Ahorrar en calefacción no consiste solo en bajar el termostato. Descubre por dónde se escapa el calor de casa, qué temperatura es la más adecuada y qué medidas permiten reducir el consumo y la factura de la luz sin renunciar al confort
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Ahorrar en la calefacción empieza por saber por dónde se nos escapa el calor de casa, y sigue con un puñado de gestos que el IDAE recoge en sus recomendaciones para los hogares, como por ejemplo, bajar un grado el termostato, este sencillo gesto ahorra en torno a un 7 % el consumo de energía.
Ya ha llegado el frío, llegas a casa con las manos heladas, dejas las llaves en la entrada y lo primero que haces es subir el termostato a 24 °C, como quien pisa a fondo el acelerador para llegar antes. Media hora después, ya en el sofá y con la manta encima, notas un hilo de aire fino que entra por el marco de la ventana del salón, la de siempre, la que nadie ha arreglado desde que se construyó el piso.
La caldera trabaja sin parar y la factura de enero ya está cerca, pero una parte de ese calor se va por ese marco antes de que llegues a notarlo. Por eso, antes de pensar en grados y en horarios, conviene saber cuánto supone el gasto en calefacción en el consumo global de tu hogar y por dónde se está escapando.
¿Cuánta energía se consume en calefacción en una casa?
La calefacción se lleva algo más de un tercio de toda la energía que se consume en una vivienda en España. Lo confirma el estudio SPAHOUSEC III del IDAE, publicado en enero de 2026, que midió cómo y en qué se gasta la energía en los hogares españoles.
Según sus datos, la calefacción supone el 36,3 % del consumo de una casa y el agua caliente otro 22,1 %. De cada diez kilovatios hora que entran en tu hogar a lo largo del año, más de tres y medio terminan convertidos en calor.
Eurostat llega a una cifra muy parecida usando otro método. En su estadística de consumo de energía de los hogares, la calefacción fue en 2024 el 35,8 % de la energía de los hogares españoles, por delante de la iluminación y todos los electrodomésticos juntos, que sumaron el 33,2 %.
En la media de la Unión Europea la calefacción llega al 61,5 %, lo cual tiene lógica, porque un invierno en Valencia o en Almería no se parece a uno en Varsovia.

Aun así, la calefacción sigue siendo lo que más energía consume en cada hogar. La lavadora gasta según el programa que eliges y la pones unas 3 veces a la semana de media, pero la calefacción está encendida durante horas y cada grado de más del termostato cuenta, si a esto sumamos esa rendija por la que se escapa y que a veces se queda encendida sin que haya nadie en casa, ya tenemos el motivo por el cual es lo que más energía consume.
Por eso la calefacción es el primer sitio donde mirar cuando se habla de eficiencia energética en el hogar. No te preocupes, no hace falta cambiar de caldera para empezar, buena parte del ahorro viene de entender cómo se comporta el calor dentro de casa y por dónde se nos escapa.
¿Por dónde se escapa el calor de casa?
El calor se escapa por las paredes, el tejado y el suelo, por las ventanas, por las rendijas de puertas y marcos y por los cajetines de las persianas.
Los muros y la cubierta dependen de cómo se construyó el edificio y no es posible arreglarlas con un simple gesto, para arreglarlas es necesario hacer obras. En cambio solucionar las fugas de las ventanas y las rendijas sí puedes solucionarlo con poco dinero, por eso en todas las guías que leas, incluida esta, te vamos a recomendar empezar por solucionar estas fugas.
El problema de partida es que muchas casas españolas no están preparadas para guardar el calor, sobre todo en el sur de España. El mismo estudio SPAHOUSEC III del IDAE calcula que el 53,9 % de las viviendas principales no tiene ventanas aisladas, es decir, ni doble cristal ni marcos que corten el paso del frío. Es lo que tiene vivir en un país con una temperatura media al año de 15,1ºC según AEMET.
Si a esto sumamos que el borrador del Plan Nacional de Renovación de Edificios, presentado en diciembre de 2025, indica que el 49,3 % de las viviendas se construyó antes de 1980, cuando no había ninguna norma de eficiencia energética, entenderemos que es normal que el 81,5 % de los edificios que cuentan con certificado energético en España están entre las letras E, F o G, que son las de peor comportamiento.
