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Hemos interiorizado la Inteligencia Artificial (IA) en nuestras vidas hasta tal punto que la vemos como una más de nosotros. Sustituye a la amiga a la que le preguntas con qué zapatos conjuntaría ella un vestido, al profesor que te explica las dudas de su asignatura, al médico que te diagnostica o al psicólogo que te enseña a transitar tu malestar emocional.
El problema es que mientras le estás preguntando a esa amiga por los zapatos, puede que alguna de tus amigas de carne y hueso se sienta sola, que la IA puede inventarse la respuestas, que un médico difícilmente puede diagnosticarte sin verte o hacerte pruebas y que los algoritmos, al contrario que los psicólogos, nos dicen siempre lo que queremos oír. Todo eso es un problema, pero también lo es el consumo de agua de los centros de datos. Porque ni tu amiga, ni tu profesor, ni el médico, ni el psicólogo tienen circuitos que refrigerar. Los centros de datos que se usan para gestionar las cantidades ingentes de información que manejan los algoritmos de IA sí.
Dado que nos encontramos en plena revolución digital y que a la IA le queda aún mucho que avanzar, es importante buscar soluciones a este problema. El agua es un bien preciado y escaso y no podemos despilfarrarlo en pos de la tecnología. Ya hay muchos científicos investigando formas de desarrollar centros de datos que no necesiten tanta agua. Sin embargo, hasta que llegue el momento en el que estos sean realmente eficientes, somos los propios ciudadanos los que podemos aprender a usar los algoritmos con cabeza. No se trata de abandonarlos, pero sí de ser conscientes del gasto que suponen y aprender a usarlos de una forma inteligente.
¿A qué se debe el consumo de agua de los centros de datos?
El consumo de agua de los centros de datos se debe a dos razones principales. Por un lado, a la necesidad de refrigeración. Los servidores manejan tal cantidad de datos que se sobrecalientan mucho, por lo que se necesitan sistemas de refrigeración basados en agua para que puedan seguir funcionando.
Por otro lado, para que los centros de datos funcionen también se necesita mucha electricidad. Esta puede obtenerse de muchas formas. Por ejemplo, en muchos casos proviene de centrales térmicas en las que se calienta agua para obtener vapor y mover las turbinas con las que se obtiene electricidad. Una parte de esa agua se recicla, pero también hay mucha que se pierde en la evaporación, por lo que se debe reponer constantemente.
Una cifra vale más que mil palabras
Ya hemos visto que es importante que nos concienciemos sobre el consumo de agua de los centros de datos. Para eso, no hay nada como conocer algunas cifras relacionadas tanto con la escasez de agua como con su consumo por parte de los centros de datos. Quédate con estas cifras.
- Solo el 3 % del agua de la Tierra es dulce.
- Solo el 0,5 % de esa agua es accesible y segura.
- Según Naciones Unidas, en 2025 habrá 1.800 millones de personas viviendo con total escasez de agua.
- Los grandes centros de datos consumen alrededor de 19 millones de litros de agua al día.
- Sumando todos los centros de datos de Estados Unidos, se gastan 1.700 millones de litros de agua al día.
Para España no hay cifras oficiales como las de Estados Unidos. No obstante, podemos hacernos una idea teniendo en cuenta los centros de datos cuya instalación ya se ha programado en nuestro país.
Por ejemplo, solo el centro de datos que Meta planea construir en Talavera de la Reina gastaría 505 millones de litros de agua al año. El que Amazon instalará en Aragón gastará 36,5 millones de agua al año. En cuanto a Microsoft, tiene programado ubicar dos centros de datos en Madrid, uno en Meco que gastará 24,4 millones de litros de agua al año, y otro en Algete que hará lo propio con 34,6 millones de litros de agua al año. En total, se estarán consumiendo 602,5 millones de litros de agua anuales. Más o menos el consumo doméstico de una ciudad de 13.000 habitantes.
Pero estamos hablando solo de los grandes centros de datos que se van a construir. Actualmente ya hay 100 centros de datos funcionando en territorio español, por lo que la cifra será mucho mayor.

Los conflictos ya han empezado
En España aún hay pocos centros de datos. Sin embargo, otros países están saturados. Aproximadamente el 5 % de los centros de datos de todo el mundo están en Latinoamérica, especialmente en países como Brasil, Chile y México. En estas zonas se están construyendo con un ritmo tan acelerado que empieza a haber conflictos entre las compañías tecnológicas y las comunidades locales. Los vecinos se quejan de estar perdiendo suelos cultivables y de sufrir cortes tanto de luz como de agua. Esto se debe a que los centros de datos requieren tanta electricidad y tanta agua que se le acaba “robando” a los vecinos.
