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Piensa en una rama de olivo que se poda, se apila junto a otras y, tarde o temprano, acaba triturada, descomponiéndose o quemándose al aire libre. A simple vista parece que no se puede hacer mucho con ella. Sin embargo, ese resto vegetal contiene carbono procedente del CO₂ de la atmósfera que la planta tardó en acumular años.
¿Y si pudiéramos conservar una parte de ese carbono en lugar de devolverlo rápidamente al aire?
Esa es una de las ideas que hay detrás del biochar, también conocido como biocarbón. Un material negro, ligero y muy poroso que puede fabricarse a partir de restos agrícolas, forestales y otras biomasas.
Aunque su aspecto recuerde al carbón de una barbacoa, su interés va mucho más allá. Puede utilizarse para mejorar determinadas propiedades del suelo, aprovechar residuos orgánicos y, bajo las condiciones adecuadas, mantener almacenado durante mucho tiempo parte del carbono que las plantas retiraron de la atmósfera.
Precisamente por esta última característica, el biochar ha pasado de ser una curiosidad agrícola a formar parte del debate sobre las tecnologías de retirada de CO₂.
¿Qué es el biochar y para qué sirve?
El biochar es un material sólido y rico en carbono que se obtiene calentando biomasa a altas temperaturas y con una cantidad muy limitada de oxígeno, mediante un proceso denominado pirólisis.
La materia prima puede proceder de restos de poda, residuos forestales, cáscaras, paja, estiércoles y otros materiales orgánicos adecuados.
Su estructura es una de las claves. Al observarlo de cerca encontramos un material lleno de pequeños poros que le proporcionan una elevada superficie interna.
Esto permite que interactúe con el agua, los nutrientes y los microorganismos cuando se incorpora al suelo. Pero además ocurre otra cosa importante: durante la pirólisis, una parte del carbono de la biomasa se transforma en estructuras químicas mucho más resistentes a la degradación.
Así aparecen sus dos aplicaciones más conocidas:
- Por un lado, utilizar el biochar como enmienda para determinados suelos.
- Por otro, conservar durante periodos prolongados parte del carbono que previamente había capturado la vegetación.

¿Biochar, biocarbón y carbón vegetal son lo mismo?
Biochar y biocarbón suelen utilizarse como equivalentes, pero para el carbón vegetal hay que introducir un matiz.
Los tres pueden obtenerse mediante procesos térmicos similares, pero no necesariamente se producen con el mismo objetivo ni bajo los mismos controles.
- El carbón vegetal convencional suele fabricarse principalmente como combustible
- En el biochar importan especialmente el origen de la biomasa, las condiciones de pirólisis, su composición, la presencia de contaminantes y el uso final
Por eso, no cualquier carbón vegetal puede considerarse automáticamente un biochar adecuado para incorporarlo al suelo o almacenar carbono.
¿De dónde viene el biochar?
Aunque hoy hablemos de pirólisis, almacenamiento de carbono o certificaciones climáticas, la idea tiene raíces mucho más antiguas.
Uno de los antecedentes más conocidos se encuentra en las llamadas terras pretas de la Amazonia. Son suelos oscuros y particularmente fértiles asociados a antiguos asentamientos humanos, donde se encuentran carbón, restos orgánicos, fragmentos cerámicos y otros materiales incorporados durante generaciones.
Estos suelos despertaron una pregunta interesante entre los investigadores. ¿Podía el carbón incorporado al terreno contribuir a conservar carbono y modificar sus propiedades durante periodos extraordinariamente largos?
El biochar moderno no es simplemente una reproducción de aquellas terras pretas. La producción actual de biochar utiliza procesos controlados y busca características concretas en función del uso final.
Carbonizar biomasa puede cambiar profundamente la forma en la que el carbono atrapado en esa biomasa se comporta con el paso del tiempo.
¿Cómo se realiza el biochar?
El proceso comienza con la biomasa. Piensa de nuevo en la rama de olivo del inicio y en otros restos de poda del olivar.
En condiciones naturales, esos restos acabarían descomponiéndose. También podrían triturarse, compostarse, utilizarse para generar energía o incluso quemarse. Para producir biochar hay que seguir otro camino.
La biomasa se introduce en un reactor y se calienta a varios cientos de grados con muy poco o ningún oxígeno disponible. Este proceso se denomina pirólisis.
La falta de oxígeno es fundamental. Si quemásemos completamente la madera, buena parte de su carbono terminaría rápidamente convertido en CO₂. Durante la pirólisis, en cambio, la biomasa se transforma sin llegar a una combustión completa.