Esa ventana del salón es, por tanto, lo normal y no la excepción. En muchos pisos de los años setenta los marcos son de aluminio macizo, sin ninguna pieza aislante por dentro, y el metal se queda casi tan frío como la calle. El aire del salón se enfría al tocarlo y cae hacia el suelo. Por eso la corriente que notas en los tobillos no siempre entra de fuera, a veces es tu propio aire caliente, que se ha enfriado contra el cristal.

Encontrar tus fugas cuesta el precio de una vela. El IDAE propone sujetar una vela encendida junto a las ventanas, las puertas y los sitios donde sospeches que entra aire, y mirar la llama. Si se mueve o se tumba, ahí hay una corriente.
Hoy, cuando llegues a casa haz esta prueba, cierra las persianas, enciende una vela y ve pasándola al rededor de la ventana del salón, la del dormitorio y la puerta de entrada, en estas habitaciones es donde más tiempo solemos pasar y las que siempre queremos más calentitas. Si ves que la llama de la vela se inclina, hay una fuga de calor de fácil solución.
Las soluciones que propone el IDAE son sencillas y baratas. Las rendijas de puertas y ventanas se tapan con silicona, masilla o un burlete. En los cajetines de las persianas conviene comprobar que no tienen huecos y que están aislados por dentro.
Y si en casa hay chimenea, cierra el tiro cuando no la uses, porque abierto funciona como un tubo que saca el calor hacia arriba. La OCU pone cifra a ese trabajo en su guía de uso de la aerotermia de noviembre de 2025, donde calcula que un buen aislamiento en puertas y ventanas puede reducir el consumo de calefacción hasta un 15 %.
Si un día toca reformar, el consejo del IDAE es no escatimar en los cerramientos exteriores. Pide ventanas con doble cristal o doble ventana y, si son de aluminio, con rotura de puente térmico, que es una pieza aislante dentro del marco que impide que el frío lo atraviese. Y si la reforma es más profunda, los muros y la cubierta también cuentan, y ahí entran los materiales de la bioconstrucción, como el corcho o la fibra de madera, que aíslan y además dejan respirar la casa.
Un buen aislamiento en puertas y ventanas puede reducir el consumo de calefacción hasta un 15 %
¿A qué temperatura se ha de poner la calefacción para ahorrar?
La temperatura que recomienda el IDAE es de 21 °C, que con ropa de casa normal basta para estar cómodo en una vivienda. Por encima de esa cifra, cada grado de más aumenta el gasto en un 7 %, este cálculo funciona en las dos direcciones, si subes aumenta y si bajas disminuye.
Hemos de tener en cuenta que el hecho de subir el termostato a 24 °C al llegar a casa no hace que el salón se caliente más rápido, en la mayoría de las instalaciones la caldera funciona a la misma potencia tanto si le pides 21º como si le pides 24º. Lo único que cambia es dónde se para.
Si marcas el termostato a 24 °C la caldera sigue funcionando cuando la temperatura de la casa llega a un nivel en que se está a gusto, que son estos 21º que recomienda IDAE, pero si lo marcas a 24º esos tres grados de más se van a notar después en la factura.
Así que te toca valorar entre ir en manga corta con la casa a 24 °C o abrigarse un poco con un pijama calentito y una manta para bajar la temperatura a 21 °C y ahorrar alrededor de un 20 % en la factura de la luz mensual.
No todas las habitaciones necesitan la misma temperatura. En el salón, donde pasas horas sentado, los 21 °C tienen sentido. En un pasillo, en un recibidor o en un cuarto donde solo entras a por algo, puede estar más fresco y nadie lo nota. Para eso sirven las válvulas termostáticas de cada radiador, para poder fijar la temperatura de forma independiente en cada habitación, siempre que cierres las puertas.
