Minería urbana qué es y por qué nuestras ciudades son auténticas minas de materiales

La minería urbana propone mirar nuestras ciudades de otra manera, como enormes depósitos de materiales que ya fueron extraídos y que todavía pueden volver a tener valor


Abres un cajón buscando un cable y aparecen dos teléfonos antiguos. Uno todavía funciona, aunque ya no lo utilizas. El otro lleva años esperando una segunda vida que probablemente nunca tendrá. Cerca seguro hay algún cargador obsoleto y, con un poco de suerte, un ordenador portátil que algún día tienes pensado reparar.

No parece una mina. Pero hay cobre, aluminio, oro, plata y otros materiales concentrados en esos objetos. Ahora amplía la mirada hacia el edificio, los coches de la calle, las tuberías, los cables eléctricos, las baterías o las infraestructuras de toda la ciudad, la mina ahora es más grande.

Durante décadas hemos extraído materiales de minas repartidas por el planeta para concentrarlos poco a poco en los lugares donde vivimos.

Ahora empezamos a preguntarnos si parte de esos recursos podrían volver a utilizarse. Esto es lo que se llama, minería urbana.

Y no consiste únicamente en reciclar móviles. La minería urbana propone mirar nuestras ciudades de una manera diferente, como enormes depósitos de materias primas que ya fueron extraídas, procesadas y transportadas una vez y que, llegado el momento adecuado, podrían tener una segunda vida.

¿Qué es la minería urbana?

La minería urbana consiste en localizar, recuperar y aprovechar materiales presentes en edificios, infraestructuras, vehículos, aparatos electrónicos, baterías y otros productos que han llegado al final de su vida útil.

En una explotación minera buscamos minerales acumulados por procesos geológicos durante millones de años. En la minería urbana buscamos materiales que nosotros mismos hemos ido acumulando durante décadas.

Una vieja instalación eléctrica contiene cobre. Un edificio puede almacenar durante cincuenta o cien años acero, aluminio, vidrio y otros materiales. Un automóvil reúne acero, cobre, aluminio y numerosos componentes electrónicos. Una batería concentra materiales como litio, níquel, cobalto o grafito.

Por eso resulta más preciso hablar de un stock urbano de materiales y no simplemente de residuos.

La Comisión Europea dispone incluso de una Urban Mine Platform, desarrollada a partir del proyecto europeo FutuRaM, que estudia la disponibilidad y posibilidad de recuperación de materias primas secundarias en baterías, edificios, vehículos, aerogeneradores, equipos eléctricos y electrónicos, residuos mineros, escorias y cenizas.

Ese matiz cambia bastante nuestra forma de entender lo que desechamos.

Un teléfono roto sigue siendo un residuo. Pero también es un pequeño depósito de materiales.

Y una ciudad entera representa esa misma idea multiplicada millones de veces.

¿Dónde están escondidas las materias primas de una ciudad?

Probablemente el primer lugar en el que pensamos sean los aparatos electrónicos. Tiene lógica, un teléfono reúne en pocos centímetros una combinación compleja de materiales y llevamos años escuchando que nuestros dispositivos contienen pequeñas cantidades de oro, cobre o tierras raras.

El Global E-waste Monitor 2024 calculó que en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en el mundo y solo el 22,3 % quedó documentado como recogido y reciclado adecuadamente.

Residuos electrónicos generados y registrados como recogidos y reciclados oficialmente por región en 2022

En SHU ya hemos hablado de este problema y de algunas tecnologías capaces de recuperar metales valiosos, que dicho sea de paso, no es nada sencillo, de los residuos electrónicos como la esponja atrapa oro. En este caso, la minería urbana amplía mucho más esa mirada de reciclado de materiales.

Otro lugar donde están escondidas las materias primas son los edificios. En 2022, la construcción fue responsable del 38,4 % de todos los residuos generados en la Unión Europea, según Eurostat. Hablamos sobre todo de materiales minerales, pero también de metales, vidrio, madera, plásticos y otros componentes.