El resultado no es solamente biochar. También pueden generarse gases y líquidos combustibles que, en instalaciones diseñadas para ello, pueden utilizarse para proporcionar parte de la energía necesaria para el propio proceso.
Cómo se fabrica el biochar

Esto convierte al proceso en un ejemplo interesante de economía circular. Un material que podía considerarse residuo entra en un nuevo ciclo productivo y puede generar diferentes productos aprovechables.
Pero que el proceso sea circular no significa automáticamente que sea sostenible. El origen de la biomasa, las distancias de transporte y la eficiencia de la instalación siguen siendo importantes.
¿Por qué el biochar puede capturar carbono?
Aquí conviene corregir una idea bastante habitual.
El biochar no captura directamente el CO₂ del aire. Lo hacen las plantas.
Durante su crecimiento, la vegetación absorbe CO₂ mediante fotosíntesis y utiliza ese carbono para construir troncos, ramas, raíces, hojas o frutos.
Es lo que conocemos como CO₂ biogénico, cuyo comportamiento dentro del ciclo del carbono es diferente al del carbono fósil.
Cuando una rama muere y se descompone, buena parte de ese carbono acaba regresando a la atmósfera. El biochar modifica ese recorrido.
La pirólisis transforma una fracción del carbono original en formas mucho más resistentes a la degradación biológica. Si ese material se conserva en un suelo o en otro destino estable, una parte del carbono permanece fuera de la atmósfera durante mucho más tiempo.
Podemos visualizarlo así:

Por eso es más preciso hablar de almacenamiento o retirada de carbono mediante biochar que decir simplemente que el carbón “absorbe CO₂”.
¿Cuánto tiempo permanece almacenado ese carbono?
No existe una fecha de caducidad universal.
La estabilidad depende de factores como la materia prima, la temperatura de pirólisis, la composición química del biochar, el suelo y las condiciones ambientales.
Algunos estudios estiman que aproximadamente entre un 54 % y un 84 % del carbono contenido en determinados biochars podría permanecer estable durante al menos 100 años. A escalas de un milenio la fracción estimada disminuye considerablemente.
La horquilla es importante porque evita una simplificación frecuente, no todo el carbono presente en una tonelada de biochar permanecerá almacenado para siempre.
Precisamente por eso se analizan propiedades químicas del producto para estimar qué fracción puede considerarse estable.
¿Cuánto carbono puede almacenar realmente el biochar?
Tampoco aquí existe una cifra que podamos aplicar a cualquier producto.
Un estudio que analizó el biochar como estrategia de emisiones negativas estimó que una tonelada incorporada al suelo podía evitar entre 1 y 2,2 toneladas de CO₂ equivalente durante un horizonte de 100 años, dependiendo de las características del sistema.
Otro análisis de ciclo de vida publicado en 2026 sobre una instalación agrícola calculó 350 toneladas de CO₂ equivalente almacenadas anualmente mediante la producción de 300 toneladas de biochar.
Son cifras útiles para comprender el orden de magnitud, pero no deben utilizarse como factores universales.
| Indicador | Valores observados en estudios | ¿Qué nos dice? |
|---|---|---|
| CO₂e asociado a 1 t de biochar | 1–2,2 tCO₂e/t | Orden de magnitud observado en un estudio de aplicación al suelo |
| Biochar producido | 300 t/año | Caso analizado en una instalación agrícola |
| CO₂e almacenado | 350 t/año | Resultado estimado mediante análisis de ciclo de vida |
| Horizonte habitual de permanencia | ≥100 años | Referencia relevante para evaluar retiradas duraderas |
Fuente: estudios de análisis ambiental y ciclo de vida. Los resultados dependen de materia prima, tecnología, transporte, características del biochar y destino final.
La diferencia entre carbono contenido y carbono retirado de forma neta es esencial.
Hay que descontar las emisiones generadas al recoger y transportar la biomasa, operar la planta, acondicionar el producto y llevarlo hasta su destino. También hay que calcular qué habría ocurrido con esa biomasa si no se hubiera utilizado.
Solo después de analizar todo el sistema podemos hablar con rigor de retirada neta de CO₂.
¿Para qué se utiliza el biochar además de capturar carbono?
El almacenamiento de carbono está impulsando buena parte del interés reciente, pero no fue la razón inicial por la que empezó a estudiarse.
Su principal campo de aplicación sigue estando relacionado con los suelos y la agricultura.
Agricultura y suelos
La estructura porosa del biochar puede modificar propiedades físicas y químicas del terreno.
Dependiendo del producto y del suelo, puede ayudar a retener agua y determinados nutrientes, modificar el pH o favorecer espacios donde se desarrollan comunidades microbianas.