Una de las zonas más afectadas es Querétaro, en México, ya que es una región que de por sí está sometida a un gran estrés hídrico y que está viendo cómo las compañías tecnológicas la exprimen, literalmente, hasta la última gota.
La situación se ha hecho tan tensa que ha tenido que intervenir el Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos para solicitar regulaciones en este aspecto. La regulación europea es mucho más estricta, gracias al reglamento aprobado en marzo de 2024, por el cual los operadores deben enviar a la base de datos europea los principales indicadores de rendimiento de agua y energía de sus compañías. El objetivo es tomar a Europa como modelo, especialmente en esos lugares tan presionados por los centros de datos.
Las compañías no colaboran
Generalmente, las compañías no van a decidir colaborar voluntariamente, por eso es tan importante la legislación. De hecho, se han llevado a cabo estudios dirigidos a analizar la gestión de los recursos hídricos por parte de las grandes compañías informáticas en los que solo el 16 % de las empresas seleccionadas accedieron a dar información.
¿Hay soluciones para reducir el consumo de agua de los centros de datos?
Por suerte sí que hay soluciones para reducir el consumo de agua de los centros de datos. Es cierto que, de momento, muchas están en investigación y otras no se han podido llevar a una escala lo suficientemente grande. Sin embargo, el mero hecho de saber que existen y que se está trabajando en ellas deja lugar para la esperanza.
El free cooling requeriría llevar los centros de datos a países como Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca e Islandia
Una de esas soluciones es el free cooling. Este es un mecanismo bastante sencillo, ya que, básicamente, consiste en instalar los centros de datos en lugares en los que la temperatura ya sea bastante baja por sí misma. Así, se puede usar simplemente el aire exterior para refrigerar la planta. Para poder llevar a cabo el free cooling se necesitan temperaturas exteriores inferiores a los 20 ºC, por lo que habría que mover buena parte de los centros de datos de esos países latinoamericanos a otras ubicaciones, como Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca e Islandia. Muchas compañías ya se están llevando allí sus centros de datos, pero son pocos países para tanta necesidad tecnológica. Además, a medida que avance el cambio climático, habrá aún menos zonas disponibles.
Por eso, es importante buscar otras alternativas. Una de ellas, sin duda, es la refrigeración líquida, ya que con ella se reduce muchísimo el consumo de agua en comparación con los métodos habituales. Normalmente, para llevar a cabo la refrigeración de los chips de los centros de datos se utiliza un mecanismo similar a la sudoración humana. Se emplea agua que, al entrar en contacto con los dispositivos calientes, se evapora. Para pasar el agua de líquido a gas es necesario calor, que se extrae de esos chips, favoreciendo su enfriamiento. El problema es que, como el agua se evapora, debe reponerse constantemente. En cambio, con la refrigeración líquida se realiza el enfriamiento directamente con agua fría. Por ejemplo, se puede hacer por inmersión o a través de tuberías por las que fluye el agua fría, que se calienta, pero sin llegar a hervir. Eso permite que se pueda reutilizar muchas más veces.
¿Qué podemos hacer nosotros?
Nosotros también podemos reducir el consumo de agua en los centros de datos de una forma muy simple: pensando. Precisamente desde que la IA está en nuestras vidas tendemos a pensar menos. Esto no es una opinión, sino un dato contrastado. La IA nos está llevando a razonar menos y, sobre todo, a tener menos pensamiento crítico. Esto acaba convirtiéndose en un círculo vicioso, porque esa pérdida de pensamiento crítico también nos hace olvidarnos de que cada vez que le pedimos a la IA que nos haga una caricatura estamos usando el trabajo de uno o varios artistas que no han dado su consentimiento, a la vez que gastamos cantidades ingentes de electricidad y agua. Por eso, debemos preguntarnos algo muy sencillo: ¿de verdad necesitamos eso que le estamos pidiendo al algoritmo? O, si no, también podemos preguntarnos esto: ¿realmente me va a facilitar la vida lo que le estoy pidiendo al algoritmo o solo me va a hacer vivir en piloto automático?
No se trata de dejar de usar la IA, pero sí de utilizarla con cabeza. La revolución digital llega en un momento en el que la revolución verde es vital para el planeta. No podemos dejar que una nos arruine a la otra. Podemos conseguir que convivan entre ellas, pero siempre hagámonos esas preguntas. Si nos paramos a pensar en ellas solo un momento, puede que nos sorprendamos con las respuestas.


