De las medusas a la cerveza, así está cambiando el cambio climático los veranos más allá del calor

Ni siquiera los más amantes del calor pueden desear los efectos del cambio climático sobre el verano que están por venir


Igual que el mundo se divide en amantes de la tortilla con cebolla o sin cebolla o la pizza con piña o sin piña, todos somos también del equipo invierno o el equipo verano. Vale, quizás lo de la pizza y la tortilla-sobre todo la tortilla- sea más una costumbre española que mundial, pero lo de los amantes del verano o el invierno sí es extrapolable a casi todo el mundo. Cada cual tiene una preferencia.

La cuestión es que los veranistas, como se hacen llamar coloquialmente, a veces pecan de creer que, cuanto más calor, más se disfruta del verano: los baños en la playa o la piscina, las cañas fresquitas en las terrazas de los bares, la ropa fresca y cómoda… Sí, es cierto que no son planes para hacer en invierno a 6 ºC, pero tampoco son planes para el periodo estival si tenemos en cuenta los efectos del cambio climático sobre el verano.

Cuando pensamos en verano y cambio climático nos vienen a la mente las olas de calor. Es lógico, pues es la consecuencia más visible del mismo. Sin embargo, es solo la punta del iceberg. El calentamiento global, así como el resto de fenómenos asociados al cambio climático, están moldeando un verano que no deseará ni el más fervoroso de los veranistas.

Un verano con golpes de calor, enfermedades transmitidas por mosquitos, incidencias en la electricidad y los medios de transporte, tormentas intensas, playas con menos arena, aguas excesivamente calientes y exceso de medusas y algas. También un verano sin cerveza y espetos.

De lo más terrorífico a lo más superficial, pero efectivo para quienes creen que lo malo nunca nos tocará de cerca. Sin duda, los efectos del cambio climático sobre el verano son tantos que debe haber alguno que nos resuene lo suficiente para tomar cartas en el asunto de una vez por todas. Porque, al menos, nos queda la esperanza de que estamos a tiempo de revertir muchos de ellos. 

Las olas de calor, los efectos del cambio climático sobre el verano más evidentes

Según la Agencia Estatal de Meteorología, se define como ola de calor a un periodo de al menos 3 días consecutivos en el que el 10 % de las estaciones meteorológicas designadas miden máximas por encima del percentil 95 de temperaturas registradas entre julio y agosto del año 1971 al 2000.

Desde 1975, que fue cuando empezaron a cuantificarse las olas de calor, ha habido 132 de estos eventos en España. El año que más se registraron fue en 2023, con 4 olas de calor a lo largo del verano. No obstante, 2024 y 2025 no se quedaron atrás, con 3 olas de calor cada uno.

Puede que estés leyendo esto y pensando que los datos están equivocados. En 2025 tuvimos la sensación de vivir en una ola de calor constante, con un episodio de este tipo detrás de otro. Sin embargo, la mayoría de ellos fueron episodios de temperaturas muy elevadas que, en realidad, no cumplen todos los criterios para considerarse como una ola de calor. De cualquier modo, cada vez hay más y sus efectos son más peligrosos.

Otra forma de medir cómo han ido aumentando las olas de calor en España es cuantificar la cantidad de días que hemos estado bajo una ola de calor cada año. En este caso, de nuevo tenemos a la cabeza del ránking el año 2023, con 51 días de ola de calor. Le siguen 2022 con 47 días, 2012 con 43 y 2015 con 41. A continuación se encuentra 2025 con 33 días de ola de calor. 


Los efectos del cambio climático sobre el verano se ven en el aumento de días bajo ola de calor
Los efectos del cambio climático sobre el verano se ven en el aumento de días bajo ola de calor

Algo muy preocupante de todo esto es que el aumento de olas de calor también está provocando un exceso de mortalidad.

El Instituto de Salud Carlos III cuenta con un sistema de monitorización llamado MoMo en el que se analizan el número de muertes por cualquier causa que se registran en nuestro país a lo largo de un año.

Con él se pueden identificar periodos en los que ha habido un exceso de mortalidad. Es decir, las cifras se han situado por encima de lo esperable en condiciones normales.

Una vez identificados esos periodos, se pueden discernir las causas que han llevado a dicho exceso. Gracias a este sistema, sabemos que en 2022 hubo en España al menos 4.789 muertes atribuidas al calor. La cifra incluso podría ascender a las 12.135 muertes si se usan métodos más refinados. 

Mosquitos: más allá de las olas de calor

Las olas de calor son de los efectos del cambio climático sobre el verano más evidentes, pero hay otros efectos indirectos en los que no pensamos tan a menudo. Es, por ejemplo, el caso de la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades en lugares en los que normalmente no solían vivir estos insectos. 

Este es un tema muy serio. Se calcula que cada año se infectan por este tipo de enfermedades unos 700 millones de personas en todo el mundo, de las cuales más de un millón mueren. 

El calor suele alargar la temporada de la mayor parte de especies de mosquitos, tanto si transmiten enfermedades como si no lo hacen. Muchos de ellos necesitan para poner sus huevos tanto agua estancada como calor.

Por eso, si además ha habido lluvias torrenciales, como pasa en algunas regiones por el cambio climático, habrá aún más. Si a eso le sumamos que el cambio climático está ampliando las zonas en las que pueden vivir mosquitos que normalmente se ceñían a áreas tropicales, el riesgo está servido. 