Esto resulta especialmente interesante en suelos degradados, pobres o con determinadas limitaciones.
Aprovechamiento de residuos agrícolas y forestales
Poda, cáscaras, paja y otros restos vegetales pueden convertirse en materia prima.
Aquí el biochar conecta directamente con la bioeconomía forestal y la economía circular. No se trata de producir biomasa expresamente para carbonizarla, sino de encontrar aplicaciones de mayor valor para determinados flujos que ya existen.
Eso sí, llamar “residuo” a algo tampoco significa que esté disponible sin consecuencias. Los restos vegetales pueden tener otras funciones, desde conservar nutrientes y materia orgánica en el terreno hasta servir como materia prima para otras industrias.
Materiales, agua y nuevas aplicaciones
El biochar también está encontrando caminos fuera del campo.
Se investiga y utiliza en diferentes grados como material adsorbente para tratamiento de aguas, componente de determinados materiales de construcción o materia prima para productos industriales.
En estos casos aparece otra cuestión interesante. Si el biochar se incorpora a un producto de larga duración, parte de su carbono también puede permanecer almacenado mientras ese producto siga existiendo.
¿Qué beneficios puede aportar el biochar al suelo?
La imagen de un material capaz de convertir cualquier terreno pobre en suelo fértil resulta atractiva, pero la realidad es más interesante y también más compleja.
El biochar no funciona igual en todos los suelos
Un metaanálisis publicado en 2023, basado en 381 conjuntos de datos procedentes de 63 estudios, encontró:
- Aumentos medios del 14,45 % en rendimiento agrícola
- Aumentos del 14,28 % en eficiencia en el uso del agua
- Aumentos del 13,97 % en eficiencia del nitrógeno
Otro metaanálisis encontró un aumento medio del rendimiento del 16,74 % y observó mejores respuestas en suelos de baja fertilidad, textura gruesa y elevada acidez.
No significa que añadir biochar aumente automáticamente una cosecha un 15 %. Precisamente los estudios muestran una enorme variabilidad de resultados.
En determinados terrenos su porosidad puede favorecer la retención de agua. En otros puede mejorar la disponibilidad de nutrientes o modificar favorablemente el pH. Y existen situaciones donde el efecto es pequeño o prácticamente inexistente.
Un metaanálisis anterior encontró un incremento medio de productividad cercano al 10 %, pero los resultados individuales oscilaron aproximadamente entre −28 % y +39 %.
Esa amplitud probablemente sea el dato más útil de todos.
La pregunta correcta, por tanto, no es únicamente “¿funciona el biochar?”, sino qué biochar funciona, en qué suelo, con qué cultivo y en qué cantidad.
¿Cuáles son las desventajas del biochar?
El biochar tiene potencial, pero producir un material negro a partir de biomasa no garantiza automáticamente un buen resultado. Una primera limitación es precisamente su variabilidad.
Un biochar producido con madera a determinada temperatura puede tener propiedades muy diferentes a otro fabricado con paja, estiércol o residuos agrícolas.
También existe el riesgo de contaminantes si se utilizan materias primas inadecuadas o procesos mal controlados. Por eso los estándares de calidad establecen límites para sustancias como metales pesados y determinados compuestos orgánicos.
Hay además una cuestión logística. Transportar grandes cantidades de biomasa de baja densidad durante cientos de kilómetros puede aumentar costes y emisiones. Por eso los sistemas que utilizan residuos disponibles cerca de la instalación tienen una ventaja evidente.
Y finalmente está su aplicación agrícola. Como hemos visto, más biochar no significa necesariamente mejores resultados. Su comportamiento depende del suelo, el cultivo y las propiedades concretas del producto.
Estas limitaciones no convierten al biochar en una mala solución. Simplemente explican por qué resulta más útil hablar de sistemas de biochar bien diseñados que del biochar como una solución universal.
Resulta más útil hablar de sistemas de biochar bien diseñados que del biochar como una solución universal
¿Cuánto cuesta el biochar?
Esta pregunta tiene una respuesta poco satisfactoria, pero importante, no existe un precio único por tonelada de biochar.
El precio depende de la materia prima, la escala de producción, la tecnología de pirólisis, la calidad del producto, el formato comercial, la certificación, la cantidad comprada y, especialmente, el transporte.
Una tonelada adquirida a granel por una explotación agrícola no es comparable con pequeños sacos de biochar preparado para jardinería.