Hay un matiz con las personas mayores, los bebés y quien tiene alguna enfermedad. Para ellos pasar frío en casa no es una forma de ahorrar, y los 21 °C son una referencia para la mayoría, no un techo que haya que cumplir a costa de la salud. Si en casa hay alguien así, el ahorro tiene que salir de las fugas y de los horarios, no de quitarle grados.
¿Es mejor dejar la calefacción encendida o apagada?
Con una caldera de gas o de gasóleo y radiadores normales, es mejor apagarla por la noche y bajarla cuando sales unas horas. Es aconsejable apagar la calefacción mientras duermes y, por la mañana, ventilar la casa y cerrar las ventanas antes de volver a encenderla para mejorar la calidad del aire interior y evitar respirar aire demasiado cargado.
Cuando vas a estar unas horas fuera de casa otra opción es bajar el termostato a 15 °C, que en muchos aparatos se llama posición «Economía».
Comprueba si el tuyo la tiene o si permite programar un horario de noche, porque así el ahorro no depende de que te acuerdes antes de acostarte.
La razón es que una casa caliente pierde calor sin parar por paredes y ventanas, y cuanto más caliente está por dentro y más frío hace fuera, más deprisa lo pierde. Mantenerla a 21 °C toda la noche obliga a la caldera a reponer ese calor hora tras hora. Si la apagas, la casa se enfría poco a poco y, cuanto más se enfría, más despacio pierde calor. Por la mañana hay que volver a calentarla, sí, pero normalmente cuesta menos que haber estado reponiendo calor durante ocho horas.
Esa posición de 15 °C tiene una ventaja que se ve en invierno de verdad. Si vives en una zona fría y la casa se queda helada mientras trabajas, las paredes tardan mucho en volver a calentarse y la sensación de frío dura toda la tarde. Mantener un mínimo evita esa caída sin gastar como si estuvieras en casa.
La excepción es la aerotermia. En este caso la bomba de calor del sistema trabaja mejor con una temperatura constante, por eso se aconseja programarla a una temperatura fija y dejar que el equipo suba o baje la potencia solo, en lugar de encenderla y apagarla.
Si tienes aerotermia con suelo radiante, la casa tarda horas en calentarse y en enfriarse, y apagarla de noche no tiene el mismo efecto que si tienes radiadores. En ese caso lo que ahorra es ajustar bien la temperatura, no el interruptor.
¿Qué trucos ahorran de verdad en calefacción?
Los gestos que consiguen que ahorres de verdad son pocos, y conviene saber cuáles son antes de llenar la casa de inventos o dejarte llevar por consejos sin fundamento.

Las válvulas termostáticas son el cambio que más rinde, son una solución asequible y fácil de usar, y con su uso se calcula un ahorro de entre un 8 y un 13 %, igual que los termostatos programables.
Cuando la habitación llega a la temperatura que marcas, la válvula cierra el paso del agua caliente a ese radiador, aunque la caldera siga funcionando para el resto de la casa.
El termostato programable hace lo mismo con el tiempo en vez de con el espacio. Lo pones para que la calefacción arranque media hora antes de que te levantes y se apague cuando sales, y deja de depender de que te acuerdes.
Los modelos conectados al móvil van un paso más allá, en los electrodomésticos inteligentes el ahorro llega cuando se usan bien, no por el simple hecho de tenerlos, programar y ajustar la calefacción es el consejo a seguir que más ahorra.
El mantenimiento es la otra pata a tener en cuenta, una caldera bien mantenida puede ahorrar hasta un 15 % al año, no debemos esperar a que se estropee para revisarla. Purgar los radiadores al principio del invierno es algo que puedes hacer tú mismo.
Revisa tus radiadores, si algún radiador está caliente abajo y frío arriba significa que tiene aire dentro, para solucionarlo basta con abrir un momento el purgador con una llave pequeña o una moneda, pon un trapo debajo, hasta que salga agua.
