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Cómo reducir la huella de carbono en 5 pasos sencillos

Todos tenemos una huella de carbono y para empezar a reducirla puede bastar con seguir algunos de estos sencillos consejos


Hace unos años puede que nos sonase a chino, pero hoy en día el concepto «reducir la huella de carbono» es mucho más conocido mundialmente. Al fin y al cabo, todos generamos huella de carbono. Básicamente, la huella de carbono se define como la cantidad de emisiones de dióxido de carbono que se liberan a la atmósfera a causa de nuestra actividad. No la liberamos nosotros directamente, pero contribuimos a que se libere a través de nuestras tareas del día a día o nuestros hábitos como consumidores. Por eso, si todos intentamos disminuir en la medida de lo posible nuestra huella de carbono, estaremos contribuyendo a la mejora del cambio climático. 

Es cierto que reducir la huella de carbono personal al máximo es incompatible con el estilo de vida que tenemos hoy en día. Debemos hacer lo posible por reducirla, pero teniendo siempre en cuenta que nuestra contribución es modesta en comparación con la de las grandes compañías e instituciones. Además, si reducir nuestra huella de carbono nos va a hacer la vida mucho más difícil, posiblemente sea un hábito duro de mantener. Por eso, debemos buscar el equilibrio, eligiendo esas partes de nuestra rutina diaria que se pueden cambiar moderadamente, sin alterar nuestra vida por completo, pero marcando claramente la diferencia a nivel ambiental.

Hay muchísimas formas de reducir la huella de carbono de forma individual; pero, para empezar, en este artículo vamos a ver cinco de ellas. 

Tira menos comida para reducir la huella de carbono

Aproximadamente, la industria alimentaria emite 17.318 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono a la atmósfera cada año. Estos gases se emiten en tareas como la producción de los alimentos, su manipulación y su transporte, entre otros factores. Buena parte de esas emisiones no se pueden evitar si queremos alimentar a la población mundial. El problema es que muchos de los alimentos que se obtienen a costa de esas emisiones acaban en la basura. No solo es muy poco ético si tenemos en cuenta la cantidad de personas que no tienen nada que echarse a la boca en el mundo. También es un desastre ambiental. 

Se calcula que cada persona desperdicia unos 74 kilos de comida al año. Eso supone, aproximadamente, la emisión de 3.000 millones de dióxido de carbono que no sirvieron para nada. Por eso, debemos buscar algunas estrategias útiles para reducir en la medida de lo posible los residuos de nuestra cesta de la compra. Aquí puedes leer algunos de esos trucos; pero, a grandes rasgos, la clave está en planificar las comidas para que no se nos eche a perder buena parte de lo que adquirimos. 

Si llevamos a cabo todas estas medidas, podemos llegar a reducir nuestra huella de carbono en unos 300 kg de dióxido de carbono por año

Para reducir la huella de carbono, come más verdura

La huella de carbono necesaria para obtener alimentos de origen animal es mucho mayor que la que se requiere para que podamos comer verduras. Por ejemplo, un filete de ternera supone casi 130 kg de CO2 equivalentes, mientras que 1 kg de tomates emite aproximadamente 1,4 kg de CO2 equivalentes. Cabe destacar que cuando hablamos de kilogramos de CO2 equivalentes hacemos referencia al potencial de calentamiento global de un determinado gas de efecto invernadero en relación con el dióxido de carbono, tomado como referencia. Dicho de otro modo, se expresa la cantidad de CO2 que tendría el mismo impacto en el calentamiento global que una cantidad específica de otro gas de efecto invernadero durante un período determinado, generalmente 100 años.

reducir la huella de carbono

Por todo esto, se calcula que pasar de una dieta omnívora a una totalmente vegetariana podría suponer reducir la huella de carbono de un individuo en alrededor de 500 kg de CO2 al año. Además, si la dieta fuese vegana la cifra sería aún mayor, de 900 kg de CO2 al año.

De cualquier modo, ni siquiera debemos cambiar por completo nuestra alimentación para percibir estos efectos. Hay un estudio muy interesante que lo demuestra y que, curiosamente, se llevó a cabo a raíz de una decisión de la Iglesia católica. 

Todo empezó en 2011, cuando los obispos de Inglaterra y Gales pidieron a sus feligreses que dejasen de comer carne los viernes para unirse a una antigua tradición católica que hoy en día está prácticamente en desuso. Ni todos los ingleses y galeses son católicos ni todos les hicieron caso. Aun así, un estudio realizado por la Universidad de Cambridge demostró que aquel pequeño cambio en una reducida parte de la población supuso una reducción de 55.000 toneladas al año en las emisiones de CO2 a la atmósfera. Estas personas no cambiaron por completo su dieta. Solo dejaron de comer carne un día a la semana, pero los resultados fueron más que claros. 