Además, encontramos tres precios diferentes que conviene no mezclar.
| Concepto | Ejemplo disponible | Unidad | ¿Qué representa? |
| Biochar comercial | Muy variable | €/t biochar | Precio del producto físico |
| Producción agrícola analizada | Variable según instalación | €/t biochar | Coste de fabricar el material |
| Retirada de carbono en un estudio de 2026 | £226 | /tCO₂e | Coste estimado de retirar una tonelada de CO₂e |
| Crédito de carbono mediante biochar | Variable según mercado y certificación | /tCO₂e | Valor de una retirada certificada |
Por eso una cifra encontrada en internet puede parecer incompatible con otra cuando, en realidad, están midiendo cosas diferentes.
¿Cuánto vale una tonelada de biochar?
El precio comercial puede variar enormemente y no existe actualmente una referencia única suficientemente representativa para afirmar que “una tonelada de biochar cuesta X euros”.
El transporte puede tener un peso considerable porque estamos hablando de un material voluminoso. La calidad y la certificación también pueden incrementar su precio.
En proyectos agrícolas grandes, además, tiene más sentido analizar el coste completo por hectárea y los posibles beneficios agronómicos que mirar únicamente el precio por tonelada.
Biochar y créditos de carbono no tienen el mismo precio
Esta distinción será cada vez más importante.
Una tonelada de biochar y una tonelada de CO₂ retirada no son equivalentes.
Un productor puede vender el material para agricultura o industria y, si cumple determinadas metodologías, acreditar además la retirada neta de una cantidad determinada de carbono.
Ese segundo mercado necesita demostrar qué biomasa se utilizó, qué habría ocurrido con ella, cuántas emisiones generó el proceso y cuánto carbono permanece realmente almacenado.
¿Qué papel puede tener el biochar en la transición ecológica?
El interés del biochar aparece cuando dejamos de mirarlo como un producto aislado.
Podemos tener un residuo agrícola o forestal que necesita gestionarse. Ese residuo contiene carbono biogénico. La pirólisis permite transformar parte de él en un material estable y aprovechar energéticamente otra parte del proceso.
Después, ese material puede regresar al suelo o incorporarse a otros productos.
Residuo → recurso → energía → material → almacenamiento de carbono.
Es una cadena especialmente interesante en territorios agrícolas y forestales donde existen grandes cantidades de biomasa residual.
También encaja con una transición energética que tendrá que mirar más allá de producir electricidad renovable. Como hemos visto al analizar la transición energética y sus consecuencias, gestionar los flujos de materiales y aprovechar los residuos será igualmente importante.
¿Puede considerarse una tecnología de emisiones negativas?
Sí, el biochar puede generar retiradas netas de carbono cuando todo el sistema almacena más CO₂ del que emite. Ese “cuando” es fundamental.
En 2026 la Unión Europea dio un paso importante al incluir el Biochar Carbon Removal (BCR) entre las primeras tecnologías con metodología específica dentro de su marco europeo de certificación de retiradas de carbono (CRCF), junto con tecnologías como DACCS y BioCCS.
La UE considera estas categorías como retiradas permanentes, entendidas como aquellas capaces de mantener carbono almacenado de forma segura durante siglos.
Esto no convierte automáticamente cualquier saco de biochar en una retirada certificada de CO₂.
Para conseguirlo hay que demostrar la procedencia sostenible de la biomasa, cuantificar las emisiones de todo el proceso, calcular la cantidad y estabilidad del carbono y garantizar un destino adecuado.
La certificación intenta responder precisamente a la pregunta que realmente importa: ¿cuánto CO₂ hemos retirado de la atmósfera después de contar todo lo demás?
¿Qué se está haciendo con biochar en España?
España tiene una característica que hace especialmente interesante esta tecnología: produce enormes cantidades de residuos agrícolas y forestales.
Pensemos solamente en el olivar de antes.
Un estudio sobre la gestión de restos de poda estimó que los olivares andaluces de secano generan aproximadamente entre 1,3 y 3 toneladas de poda por hectárea, lo que supondría entre 1,95 y 4,5 millones de toneladas para el conjunto de Andalucía.
Una parte de esta biomasa puede tener otros destinos, pero las cifras ayudan a comprender la escala del recurso.
Y precisamente el olivar se está convirtiendo en uno de los campos de investigación más interesantes.
Del olivar andaluz al almacenamiento de carbono
En 2026 se publicó un análisis de ciclo de vida que estudió la combinación de biochar producido con residuos de la cadena del aceite de oliva y sistemas agrivoltaicos en olivares de Andalucía.
Los investigadores plantearon cinco escenarios diferentes teniendo en cuenta tanto la disponibilidad de biomasa como el despliegue fotovoltaico.