Y luego están los gestos de sentido común, que no tienen porcentaje pero sí lógica:
- No pongas el sofá pegado al radiador ni tiendas la ropa encima, porque el calor se queda atrapado detrás
- Cierra persianas y cortinas cuando anochece, porque a esa hora el cristal empieza a enfriarse y la persiana hace de segunda ventana
- Y si tu fachada da al sol deja las persianas subidas durante el día para que entre ese calor gratis
Otros trucos que circulan sin datos que los corroboren
En redes y en webs de comercializadoras circulan muchos trucos con porcentajes se ahorro sin una fuente fiable que los respalde. El papel de aluminio detrás del radiador es el más repetido. Este «truco» tiene una explicación física, el aluminio entre el radiador y la pared devuelve hacia la habitación parte del calor que se disiparía por la pared, tiene lógica, pero no hay ningún estudio que certifique que de verdad ahorra energía.
Si quieres probarlo, hazlo en un radiador que tengas pegado a una pared que da a la calle, si el muro da a una habitación interior el calor se queda en casa. Es una prueba que cuesta poco y sale barato, pero no esperes notarlo demasiado en el recibo. Si puedes gastar en ese radiador, mejor elige comprar una válvula termostática ya que en este caso el ahorro sí está garantizado.
¿Cómo ahorrar si tu calefacción es central?
En un edificio con calefacción central, el ahorro depende de que cada vecino pueda controlar y pagar lo que gasta. Durante décadas, muchas comunidades han repartido la factura por metros cuadrados o por coeficiente de propiedad, de modo que daba igual tener las ventanas abiertas con los radiadores a tope o cerrar las válvulas y abrigarse. Quien ahorraba pagaba lo mismo que quien no.
El Real Decreto 736/2020, sobre contabilización de consumos individuales, cambió esta situación. Obliga a las comunidades con calefacción central a instalar contadores individuales en cada vivienda, siempre que sea técnicamente viable y económicamente rentable.
Cuando un contador no se puede poner, por cómo está hecha la instalación, la alternativa son los repartidores de costes, unos aparatos pequeños que se colocan en cada radiador y miden cuánto calor da. Además, cada vivienda tiene que poder controlar su consumo, con válvulas termostáticas en los radiadores o con un termostato por zonas.
La norma no se aplica igual en toda España. Quedan fuera los edificios de las zonas climáticas más cálidas, ciudades como Santa Cruz de Tenerife, Málaga, Valencia o Sevilla están en esas zonas cálidas, así que sus edificios no están obligados.
En Madrid, Burgos, Soria o León, en cambio, la norma sí se aplica, y los plazos empezaron precisamente por las zonas más frías, en febrero de 2021, con los edificios de veinte viviendas o más.
Y queda fuera también donde la empresa de mantenimiento certifique que no es viable o que no compensa. Si vives en una comunidad con calefacción central, la persona que preside o el administrador tiene que saber en qué caso estáis.
Según el mismo decreto, los sistemas de contabilización que ya estaban instalados en 2020 tienen que permitir la lectura a distancia del consumo, o cambiarse por otros que sí la permitan, antes del 1 de enero de 2027. Y cada vecino tiene derecho a recibir gratis la información de su consumo al menos cada dos meses, y cada mes si hay lectura remota.
Con eso, lo que puedes hacer en un piso con calefacción central es lo mismo que en una casa con caldera propia, con una diferencia, las válvulas termostáticas sustituyen al termostato, porque no controlas cuándo se enciende la caldera, pero sí cuánto calor entra en cada habitación.
Si tu comunidad ya reparte por consumo, cada grado que bajas desaparece de tu recibo y no se diluye entre todos los vecinos.
La calefacción en España, del gas a la bomba de calor
España se calienta sobre todo con gas natural, con biomasa y con gasóleo. Según el estudio SPAHOUSEC III del IDAE, el gas natural aporta el 33,6 % de la energía que se usa en calefacción, la biomasa, que incluye la leña y los pélets, el 30,4 %, y el gasóleo el 18,7 %. La electricidad se queda en el 9,5 %.
Si tienes gas natural puedes acogerse a la tarifa regulada o TUR, que se revisa cada trimestre. Según la Resolución de 30 de septiembre de 2026, hasta final de año un hogar que gasta menos de 5.000 kilovatios hora al año paga 3,83 euros al mes de término fijo y 5,25 céntimos por kilovatio hora, sin impuestos.
