio, un material crítico utilizado en electrónica, imanes y aplicaciones industriales.

La cuenca de Granada alberga la mayor reserva de estroncio de Europa. Durante décadas fue explotada y situó a España como uno de los principales productores mundiales. Hoy sigue siendo un ejemplo claro de recurso estratégico con impacto territorial.

El wolframio, presente en zonas de Galicia y Castilla y León, es clave para aleaciones industriales de alta resistencia y aplicaciones tecnológicas avanzadas. El litio, especialmente en Extremadura, ha cobrado protagonismo en los últimos años por los proyectos vinculados a baterías y almacenamiento energético, aunque su desarrollo está rodeado de controversia por el impacto ambiental y social que supondría su extracción.

España no es una potencia en tierras raras, pero sí forma parte del mapa europeo de materiales críticos, con todo lo que eso implica en términos sociales y ambientales.

Lo que este debate cambia en cómo entendemos la transición ecológica

Hablar de tierras raras y materiales críticos cambia la forma en que entendemos la transición ecológica. Ya no se trata solo de producir más energía renovable, sino de asumir que detrás de cada tecnología hay recursos finitos, cadenas industriales complejas y decisiones que tienen consecuencias materiales y territoriales. La transición no es solo energética, es también industrial, económica y social.

Reconocer estos límites no frena el cambio, lo hace más realista. Una transición ecológica sólida no consiste en negar los costes, sino en entenderlos y repartirlos de forma consciente.

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