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La desertificación ha dejado de ser una imagen lejana asociada al avance de las dunas o a paisajes remotos del norte de África.
El fenómeno de la desertificación en España se expresa de una forma más compleja, menos espectacular y, precisamente por eso, más difícil de percibir. Este fenómeno puede expresarse a través de la pérdida de suelo fértil, presión creciente sobre el agua, deterioro de acuíferos, abandono de usos tradicionales, incendios más severos, pérdida de biodiversidad y cambios profundos en la forma de ocupar y explotar el territorio.
Esa complejidad es la que aborda el recién publicado Atlas de la desertificación de España, una obra colectiva editada por Publicaciones de la Universidad de Alicante. El documento ofrece una mirada científica, cartográfica y divulgativa sobre uno de los grandes retos ambientales del país.
La desertificación no es el avance del desierto, sino la degradación de tierras áridas, semiáridas y subhúmedo-secas por la combinación de variaciones climáticas y actividades humanas
Un problema mal entendido
Durante décadas, la desertificación se ha interpretado de forma simplificada. En el imaginario colectivo suele confundirse con sequía, aridez o pérdida de suelo. Sin embargo, el concepto es más amplio.
De acuerdo con la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, se trata de la degradación de las zonas áridas, semiáridas y subhúmedo-secas como consecuencia de variaciones climáticas y actividades humanas.
Esta precisión es importante. Un territorio árido no está necesariamente desertificado. La aridez es una condición climática. La desertificación es un proceso de degradación. La diferencia está en la pérdida de productividad biológica, económica y de biodiversidad.
La desertificación es degradación de tierras por factores climáticos y humanos, distinta de aridez, con pérdida de productividad y biodiversidad.
Por eso, un paisaje seco puede estar en equilibrio, mientras que un territorio aparentemente verde puede ocultar un proceso de deterioro grave si depende de un uso insostenible del agua o de una presión excesiva sobre el suelo.
El Atlas de la desertificación de España insiste en esta idea. La desertificación no es el avance del desierto. Tampoco los desiertos son la etapa final de este proceso.
Incluso los propios desiertos pueden desertificarse si pierden funcionalidad ecológica o capacidad de sostener sus dinámicas naturales.
España se aridifica
El contexto climático es el primer telón de fondo. Según el Atlas, el mapa de aridez referido al periodo 1991-2020 muestra que prácticamente el 67 % del territorio español cumple la condición de zona árida en sentido amplio. Es decir, está dentro del rango climático en el que puede producirse desertificación.
Figura 1. Índice de aridez (1991-2000)

La mayor parte de esas zonas corresponden a territorios semiáridos y subhúmedo-secos. El dato no significa que dos tercios de España estén desertificados, pero sí que una parte muy relevante del país se encuentra en el ámbito climático donde la degradación de la tierra puede convertirse en desertificación si se combinan presiones ambientales y humanas.
La comparación con el periodo 1961-1990 deja un mensaje que puede encender diversas alarmas. La extensión de las zonas áridas ha aumentado más de cuatro puntos porcentuales. Además, aparece por primera vez la categoría hiperárida en España, principalmente localizada en Canarias. Esta categoría ya existía en algunas latitudes similares en África.
Lo indicado es una advertencia clara de que el cambio climático no solo incrementa las temperaturas, sino que modifica las condiciones de base sobre las que funcionan los ecosistemas, la agricultura, la disponibilidad de agua y la planificación territorial.
El agua, la gran cuestión invisible
El atlas sitúa al agua en el centro del debate. Tradicionalmente, la desertificación, en el ámbito mediterráneo, se ha relacionado sobre todo con la erosión del suelo. Pero en España existe otro proceso crítico: la degradación de los recursos hídricos, especialmente de las aguas subterráneas.
El país presenta extensas áreas con estrés hídrico alto o extremadamente alto. Este indicador mide la relación entre la demanda total de agua y su disponibilidad. En más del 42 % del territorio, el estrés es extremadamente alto.
El agua es clave en desertificación española, con estrés hídrico elevado, degradación de acuíferos y sobreexplotación que oculta deterioro bajo superficie.
El Atlas también indica un dato importante: el 40 % de las masas de agua subterránea están degradadas. Si el análisis se restringe a las zonas áridas, el porcentaje de masas de agua desertificadas asciende al 44 %.
En algunas demarcaciones, como la del Guadiana, la situación es todavía más grave. La sobreexplotación de acuíferos muestra que la desertificación puede estar bajo nuestros pies, aunque el paisaje superficial siga pareciendo productivo.
Figura 2. Situación de las masas de agua subterránea según los planes de tercer ciclo de las Confederaciones Hidrográficas.