La Comisión Europea considera precisamente los residuos de construcción y demolición uno de los flujos prioritarios por su enorme volumen y porque algunos de sus componentes conservan un elevado valor como recurso. El potencial de recuperación existe, aunque las tasas varían muchísimo entre países.

Un edificio no tiene por qué convertirse simplemente en escombros cuando termina su vida útil. También puede convertirse en una fuente de materiales para otros edificios.

Para conseguirlo hay que saber qué contiene, separar correctamente los componentes y, siempre que sea posible, desmontar antes de demoler.

Ahí la minería urbana empieza a conectar con conceptos que ya hemos explicado en SHU como el ecodiseño. Un producto pensado desde su origen para desmontarse, repararse o separar sus materiales será mucho más sencillo de aprovechar décadas después.

¿Qué podemos recuperar haciendo minería urbana?

La respuesta depende del objeto que tengamos, no se pueden conseguir los mismos materiales de un edificio que de una batería de coche.

  • En las infraestructuras y edificios se recuperan grandes cantidades de acero, cobre, aluminio, vidrio o materiales minerales
  • En vehículos se pueden recuperar además los metales utilizados en los sistemas eléctricos y electrónicos del vehículo
  • En el reciclado de baterías entra en escena el litio, el níquel, el cobalto o el grafito
  • Y en los residuos electrónicos encontramos cantidades menores de materiales que pueden tener un valor económico muy elevado

Esto también explica por qué no todo lo técnicamente recuperable se recupera realmente.

Imagina diez gramos de un material repartidos de forma uniforme dentro de una tonelada de producto complejo. Puede que sepamos que están allí, pero localizarlos, separar los demás componentes, extraerlos y purificarlos podría consumir más energía y dinero del valor que finalmente obtenemos.

La minería urbana tiene, por tanto, una parte física y otra económica.

No basta con preguntar cuánto material existe, tenemos que saber cuánto podemos recuperar realmente y con qué coste ambiental, energético y económico.

Ese es precisamente uno de los avances interesantes del proyecto europeo FutuRaM que hemos comentado antes, en lugar de limitarse a calcular cuántos materiales existen dentro de los residuos, intenta estimar qué parte puede llegar realmente a convertirse en materia prima secundaria después de la recogida y el tratamiento.

¿Cómo se extraen materiales de una ciudad sin abrir una mina?

Aquí desaparece la imagen tradicional del pico y la excavadora. La minería urbana empieza antes.

Primero necesitamos saber dónde están los materiales

Parece sencillo, pero durante décadas hemos construido edificios, vehículos y productos sin pensar que alguien necesitaría desmontarlos cuarenta años después. Muchas veces conocemos el material predominante, pero no todos los componentes, mezclas, adhesivos, tratamientos o sustancias que contiene.

Por eso empiezan a desarrollarse auténticos mapas urbanos de materiales.

Después llega la recuperación física

Un edificio puede someterse a una demolición selectiva en lugar de derribarse indiscriminadamente. Un vehículo se desmonta y clasifica. Una batería se descarga, abre y procesa. Un dispositivo electrónico se separa en diferentes fracciones.

Finalmente aparecen los procesos capaces de recuperar los materiales

Algunos son relativamente sencillos y se apoyan en trituración, separación magnética, densidad o clasificación mecánica. Otros necesitan tratamientos térmicos, químicos o electroquímicos mucho más sofisticados.

Cuanto más mezclado y complejo sea un producto, más difícil suele resultar volver a separar aquello que un día unimos

Somos extraordinariamente buenos combinando materiales para fabricar productos avanzados, pero todavía tenemos mucho margen para aprender a separarlos cuando dejan de servirnos.

¿Minería urbana y reciclaje son lo mismo?

Ambos términos están estrechamente relacionados, pero no son exactamente lo mismo.

El reciclaje describe el proceso mediante el que determinados residuos vuelven a transformarse en materiales utilizables.

La minería urbana plantea una perspectiva más amplia. Intenta conocer qué materiales existen acumulados en nuestras ciudades, dónde están, cuándo estarán disponibles y cómo podemos recuperarlos.

