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¿Viajaremos al espacio? El turismo espacial y su impacto en el planeta

Si sigue avanzando como hasta ahora, no sería raro que el turismo espacial sea una opción vacacional más en el futuro, ¿pero cuál sería el precio ambiental si esto ocurriese?


Como cada mañana, a las 7:00 suena el despertador que le indica a Marta el comienzo de una nueva jornada laboral. Lo cierto es que su trabajo no le encanta, pero al menos paga las facturas. Esta vez, además, le cuesta especialmente levantarse. El último cambio de hora le ha sentado fatal. El Gobierno ha solicitado a la Unión Europea dejar por fin un horario fijo, esperemos que esta sea la última vez que haya que pasar por este calvario. Pero hay algo que sí anima a Marta a levantarse con algo más de ilusión que otras mañanas, pues su jefe les ha comentado que les va a dar una gran noticia. La única pista es que está relacionado con el turismo espacial. 

¿Qué podría ser? Ya han hecho varias convivencias espaciales de team building. Un par de salidas a la estratosfera, una visita a las ruinas de la Estación Espacial Internacional… Lo típico. Sin embargo, esta vez parece que será algo más gordo. Ojalá sea el fin de semana en la Luna que lleva soñando tanto tiempo. Sin duda, le vendrá bien para desconectar.

Cuando llega a la oficina, todos hablan de lo mismo. Bueno, de eso y de las últimas lluvias. La verdad es que apenas llevan 3 meses de 2215, pero las inundaciones no están dando tregua. Víctor, el de recursos humanos, había estado 4 días sin poder venir a trabajar, ya que su casa se quedó incomunicada. Por suerte, en esta ocasión todo quedó en un susto. Esta es la conversación entre Marta y Víctor cuando Tadeo, el CEO de la empresa, se acerca al corrillo de empleados para pedir su atención. Les va a dar la noticia que todos estaban esperando.

¡Una excursión única para el empleado del mes! Turismo espacial en todo su esplendor

Esa era la gran noticia. El empleado que capte más clientes a lo largo del mes recibirá el mejor de los bonus. ¡Un fin de semana en la Luna con todos los gastos pagados! El sueño de cualquier aficionado al turismo espacial.

La oficina irrumpe en un aplauso de emoción. Sin embargo, Sara, la chica de prácticas, no parece contenta. De hecho, cuando el sonido de los aplausos acaba por aplacarse del todo, levanta la mano. 

-Yo no participo- asegura con voz calmada cuando recibe el turno de palabra-. No voy a formar parte de nada que tenga que ver con el turismo espacial. 

De pronto, se hace el silencio en la oficina. Tadeo no le da importancia. “Una competidora menos”, es lo único que se atreve a articular. Dicho esto, con una simple mirada indica al resto que ha llegado el momento de volver a sus puestos. Después, él mismo se marcha a su despacho.

La mañana transcurre entre comentarios animados por el goloso premio para el empleado del mes y cuchicheos hacia Sara. Marta es la única que permanece en silencio. La respuesta tajante de la chica de prácticas la ha dejado sin palabras. ¿Cómo puede odiar tanto algo tan fascinante?

Es cierto que se rumorea que se llevó un buen susto cuando un pedazo de basura espacial cayó en su coche, pero estaba aparcado, sin nadie dentro, y se lo cubrió el seguro. Desde que los seguros de vehículo y hogar incluyen la basura espacial hay bastante más tranquilidad en ese aspecto.

Debe haber algún otro motivo para que Sara tenga esa inquina hacia el turismo espacial. Por eso, Marta toma una decisión. Le preguntará en cuanto paren para comer.

Una comida esclarecedora

A la hora de la comida, si hace buen día los empleados suelen salir a los jardines del edificio de la compañía para tomar sus tuppers. Marta normalmente se sienta en el césped con Víctor y María, una de sus compañeras del equipo de ventas. Sin embargo, en esta ocasión se acerca a Sara, que se había sentado sola en un banco.

Esta le hace un hueco y le sonríe. Al principio hablan de temas triviales, como el sol que por fin ha salido. Sin embargo, tras acabarse su filete de carne de ternera sintetizada en laboratorio, decide que ha llegado el momento de hacer la pregunta.

-¿Qué es eso que te molesta tanto del turismo espacial?

Sara sonríe de nuevo. Acaba de entender por qué esa compañera que normalmente solo le sonríe en el ascensor ha decidido comer con ella por primera vez. Aun así, no le molesta.

-Por fin nos hemos dado cuenta de la importancia de reducir el consumo de plásticos, utilizar vehículos eléctricos o viajar más en transporte público. Somos conscientes de lo que la contaminación le ha hecho y le sigue haciendo a nuestro planeta. Sin embargo, nos empeñamos en seguir destrozándolo con algo tan innecesario como el turismo espacial. 

-¿Tan contaminante es?

Por supuesto, Marta había leído sobre la contaminación que genera el turismo espacial. Pero pensaba que sería algo parecido a los aviones. Contaminan, pero si queremos ir al otro lado del mundo no nos queda más remedio que cogerlos de vez en cuando. Se lo hace saber a Sara, por lo que ésta decide explicárselo de la forma más clara posible: con cifras.

¿Qué dicen las cifras sobre la contaminación del turismo espacial?

Dejemos a estas dos compañeras en 2215 y volvamos a 2026. Porque, en realidad, son las cifras del presente las que mejor nos pueden ayudar a entender los peligros que supondrá el turismo espacial en el futuro.

La actividad espacial, sea del tipo que sea, es de las más contaminantes de nuestros tiempos. Se trata de una contaminación que ocurre a varios niveles. El primero es la fabricación y transporte de los vehículos espaciales. Según el Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) de Francia, estas dos actividades suponen el mayor aporte a las emisiones contaminantes derivadas de los viajes espaciales.