El capital natural que tarda en recuperarse
El suelo es otro eje central en el análisis presentado por el Atlas. Por un lado, es el soporte físico de los cultivos o de la vegetación natural. Por otro, es una reserva de agua, carbono, biodiversidad y fertilidad.
La pérdida de suelo afecta a la producción agraria, al ciclo hidrológico, al cambio climático y a la capacidad de los ecosistemas para recuperarse.
En España, la erosión ha sido históricamente uno de los rostros más visibles de la desertificación. El Atlas indica que, según el Inventario Nacional de Erosión de Suelos, en el 42 % del territorio las pérdidas superan las cinco toneladas por hectárea y año, por encima del umbral máximo tolerable estimado para el país. En algunos casos, las pérdidas son mucho más importantes.
Figura 3. Erosión hídrica laminar estimada mediante el modelo RUSLE

La gravedad del proceso reside en la lentitud en la recuperación del suelo fértil. En ambientes áridos, la formación de suelo es extremadamente lenta. Una tormenta intensa sobre un terreno recién labrado, desnudo de vegetación y en pendiente puede llevarse en minutos una capa fértil que tardará siglos en reconstruirse.
La desertificación, por tanto, no es solo un problema ambiental: es también una pérdida de capital natural difícilmente reversible a escala humana.
La erosión del suelo reduce productividad y ecosistemas, con pérdidas elevadas y recuperación lenta, implicando capital natural difícilmente reversible total.
Bosques, incendios y abandono rural
La superficie forestal española ha aumentado en las últimas décadas, en gran medida por el abandono del medio rural.
A primera vista, este avance podría interpretarse como una buena noticia. Sin embargo, el Atlas introduce matices. En las zonas áridas, los espacios abiertos y los paisajes en mosaico pueden tener más sentido ecológico que una expansión forestal homogénea y cargada de combustible.
El abandono del pastoreo, la reducción de la extracción tradicional de leña y la menor gestión del monte han favorecido paisajes más continuos y vulnerables al fuego.
Actualmente los grandes incendios forestales son cada vez más preocupantes. Bajo condiciones de cambio climático, pueden ser más intensos, más difíciles de controlar y más destructivos para el suelo, la biodiversidad y la regeneración natural.
Figura 4. Frecuencia de incendios por municipio.

La desertificación, por tanto, también puede estar asociada al subuso del territorio. No solo degrada la sobreexplotación. También puede hacerlo el abandono brusco de sistemas agroforestales que durante siglos mantuvieron ciertos equilibrios ecológicos y paisajísticos.
El abandono rural aumenta masa forestal, favorece incendios intensos y desertificación por falta de gestión y pérdida de equilibrios tradicionales.
Un mapa construido con nuevas herramientas
La gran novedad del Atlas es la elaboración de un mapa de desertificación de España mediante una metodología innovadora.
Para ello, los autores recurren a técnicas de inteligencia artificial, concretamente a un modelo Random Forest, que aprende a partir de distintas evidencias de degradación y las relaciona con una serie de predictores biofísicos y socioeconómicos.
Figura 5. Flujo de trabajo de la metodología.

Entre esos predictores se incluyen:
- La aridez
- El estrés hídrico
- Los incendios
- La productividad del territorio
- La pérdida de masa forestal
- La densidad de población
- El regadío
- La densidad ganadera
- La influencia humana
- Y las sequías extremas
El resultado es un mapa de probabilidad de degradación que, al limitarse a las zonas áridas, se convierte en un mapa de desertificación.
El Atlas trabaja con diferentes umbrales de probabilidad. Con el umbral del 50 %, la degradación alcanzaría el 43,35 % del territorio español. Si se aplica estrictamente la definición de desertificación y se considera solo la degradación en zonas áridas, el porcentaje de zonas áridas degradadas asciende al 60,94 %.
Con umbrales más conservadores, del 70 % y del 90 %, las cifras se reducen, pero el diagnóstico sigue siendo contundente: la degradación se concentra de forma muy mayoritaria en las zonas áridas.
El mapa de la desertificación usa inteligencia artificial para estimar desertificación, integrando variables biofísicas y socioeconómicas, mostrando alta degradación concentrada en zonas áridas.
Figura 6. Mapa de probabilidad de desertificación en España aplicando el umbral del 50%