Podríamos decir que el reciclaje es una de las herramientas que hacen posible la minería urbana. Esta diferencia es importante porque la planificación empieza mucho antes de que aparezca el residuo.

Si sabemos que dentro de veinte años habrá grandes cantidades de baterías, aerogeneradores o vehículos llegando al final de su vida útil, podemos anticipar qué materiales se podrán recuperar y preparar las tecnologías e instalaciones capaces de extraerlos.

Este concepto tiene mucho que ver con la economía circular, cuyo objetivo no consiste simplemente en reciclar más, sino en mantener productos y materiales dentro de la economía durante más tiempo.

¿Puede la minería urbana reducir la apertura de nuevas minas?

Sí, puede reducir parte de la necesidad de extraer nuevas materias primas, aunque sería poco realista pensar que puede eliminarla por completo.

La transición energética y digital necesita enormes cantidades de materiales. Fabricar redes eléctricas, baterías, vehículos, centros de datos, paneles solares o aerogeneradores exige materias primas que todavía no existen en cantidad suficiente dentro de productos preparados para reciclar.

Hay además un desfase temporal inevitable. El cobre instalado hoy en un edificio puede permanecer allí durante muchas décadas antes de regresar al mercado como material secundario. Una batería fabricada hoy no puede esperar a ese cobre recuperado, para que este sistema funcione se necesita tiempo y previsión.

El proyecto europeo FutuRaM ha analizado 42 elementos críticos presentes en distintos flujos de residuos de la UE, Reino Unido, Suiza, Islandia y Noruega.

Sus escenarios estiman que Europa podría recuperar hacia 2050 entre 4,1 y 5,7 millones de toneladas anuales de materias primas críticas. Según el grado de mejora del sistema, estos materiales secundarios podrían sustituir hasta alrededor del 33 % de materias primas primarias en un escenario continuista, el 47 % con una recuperación mejorada y el 56 % en un escenario de mayor circularidad, siempre que la calidad de los materiales recuperados permita sustituir a los primarios.

No significa que Europa vaya a dejar de necesitar minería, pero sí que una parte considerable de la demanda futura podría estar ya físicamente dentro de nuestras economías.

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Las materias primas críticas convierten los residuos en una cuestión estratégica

¿Por qué Europa está prestando tanta atención a todo este tema ahora?

Porque algunos materiales imprescindibles para baterías, renovables, electrónica, industria o defensa dependen de cadenas de suministro muy concentradas.

El Reglamento Europeo de Materias Primas Críticas establece que para 2030 la capacidad europea de reciclaje debería poder cubrir al menos el 25 % del consumo anual de materias primas estratégicas. También fija referencias del 10 % para extracción dentro de Europa y del 40 % para procesamiento.

Esto convierte una vieja batería o un motor eléctrico en algo más que un problema de residuos. También son pequeños depósitos de materiales que Europa necesita.

La minería urbana no debería utilizarse como argumento para consumir sin límites bajo la promesa de que después podremos reciclarlo todo. Hay materiales que se pierden, productos difíciles de desmontar y procesos que también necesitan energía.

La lógica debería funcionar al revés:

  • Primero utilizar los productos durante más tiempo
  • Repararlos cuando tenga sentido
  • Reutilizarlos siempre que sea posible
  • Y cuando realmente hayan agotado su función, intentar conservar también el valor de sus materiales

El Pasaporte Digital de Producto que ya hemos explicado en SHU puede ser una herramienta especialmente útil en ese último paso. Al conservar información sobre composición, reparación y desmontaje, puede facilitar que dentro de unos años un reciclador sepa mejor qué tiene delante y cómo recuperar sus componentes.

España también empieza a buscar materias primas en sus residuos

En mayo de 2026, el Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas del CSIC realizó la primera colada experimental en una planta piloto capaz de tratar residuos electrónicos mediante un horno vertical de lanza sumergida.

La tecnología permite que los distintos materiales se separen durante la fusión debido a sus propiedades y densidad. El cobre y algunos metales preciosos se concentran en la parte inferior mientras la fracción no metálica forma una escoria en superficie.

