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¿Cuál es tu contribución a la huella de carbono de la industria digital?

Tenemos tan interiorizada la tecnología en nuestro día a día que no nos fijamos en la cantidad de veces que recurrimos a ella, pero menos aún en las emisiones que eso supone


Te despiertas por la mañana. Mientras luchas para que tus ojos se mantengan abiertos, haces 10 minutos de scroll en TikTok. Pasas de largo un vídeo sobre la huella de carbono de la industria digital y te centras en tu dosis de dopamina a base de trends de baile. Ya es suficiente, te sientes con fuerzas para levantarte, así que, después de lavarte un poco la cara, te preparas el desayuno y te sientas a revisar tu email mientras apuras la taza de café. Tienes 5 correos de publicidad de esos que nunca abres y un correo importante de esa amiga que te dijo que te pasaría los apuntes de su oposición. “Gracias, tía”, le contestas en otro mensaje.

Cuando terminas el desayuno, te vistes rápidamente y corres a la oficina. Ya vas tarde. Allí te toca mirar de nuevo el correo, esta vez el del trabajo. 20 mensajes, no está mal para un lunes. Estás terminando de leerlos cuando tu jefe se acerca a tu mesa y te pide un informe del último proyecto que has hecho en la empresa. Asientes con una sonrisa, pero en cuanto lo ves desaparecer empiezas a teclear la orden a ChatGPT para que él se encargue de hacerlo. Finalizas tu jornada y vuelves a casa mientras le mandas un par de whatsapp a tu pareja para decirle que ya vas de camino. Añades al final ese sticker del perrito bailarín que te gusta tanto. 

Ya en casa, charlas con tu pareja, haces algunas tareas y hablas con tu madre por teléfono. La llamada de 20 minutos de rigor. Luego entras a Instagram y te quedas mirando la foto estilo Ghibli que ha subido tu prima. ¡Qué morro, tú también quieres una! ChatGPT te la hace en un santiamén. Tu pareja ha terminado la cena. Os la tomáis viendo un capítulo de esa serie de Netflix que os tiene tan enganchados. Madre mía, ¡qué interesante se ha quedado! Venga, un capítulo más. Después, aunque no te faltan las ganas de ver un tercero, decides irte a la cama. Si no, mañana puede que necesites algo más de 10 minutos de scroll para espabilarte.

Contribuimos a nuestra huella de carbono digital tanto en el trabajo como en casa.
Contribuimos a nuestra huella de carbono digital tanto en el trabajo como en casa.

Todo depende de tus preferencias, tu situación y tu estilo de vida, pero es bastante probable que te haya sonado al menos una parte de esta historia. Podría ser el día de cualquier asalariado medio. Un día en el que, si nos fijamos, la tecnología está muy muy presente. Tanto que no deberías haber pasado de largo el vídeo de TikTok sobre la huella de carbono de la industria digital. Se trata de una huella que, quizás, podría parecernos baja para una persona en un día, pero somos miles de millones de personas en el mundo, cada cual con sus circunstancias.

La cantidad de CO2 y otros gases de efecto invernadero que emitimos a la atmósfera a causa de nuestra actividad digital es gigantesca. Lógicamente, en los tiempos que corren nos sería muy difícil vivir sin tecnologías. Dependemos de ellas para muchísimas cosas. Por eso, la solución no está en abandonarlas por completo; pero quizás sí en entender cuánto contaminamos con cada pequeño gesto, para elegir esos que estamos en disposición de cambiar para ayudar a nuestro planeta a respirar mejor.

¿Qué es la huella de carbono?

Vamos a calcular la huella de carbono de la industria digital, analizando cada uno de los gestos de la introducción de este artículo. Pero no podemos hablar sobre huella de carbono sin tener claro qué es esto exactamente.

La huella de carbono se define como la cantidad de gases de efecto invernadero que se liberan a la atmósfera como resultado de distintas actividades humanas. Aunque se habla de carbono, y más concretamente de CO2, en realidad se incluyen otros gases de efecto invernadero. Lo que ocurre es que, al hacer los cálculos, se calcula a cuánto CO2 equivaldrían el resto de gases para dejar una sola medida.

¿Cuál es la huella de carbono de la industria digital?

Según un estudio publicado en 2024, “el consumo medio global de navegación web, redes sociales, streaming de vídeo y música y videoconferencias podría representar aproximadamente el 40 % del presupuesto de carbono per cápita”. Este se calculó con el fin de limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de la época preindustrial. Es el límite del que no deberíamos pasar si no queremos que el calentamiento global ya no tenga prácticamente marcha atrás.

Buena parte de esas emisiones se reducirían si se descarbonizase la electricidad, sustituyendo los combustibles fósiles habituales por fuentes renovables de energía. Sin embargo, hoy por hoy no hay un suministro suficiente de estas fuentes, de modo que la huella de carbono de la industria digital puede seguir aumentando.

¿Cuáles serían las emisiones de una persona en un día?

No podemos hacer un cálculo exacto del dióxido de carbono que emite una persona en un día con su actividad digital. Sin embargo, lo que sí podemos hacer es una aproximación con un ejemplo como el que hemos visto en la introducción de este artículo. Vayamos paso a paso.