En el escenario analizado más favorable, la incorporación de biochar transformaba el balance climático del agroecosistema desde unas emisiones netas estimadas de 2,14 tCO₂e por hectárea hasta −7,90 tCO₂e por hectárea.
Es un resultado de modelización, no significa que cualquier olivar vaya a alcanzar automáticamente esas cifras.
Pero muestra algo especialmente interesante para España: el biochar puede conectar problemas que normalmente analizamos por separado.

Restos de poda que necesitan gestión, suelos sometidos a erosión y escasez de agua, agricultura, producción energética y almacenamiento de carbono pueden formar parte del mismo sistema.
Además, universidades y centros españoles están investigando materias primas muy ligadas a nuestra agricultura. Trabajos recientes han estudiado, por ejemplo, biochar producido a partir de orujo de oliva para aplicaciones de captura y adsorción de CO₂.
La oportunidad española, por tanto, probablemente no esté en producir biochar de cualquier manera y en cualquier lugar, sino en identificar flujos locales de biomasa donde su transformación tenga sentido agrícola, económico y climático.
Preguntas frecuentes sobre el biochar
¿Qué es biochar y para qué sirve?
El biochar es un material rico en carbono obtenido mediante la pirólisis de biomasa con muy poco oxígeno. Se utiliza principalmente como enmienda del suelo y también puede servir para almacenar durante largos periodos parte del carbono capturado previamente por las plantas.
¿Cuánto vale una tonelada de biochar?
No existe un precio universal por tonelada. Depende de la materia prima, calidad, certificación, escala de compra, formato y transporte. Por eso es recomendable comparar productos equivalentes y no utilizar una única cifra como referencia general.
¿Qué precio tiene el biochar?
El biochar puede comercializarse a precios muy diferentes dependiendo de si se vende a granel para agricultura o en pequeños formatos para jardinería y aplicaciones especializadas. También debe distinguirse su precio comercial del valor de los créditos de retirada de carbono que pueda generar un proyecto certificado.
¿Cuáles son las desventajas del biochar?
Sus principales limitaciones son la variabilidad entre productos, los costes de producción y transporte, la posibilidad de contaminantes cuando se fabrica incorrectamente y unos resultados agrícolas que dependen mucho del tipo de suelo, cultivo y dosis aplicada.
¿Cómo se realiza el biochar?
Se fabrica calentando biomasa a varios cientos de grados en un ambiente con muy poco oxígeno mediante un proceso llamado pirólisis. Parte de la biomasa se convierte en un material sólido y rico en carbono mientras también se generan gases y otros productos aprovechables.
¿El biochar es lo mismo que el carbón vegetal?
No exactamente. Aunque ambos pueden producirse mediante procesos similares, el carbón vegetal suele destinarse a combustible mientras que el biochar se fabrica y caracteriza para usos ambientales, agrícolas o de almacenamiento de carbono.
¿El biochar captura CO₂?
Indirectamente. Las plantas capturan CO₂ mediante fotosíntesis y almacenan su carbono en la biomasa. La producción de biochar permite transformar una parte de ese carbono en formas más resistentes a la degradación y conservarlo durante periodos prolongados.
¿Se puede utilizar cualquier biomasa para fabricar biochar?
No. La materia prima determina buena parte de las propiedades y posibles contaminantes del producto final. Los biochars destinados al suelo o a proyectos certificados deben cumplir requisitos específicos sobre materias primas, composición y proceso de fabricación.
Convertir residuos en tiempo
Volvamos a aquella rama de olivo que nos ha acompañado todo el artículo.
Podemos verla simplemente como un residuo que hay que retirar del campo. También podemos verla como biomasa, energía potencial, nutrientes y carbono que la planta fue acumulando mientras crecía.
El biochar propone cambiar el destino de una parte de ese carbono.
No elimina la necesidad de reducir las emisiones fósiles ni convierte cualquier residuo vegetal en una solución climática. Tampoco todos los suelos necesitan biochar ni todas las biomasas deberían terminar en una planta de pirólisis.
Su interés está precisamente en elegir dónde tiene sentido utilizarlo.
Cuando existe biomasa residual adecuada, el proceso es eficiente, las distancias son razonables y el producto encuentra un destino útil y duradero, una cadena que comenzaba con un residuo puede terminar almacenando carbono y generando valor para el territorio.
Quizá esa sea la característica más singular del biochar. No inventa una nueva forma de capturar CO₂. Aprovecha la que los árboles y las plantas llevan millones de años utilizando y modifica lo que sucede después.
Convierte biomasa en carbono estable. Y, en cierta forma, convierte carbono en tiempo.