El objetivo es recuperar materiales como cobre, plata y platino de residuos electrónicos complejos dentro de Europa. El proyecto reúne al CENIM-CSIC, Atlantic Copper y Glencore Technology y supone un buen ejemplo de cómo una tecnología desarrollada en investigación puede acercarse a escala industrial. La información y descripción técnica pueden consultarse directamente en el CSIC.

Las baterías son otro frente especialmente activo. El proyecto español MEDINSPAIN, iniciado en 2025 y previsto hasta 2028, trabaja en clasificación, reutilización, automatización y reciclaje de baterías para recuperar litio, cobalto, níquel y grafito y volver a introducirlos en nuevas cadenas productivas.

También en Gipuzkoa, CIDETEC y Naturklima están impulsando ZIRKULAR BAT+, un ecosistema dedicado a la circularidad de las baterías que incluye un laboratorio específico de materiales reciclados.

Y el propio CSIC trabaja con procesos capaces de obtener níquel, cobalto y litio a partir de la denominada masa negra de baterías usadas, con desarrollos todavía en fase de laboratorio o planta piloto. En uno de esos procedimientos se han alcanzado rendimientos experimentales del 98 % para níquel, 92 % para cobalto y 99 % para litio, con purezas superiores al 98 %.

Son resultados tecnológicos prometedores, aunque sería un error interpretar cifras de laboratorio como tasas de recuperación garantizadas en cualquier planta industrial.

Una tecnología puede funcionar muy bien en condiciones controladas y todavía necesitar años para demostrar que también resulta económica, escalable y ambientalmente adecuada cuando tiene que procesar miles de toneladas de residuos diferentes.

La innovación es necesaria. La escala también.

El gran problema es saber desmontar aquello que aprendimos a fabricar

Hasta aquí la minería urbana parece casi inevitable. Si tenemos tantos materiales delante, ¿por qué no los recuperamos todos?

Fabricar un producto y desmontarlo son temas muy diferentes

Podemos diseñar una batería compacta, resistente y segura uniendo decenas de componentes. Pero esas mismas cualidades pueden complicar enormemente la separación cuando termina su vida útil.

Lo mismo sucede con algunos materiales compuestos, adhesivos, aleaciones o productos que mezclan pequeñas cantidades de numerosos elementos.

También importa la recogida. De poco sirve desarrollar una tecnología capaz de recuperar litio con una gran pureza si la batería termina almacenada durante diez años en un trastero, abandonada donde no corresponde o exportada fuera del sistema de tratamiento.

Y finalmente aparece la economía. Hay materiales que resulta rentable recuperar porque su concentración y valor son elevados. Otros todavía necesitan mejoras tecnológicas, regulación o una escala suficiente para que el proceso tenga sentido.

El informe FutuRaM muestra perfectamente esta diferencia. Mientras algunos materiales como platino o rodio presentan recuperaciones elevadas en determinados flujos, muchos elementos de tierras raras apenas se recuperan actualmente.

Por eso la minería urbana necesita algo más que buenas plantas de reciclaje. Necesita productos mejor diseñados, trazabilidad, sistemas eficaces de recogida, mercados para los materiales secundarios y consumidores y empresas que no consideren automáticamente residuo todo aquello que deja de cumplir su función inicial.

¿Puede una ciudad convertirse en su propia reserva de materias primas?

Durante mucho tiempo hemos construido ciudades siguiendo un flujo prácticamente lineal.

Los materiales entraban convertidos en edificios, coches, máquinas y productos. Se utilizaban durante un tiempo y, al llegar al final de su vida útil, una parte considerable salía convertida en residuo.

La minería urbana propone cerrar algo más ese recorrido. No significa cualquier ciudad pueda vivir exclusivamente de los materiales acumulados dentro de sus límites. Las ciudades seguirán necesitando recursos procedentes de otros lugares.

Pero sí pueden empezar a conservar mejor los que ya tienen. Un kilo de cobre recuperado no necesita volver a extraerse de una nueva roca para existir. Ya hicimos esa parte del trabajo. Y esta idea puede ser todavía más importante en las próximas décadas.