Aproximadamente, se calcula que la huella de carbono de pasar un minuto en TikTok es de 2,63 gramos por minuto. Dado que esta persona ha estado scrolleando 10 minutos, tenemos ya 26,3 gramos

Con respecto al correo electrónico, sabemos que el envío de un correo electrónico simple supone la emisión de 4 gramos de CO2. Si además tiene un archivo adjunto, la cifra asciende a 50 gramos. En enviar esos 5 emails de publicidad que borramos sin leer se invirtieron 20 gramos.

Por otra parte, el correo con los apuntes de las oposiciones lleva un adjunto, por lo que sumamos 50 gramos más. Y ojo, no hemos terminado. Le hemos contestado a nuestra amiga simplemente para darle las gracias. Eso son otros 4 gramos de CO2. Tenemos 94 gramos en total. Luego, en el trabajo, tenemos otros 20 correos. Supongamos que no tienen archivos adjuntos. Serían otros 80 gramos. 174 gramos en emails. 

La consulta a ChatGPT también tiene un precio medioambiental. De hecho, la IA se está convirtiendo poco a poco en uno de nuestros mayores emisoras de carbono digitales. Una sola consulta supone la emisión de 4,32 gramos de CO2

De vuelta a casa le mandas a tu pareja 2 mensajes de whatsapp y un tercero con un sticker. Cada uno de esos mensajes supone otros 0,2 gramos de CO2 a la atmósfera. 0’6 gramos en total

Ya en casa, decides pedirle una ilustración a ChatGPT. Generar una imagen mediante Inteligencia Artificial puede suponer 0,15 gramos de CO2. Después tienes la llamada de móvil, que supone unos 3,6 gramos de CO2 por minuto. La llamada es de 20 minutos, así que serían 72 gramos. 

Y para terminar: Netflix. Si bien se ha modificado bastante la informática detrás de los servicios de streaming para reducir su huella de carbono, sigue estando a niveles que se deben tener en cuenta. Por ejemplo, se calcula que, por media hora, se emiten 200 gramos de CO2. Supongamos que cada capítulo de la serie dura una hora. Se habrían emitido 800 gramos de dióxido de carbono. Es una contribución importante a la huella de carbono de la industria digital.

Por lo tanto, esta persona, que podría ser cualquiera de nosotros, ha emitido en un día 1.077,37 gramos de dióxido de carbono a la atmósfera. ¡Un kilo! En un año, serían alrededor de 400 kilos. 

Huella de carbono digital en un día (Gráfico de columnas)

¿Qué se puede hacer para disminuir esta huella de carbono?

La solución no está en vivir como amish. Las tecnologías nos ayudan mucho en nuestro día a día y es lógico que queramos e incluso debamos seguir usándolas. Sin embargo, hay algunas medidas que podemos tomar para reducir nuestra contribución a la huella de carbono de la industria digital.

Para empezar, aunque las redes sociales tienen muchas ventajas, es innegable que muchos empezamos a experimentar cierta dependencia de ellas. El scroll se apodera de nosotros. Por eso, sí que podríamos intentar ser más conscientes del tiempo que pasamos en redes sociales y, si consideramos que es demasiado, trabajar para disminuirlo en la medida de lo posible. 

Con respecto al correo electrónico, es una herramienta muy útil, pero deberíamos ser conscientes de las emisiones que supone. Si lo tenemos en mente, puede que nos desuscribiéramos de muchas de esas listas a través de las que nos llegan correos que no leemos. También es posible que dejásemos de contestar correos con un simple gracias. Nadie se va a enfadar si no lo hacemos. 

Por otro lado, tenemos la IA. Puede ser muy útil en campos tan variados como la medicina o la agricultura, e incluso en nuestro día a día. Pero nos estamos volviendo muy dependientes de preguntar todo a ChatGPT. A veces lo usamos como si fuese Google, a pesar de que las emisiones de una búsqueda rápida por esta vía son muchísimo menores. Otras veces simplemente charlamos con él, sin necesidad. Y en muchas ocasiones le pedimos que nos haga ilustraciones que no necesitamos. Podemos usarlo, pero teniendo en cuenta si en realidad ese uso es necesario para nosotros. Y no, tampoco le des las gracias. Este seguro seguro que no se enfada. 

Con whatsapp y las plataformas de streaming también pasa algo parecido. La solución no está en dejar de usarlas. El primero nos ayuda a comunicarnos de una forma más ágil y las segundas nos dan ese ratito de ocio que muchas veces necesitamos. Sin embargo, siempre podemos controlar el uso que hacemos, evitando mensajes innecesarios o pasando parte del tiempo que pasaríamos viendo series leyendo un libro o con cualquier otra tarea analógica. De verdad que no se trata de sustituirlas por completo, ese ocio también es necesario. Pero siempre podemos distribuir nuestro tiempo.

Y, para terminar, nos quedan las llamadas de teléfono. Ahí no hagas nada. Sigue llamando a tu madre. 

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