Una herramienta para decidir
El Atlas de la desertificación de España llega en un momento importante.
La Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación necesita instrumentos que ayuden a localizar el problema, medir su intensidad y orientar las políticas públicas.
Sin mapas fiables, la acción queda debilitada. Sin comprensión social, las medidas pueden llegar tarde o ser insuficientes.
La publicación no se presenta como una verdad cerrada, sino como una propuesta científica abierta al debate y a la mejora. Sus autores reconocen las dificultades de cartografiar un fenómeno tan complejo, sujeto a escalas temporales distintas, referencias históricas cambiantes y múltiples dimensiones de degradación.
Pero precisamente ahí reside su valor. El Atlas ofrece una base para mirar el territorio con más precisión. Ayuda a entender que la desertificación no es solo una cuestión de paisajes secos, sino de cómo usamos el agua, cómo protegemos el suelo, cómo gestionamos los montes, cómo producimos alimentos, cómo ocupamos el litoral y cómo conectamos nuestro consumo con los territorios que soportan sus impactos.
España no puede permitirse tratar la desertificación como un problema lejano. Está ya en sus acuíferos, en sus suelos erosionados, en sus incendios, en sus regadíos tensionados, en sus territorios abandonados y en sus zonas urbanas cada vez más desconectadas de los límites ecológicos que las sostienen, aunque ¿seremos capaces de hacer frente a este proceso silencioso?
¿Qué es la desertificación en España?
La desertificación es el proceso de degradación de las tierras áridas, semiáridas y subhúmedo-secas provocado por la combinación de variaciones climáticas y actividades humanas. No significa el avance del desierto, sino la pérdida de productividad del suelo, biodiversidad y recursos naturales.
¿Cuál es la diferencia entre desertificación y aridez?
La aridez es una condición climática natural, mientras que la desertificación es un proceso de degradación del territorio. Un área árida puede mantenerse en equilibrio ecológico sin estar desertificada.
¿Qué porcentaje de España se encuentra en zonas áridas?
Según el Atlas de la desertificación de España, alrededor del 67 % del territorio español se encuentra dentro de zonas áridas, semiáridas o subhúmedo-secas, donde pueden desarrollarse procesos de desertificación.
¿Por qué el agua es un factor clave en la desertificación?
El agua es uno de los elementos más afectados por la desertificación. El estrés hídrico, la sobreexplotación de acuíferos y la degradación de las aguas subterráneas reducen la capacidad de los ecosistemas y del territorio para mantenerse productivos.
¿Cómo influye la erosión del suelo en la desertificación?
La erosión elimina la capa fértil del suelo, reduce la productividad agrícola y dificulta la recuperación de los ecosistemas. En ambientes áridos, la formación de nuevo suelo puede requerir siglos.
¿Qué relación existe entre los incendios forestales y la desertificación?
Los grandes incendios pueden acelerar la pérdida de suelo, reducir la biodiversidad y dificultar la regeneración natural. Además, el abandono de la gestión tradicional del monte favorece la acumulación de combustible vegetal y aumenta el riesgo de incendios más intensos.
¿Cómo se ha elaborado el nuevo mapa de la desertificación en España?
El Atlas de la desertificación de España utiliza una metodología basada en inteligencia artificial mediante un modelo Random Forest que combina variables como la aridez, el estrés hídrico, los incendios, el uso del suelo, la densidad de población y otros indicadores ambientales y socioeconómicos.
¿Por qué el Atlas de la desertificación de España es importante?
Porque proporciona una cartografía científica que ayuda a identificar las zonas más vulnerables, mejorar la planificación territorial y orientar las políticas públicas de lucha contra la desertificación con información más precisa y actualizada.