La cantidad de baterías, vehículos eléctricos, redes de energía renovable y dispositivos que estamos instalando hoy constituye también una reserva de materiales para mañana.

FutuRaM estima incluso que mejorar la recuperación de estas materias primas podría evitar de forma acumulada hacia 2050 hasta 273 millones de toneladas de CO₂ equivalente en sus escenarios analizados.

Pero tampoco conviene convertir esa cifra en una excusa. La mejor mina urbana sigue siendo el producto que continúa funcionando.

Después vendrán la reparación, la reutilización y, solo cuando esas opciones dejan de tener sentido, la recuperación de sus materiales.

Ahí está probablemente el verdadero valor de la minería urbana. No en hacernos creer que podemos reciclar indefinidamente todo lo que consumimos, sino en recordarnos que cada objeto que fabricamos contiene recursos naturales que no desaparecen cuando dejamos de utilizarlos.

La mina que ya habíamos excavado

Volvamos al cajón del principio. Esos dos teléfonos siguen allí. Quizá uno pueda reutilizarse. Quizá el otro pueda repararse. Y cuando ninguna de esas opciones tenga sentido, todavía quedarán sus materiales.

Multiplica esa imagen por cada vivienda, oficina, fábrica, coche, edificio e infraestructura y aparece una realidad que durante mucho tiempo hemos pasado por alto.

Hemos dedicado enormes cantidades de energía, trabajo y recursos a extraer materiales del planeta y concentrarlos dentro de nuestras ciudades. Tiene poco sentido tratarlos después como si hubieran perdido todo su valor.

La minería urbana no eliminará la necesidad de nuevas materias primas ni solucionará por sí sola los límites materiales de nuestra economía. Pero puede ayudarnos a hacer algo bastante más sensato.

Conservar durante más tiempo aquello que ya hemos extraído.

Y quizá esa sea una de las transformaciones menos espectaculares, pero más importantes, de una economía realmente circular.

Preguntas frecuentes sobre minería urbana

¿Qué es la minería urbana?

La minería urbana es la recuperación de materiales presentes en productos, edificios, vehículos, infraestructuras y residuos para utilizarlos nuevamente como materias primas. Su objetivo es aprovechar recursos que ya han sido extraídos de la naturaleza y se encuentran acumulados dentro de nuestras economías.

¿Por qué se llama minería urbana?

Se utiliza este término porque las ciudades pueden funcionar como depósitos de materiales. En lugar de buscar minerales únicamente bajo tierra, la minería urbana busca cobre, aluminio, acero, litio, metales preciosos y otros recursos dentro de objetos e infraestructuras creados por nosotros.

¿Qué materiales pueden obtenerse mediante minería urbana?

Depende del tipo de producto. Pueden recuperarse materiales habituales como acero, aluminio, cobre y vidrio, además de metales preciosos y materias primas utilizadas en baterías y electrónica como litio, níquel, cobalto o determinados elementos de tierras raras.

¿Qué diferencia existe entre minería urbana y reciclaje?

El reciclaje es uno de los procesos utilizados dentro de la minería urbana. La minería urbana es un concepto más amplio porque estudia dónde están almacenados los materiales, cuándo se convertirán en residuos y qué parte puede recuperarse posteriormente como materia prima secundaria.

¿La minería urbana puede sustituir a la minería tradicional?

No por completo. La recuperación de materiales puede reducir la necesidad de nuevas extracciones, pero el crecimiento de la demanda, las pérdidas durante el reciclaje y el tiempo que los materiales permanecen dentro de productos e infraestructuras hacen que todavía sean necesarias materias primas primarias.

¿Hay proyectos de minería urbana en España?

Sí. Existen proyectos relacionados con residuos electrónicos y baterías impulsados por entidades como CENIM-CSIC, CIDETEC, Naturklima y TECNALIA. Algunos están en fase de investigación o demostración y otros buscan desarrollar cadenas de recuperación a mayor escala.

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