No obstante, está claro que el propio lanzamiento de estos vehículos, con la quema correspondiente de combustibles, libera en la atmósfera sustancias que contribuyen a factores como el deterioro de la capa de ozono o el efecto invernadero. 

Sumando las emisiones derivadas de la fabricación, el transporte y los lanzamientos, se calcula que en un año se liberan a la atmósfera 1,8 millones de toneladas de CO2 equivalente. Es decir, aunque no todos los gases que se emiten son dióxido de carbono, su nivel de contribución al calentamiento global es equivalente a 1,8 millones de toneladas de este gas.

Por todo esto, se calcula que los viajeros espaciales tienen un impacto en el calentamiento global de entre 2000–4600 GCE por hora, siendo GCE las siglas en inglés de equivalentes de ciudadanos globales. Los ciudadanos globales harían referencia a la contaminación de un ciudadanos medio.


Los viajeros espaciales contaminan notablemente más que el ciudadano medio.
Crédito: Carbajales-Dale et al.

El queroseno es el combustible que más contribuye a esta contaminación, ya que cuando se quema libera el peligroso carbono negro. Para colmo, se libera en la atmósfera superior, donde se calcula que su efecto es 500 veces más preocupante que en la atmósfera inferior.

Por ese motivo, se intenta reducir este combustible y sustituirlo por otros más amigables con la atmósfera. Aun así, los cohetes siempre emitirán vapor de agua y óxidos de nitrógeno, que, como el CO2, contribuyen al calentamiento global. Además, al salir de la atmósfera o entrar de nuevo en ella se generan partículas metálicas que afectan tanto a la capa de ozono como al clima

Todo esto ocurre con cualquier actividad espacial. El problema concreto del turismo espacial es que es innecesario. La exploración espacial es muy positiva para la humanidad. Por ejemplo, los satélites que se lanzan al espacio pueden ayudar a monitorizar en tiempo real los efectos del cambio climático. En lugares como la Estación Espacial Internacional se pueden realizar experimentos en condiciones de microgravedad que luego son útiles para el desarrollo de fármacos aquí en la Tierra

El turismo espacial no aporta gran cosa. Es cierto que podríamos compararlo con el turismo terrestre, que aporta la oportunidad de conocer lugares y culturas nuevos. Sin embargo, son muchos los expertos que consideran que el balance beneficio/riesgo no compensa.

Si las emisiones van a ayudar a producir nuevos fármacos, sí que lo hace, pero si el único beneficio es que alguien con suficiente dinero para pagar el billete pueda ver la Tierra desde arriba, el balance es claramente negativo.

No nos olvidemos de la basura espacial

Otro de los grandes riesgos de la actividad espacial, incluyendo el turismo espacial, es la basura que se forma a partir de restos de cohetes y satélites abandonados.

Cuando terminan de cumplir su función, en algunos casos se produce la reentrada controlada en la Tierra y se dejan caer los restos en lugares en los que no puedan hacer daño a nadie. Sin embargo, a veces se pierde el control de esa basura espacial. Se queda en órbita, dando vueltas y vueltas y pudiendo colisionar con otros objetos que sí estén funcionando, como los satélites o las estaciones espaciales. Eso puede poner en riesgo desde las telecomunicaciones hasta a los astronautas que estén llevando a cabo alguna misión. 

Además, en un momento dado se puede producir una reentrada descontrolada. Ya se han dado casos de fragmentos de basura espacial que han caído en lugares habitados. De hecho, en 2024 cayó uno dentro de una casa de Florida. No hubo que lamentar daños humanos, pero muchos expertos insisten en que es cuestión de tiempo. En un futuro, lo del coche de Sara no sería algo anecdótico. 


La basura espacial es un serio problema que empeorará con el paso del tiempo.
La basura espacial es un serio problema que empeorará con el paso del tiempo. Crédito: ESA

¿Hay soluciones para que el turismo espacial sea menos contaminante?

Algunas agencias espaciales privadas, como la famosa SpaceX de Elon Musk, están probando el uso de cohetes reutilizables. Esto disminuye dos factores problemáticos. Por un lado, la liberación de basura espacial y, por otro, las emisiones derivadas de la fabricación de nuevos cohetes. Aun así, estos vehículos tienen usos limitados. Si el turismo espacial llega a convertirse en algo mucho más recurrente que ahora, seguiría siendo necesario fabricar una gran cantidad de ellos.

Por otro lado, las naves y cohetes serán cada vez más ligeros y aerodinámicos, de tal manera que requieran un uso menor de combustible. Incluso se están investigando combustibles que por sí mismos sean menos contaminantes. Igual que se está logrando que los coches sean cada vez menos contaminantes, se conseguirá algo parecido con los cohetes a medida que se sigan utilizando. 

Sin embargo, como ya hemos visto, no se puede reducir por completo la liberación de sustancias peligrosas en las capas altas de la atmósfera. Por ese motivo, cuesta buscarle una justificación al turismo espacial.

Hoy en día es una excentricidad de unos pocos famosos y millonarios, como Katy Perry o Jesús Calleja. Sin embargo, a medida que se produzcan todos esos avances mencionados, también se buscarán formas de abaratar los costes, de modo que, quizás, llegue un punto en que un empresario se pueda permitir pagar un viaje de fin de semana a la Luna para su mejor empleado.

La historia con la que comienza este artículo es claramente ficticia y, por supuesto, es imposible saber si podrá ocurrir algo así. Pero los efectos perjudiciales del turismo espacial ya son una realidad hoy en día. Lo mejor que podría pasarle al planeta, tal y como están las cosas, es que algo así no llegue a producirse. 

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