Podemos cuidar nuestras prendas para que nos duren más tiempo o tener lo que se conoce como un armario cápsula, con prendas muy ponibles, que nunca pasan de moda

Pásate a la ropa vintage

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, en 2020 las compras de la industria textil realizadas en Europa supusieron la emisión de 270 kg de emisiones de dióxido de carbono por persona. Como resultado, en ese año la UE generó 121 millones de toneladas de este gas de efecto invernadero. 

Por lo tanto, si queremos reducir la huella de carbono también es una buena idea analizar nuestro consumo en esta industria en busca de hábitos que podamos cambiar. Estos son, por ejemplo, cuidar nuestras prendas para que nos duren más tiempo o tener lo que se conoce como un armario cápsula, con prendas muy ponibles, que nunca pasan de moda. Así, nos durarán mucho más tiempo, podremos combinarlas de muchas formas y no tendremos que comprar tanta ropa. 

Por otro lado, podemos intercambiar ropa o comprarla de segunda mano. Lo vintage nunca pasa de moda. Y, por supuesto, si quieres reducir la huella de carbono en lo que a tu armario se refiere, intenta comprar prendas cuya producción haya sido ambientalmente responsable. 

Cambia tu forma de desplazarte

En España, el transporte supone el 30,7 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. En Europa se calcula que el porcentaje es similar, de un 28,5 %.Por lo tanto, está claro que es un punto en el que podemos hacer cambios para reducir la huella de carbono. ¿Pero cómo?

Todo depende de cómo nos desplazamos habitualmente. Si eres de esas personas que utilizan el coche hasta para la distancia más mínima, deberías empezar por cambiar ese hábito. Se calcula que las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera se reducen en 1 kg por cada 7 kilómetros cuando una persona cambia el coche por la bicicleta. Si no sabes montar en bici, no te gusta o tu ciudad está llena de cuestas, siempre puedes optar por el transporte público. Ese cambio equivale a 2,2 toneladas menos de dióxido de carbono por persona al año.

Por otro lado, intenta evitar en la medida de lo posible viajar en avión si la distancia que vas a recorrer es corta. Este medio de transporte libera a la atmósfera 192 gramos de CO2 por kilómetro y pasajero. De hecho, el transporte aéreo supone un 2 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Si no vas muy lejos, puede que tarde más en tren, pero el planeta te lo agradecerá. 

huella de carbono y transporte

Disminuye tu huella de carbono digital

Podríamos acabar este artículo aconsejándote que apuestes por las fuentes de energía renovables o que no pongas a tope el aire acondicionado. Pero esto, en menor o mayor medida, ya lo sabemos. 

Es mucho menos conocido cómo afecta a la huella de carbono nuestra actividad digital. Y es que el envío de un correo electrónico con un archivo adjunto de 1MB supone la emisión de 35 gramos de CO2. Una publicación en redes sociales, 0,02 gramos de CO2. La actividad mundial de Netflix libera al año 1,1 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera. Esto es equivalente a la energía que se necesita para abastecer de electricidad a una ciudad con 150.000 hogares. Y, por si fuese poco, la inteligencia artificial no mejora las cosas. Cuando creas una sola imagen mediante inteligencia artificial estás consumiendo la misma energía que cuando cargas tu teléfono móvil. 

Todo esto se entiende si tenemos en cuenta que los centros de datos consumen el 1 % de la demanda de electricidad de todo el mundo. Sobre todo influyen los sistemas de refrigeración, tan potentes que requieren mucha energía.

Solucionar este problema no supone desconectarnos digitalmente. En los tiempos que corren, sería prácticamente imposible. Pero sí hay algunas medidas que debemos tomar y que consisten, básicamente, en hacernos algunas preguntas. 

¿Ese correo electrónico que vas a enviar es realmente necesario o podría haberse comunicado de otra forma? ¿Todo lo que tienes en la nube es relevante? ¿Esa publicación de Tik Tok que quieres compartir es de fiar? Estamos de acuerdo en que vivimos en una época en la que las redes sociales forman parte de nuestras vidas y a veces son muy positivas para nosotros. Pero si vas a difundir un bulo, recuerda que no solo haces daño con la desinformación. También agredes al medioambiente con algo totalmente innecesario.

En cuanto a las plataformas digitales, no se trata de no tenerlas. ¿Pero usas todas las que tienes?

Por último, la Inteligencia Artificial puede sernos útil en algunos contextos. Ahora bien, ¿de verdad hacía falta que convirtiese tu cara en un dibujito de Disney? No solo estás dando pie a que se utilice sin consentimiento el trabajo de muchísimos artistas. Además, estás aumentando tu huella de carbono.

Si te haces todas estas preguntas, puedes reducir muchísimo tu huella de carbono digital. Prueba a hacerlo a partir de ahora. 

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