Con esos precios, un piso que gasta 5.000 kilovatios hora de gas en calefacción y baja un grado el termostato deja de pagar unos 18 euros y si baja de 24 a 21 °C el ahorro ronda los 50.
El cambio de fondo apunta hacia la bomba de calor. Así que cuando te toque renovar la caldera la mejor opción es sustituirla por una bomba de calor, como la aerotermia o la geotermia, o por renovables como la biomasa o la solar térmica.
En 2025 se vendieron en España 227.524 bombas de calor, un 14,9 % más que el año anterior, y 95.632 eran equipos aire-agua
Cambiar la caldera rinde más cuando antes nos hemos asegurado que la casa no tiene fugas de calor y algunos proyectos públicos ya empiezan por ahí. En el barrio de San Gabriel, en Alicante, el Patronato Municipal de la Vivienda está rehabilitando un edificio de antiguas viviendas de maestros para convertirlo en 14 pisos de alquiler social para jóvenes, con 275.029 euros de fondos europeos Next Generation.
El proyecto actúa sobre la envolvente y sobre las instalaciones, y prevé reducir un 80 % el consumo de energía primaria no renovable. Es una previsión, no un resultado medido, pero el orden de los trabajos es el mismo que vale para cualquier casa.
El calor que no se escapa
Ese primer día de frío del que hablábamos al principio había dos cosas que arreglar, el termostato a 24 °C y el hilo de aire que entraba por el marco de la ventana del salón.
Bajar a 21 °C se nota desde la primera factura y no cuesta nada. Pero en un piso de los años setenta con ventanas de aluminio sin aislar, ese ahorro no es tan eficiente, porque la caldera sigue calentando un aire que se escapa por el marco.
Si vives de alquiler o no puedes pagar una reforma, lo que está en tu mano es la vela, el burlete, la persiana bajada al anochecer y la ruedecita del radiador, y con eso se recorta una parte real de la factura.
Si la casa es tuya y piensas reformar, empieza por las ventanas y el aislamiento antes que por la caldera, porque una caldera nueva en una casa que pierde calor sigue calentando la calle.
Preguntas frecuentes sobre cómo ahorrar en calefacción
¿Cómo ahorrar en calefacción de gasóleo?
Se ahorra igual que con gas, porque los gestos dependen de la casa y no del combustible. Bajar a 21 °C, apagar de noche, poner válvulas termostáticas y revisar la caldera ahorran lo mismo en porcentaje, y en una casa que gasta mucho gasóleo ese porcentaje son más euros. Cuando toque cambiar la caldera, el IDAE recomienda no poner otra de gasóleo, sino una bomba de calor o una de biomasa.
¿Cómo ahorrar con calefacción eléctrica?
Lo primero es saber qué aparato tienes. Un radiador eléctrico o un calefactor convierten cada kilovatio hora de electricidad en un kilovatio hora de calor, mientras que una bomba de calor saca la mayor parte del calor del aire de la calle y gasta mucho menos para calentar lo mismo. Con radiadores eléctricos, lo que más ahorra es calentar solo la habitación donde estás, con la puerta cerrada, y programarlos para que no funcionen cuando no hay nadie.
¿Qué es el bono social térmico y quién lo recibe?
Es una ayuda de pago único al año para gastos de calefacción, agua caliente o cocina, creada por el Real Decreto-ley 15/2018. No hay que pedirla, porque la reciben de forma automática quienes tenían el bono social eléctrico a 31 de diciembre del año anterior. La paga cada comunidad autónoma en el primer trimestre, y la cantidad depende de la zona climática y del grado de vulnerabilidad. El Real Decreto-ley 7/2026 subió la ayuda mínima a 50 euros por persona beneficiaria.
¿A qué temperatura tiene que estar la calefacción en una tienda o una oficina?
Como máximo a 21 °C, según marca el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios en su instrucción IT 3.8.2 para oficinas, comercios, bares, restaurantes, cines y estaciones, siempre que la calefacción gaste energía convencional. El límite de 19 °C que se aprobó en el verano de 2022 era temporal y dejó de aplicarse el 1 de noviembre de 2023. En casa no hay ninguna temperatura obligatoria.
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