En España, por ejemplo, lo vemos con la fiebre del Nilo Occidental, que ha sumado un total de 310 casos entre 2020 y 2025. 

A lo mejor no te puedes ir de vacaciones tan fácilmente

Si vamos a hablar de los efectos del cambio climático sobre el verano, debemos tener en cuenta los medios de transporte, pues es una época en la que muchos tenemos vacaciones y decidimos viajar en transporte público.

Aunque no lo parezca, el calor puede ser muy perjudicial en ese sentido. Y no solo porque a veces ponen el aire acondicionado tan fuerte que no sabes si vas a Benidorm o a adoptar un pingüino. También porque el calor puede provocar cortes en muchos medios de transporte.

Por ejemplo, en 2022 descarriló un tren por la deformación de los raíles a causa de la dilatación de los metales con los que están fabricados. En Reino Unido también han tenido que imponer restricciones de velocidad en los trenes ante las altas temperaturas e incluso algunas líneas se han interrumpido por este mismo motivo en los últimos años. 

Incluso el asfalto, preparado para resistir temperaturas altísimas, está empezando a llegar a su límite, derritiéndose y causando problemas en el tráfico. 

Las excursiones a la playa ya no son lo que eran: otro de los grandes efectos del cambio climático sobre el verano

Entre los efectos del cambio climático sobre el verano hay muchos que afectan a nuestras visitas a la playa. Para empezar, el agua está excesivamente caliente, por lo que los baños no son tan refrescantes como antaño.

Ese calentamiento del agua, además, está alargando la temporada de medusas en lugares como el Mediterráneo. Por otro lado, las medusas compiten con las sardinas por su alimentos. Como consecuencia, estos peces están mucho peor alimentados y llegan mucho más enclenques a los espetos.

Y en un futuro puede que ni siquiera tengamos con qué acompañarlos, ya que la cerveza tal y como la conocemos posiblemente se extinguirá si no hacemos nada por frenar el cambio climático. Vamos a ver poco a poco cada uno de estos detalles, pues vale la pena conocerlos para, sobre todo, buscar la forma de combatirlos.

El problema del calentamiento de los océanos

Los océanos están sufriendo un duro golpe a causa del calentamiento global. Absorben aproximadamente el 90 % del calor excedente que queda atrapado en la atmósfera a causa de la emisión de gases de efecto invernadero.

Cada vez hay más calor acumulado en la atmósfera y eso se extrapola a los océanos. En los últimos 15 años, el calor acumulado en el océano ha aumentado casi un 50 % en comparación con el acumulado en los últimos 50 años. 


Los efectos del cambio climático sobre el verano también se ven en la temperatura de los océanos

Los efectos del cambio climático sobre el verano también se ven en la temperatura de los océanos. Crédito: Mercator Ocean

Este calentamiento es responsable de entre el 30 % y el 40 % del aumento del nivel del mar, de ahí que se esté dando un incremento del mismo muy peligroso. La NASA ya predice un aumento de entre 30 y 120 centímetros para 2100.

Menos corales y menos arena

El calentamiento de los océanos está contribuyendo también a una disminución del oxígeno disuelto en sus aguas. Esto se debe a que este gas es menos soluble en agua a medida que se calienta.

Esa disminución del oxígeno afecta a muchos seres vivos marinos, incluyendo al coral, que también sufre estrés a causa del propio calentamiento.

Como consecuencia, expulsa a las zooxantelas, unas microalgas con las que vive en simbiosis. Son las responsables de sus llamativos colores, por lo que, cuando las expulsa, adquiere un característico color blanco que sirve como alerta de que algo va mal.

Los corales aún no están muertos, pero están bajo una situación de estrés que puede acabar con su vida si no se resuelve pronto.

Dado que la muerte del coral va acompañada de la de otras muchas especies marinas, el blanqueamiento de los corales es una buena señal de alarma general. Pero no solo por la vida de los seres vivos. También porque las playas irán perdiendo calidad.

Los arrecifes de coral actúan amortiguando las olas. Si estos mueren, las mismas generan mucha más erosión en las playas. Esto afecta a la propia comodidad de la playa para los seres humanos, pero también obliga a muchas especies que viven en esa arena perdida a tener que reubicarse.

El caso de las medusas

Cada año empezamos a ver las medusas más pronto y dejamos de verlas más tarde. Esto, como podemos intuir, se debe a que su temporada reproductiva se alarga.

La razón está relacionada con el calor, efectivamente. Aunque esa no es la razón por la que a veces nos metemos en el agua y parece más un criadero de medusas que el mar abierto.

Aquí tenemos uno de los efectos del cambio climático sobre el verano, pero también otra consecuencia de la actividad del ser humano, más allá del propio calentamiento global. Para entenderlo, empecemos por el principio: los huevos de medusa.

Solo un aumento de 1,7 ºC en la temperatura del agua puede acelerar la tasa de reproducción de los pólipos en un 20 %

Cuando las larvas de medusa emergen de los huevos, comienzan a flotar por el agua hasta encontrar un lugar al que aferrarse en el fondo marino. Cuando lo logran, pasan a la fase de pólipo, que puede llegar a durar un año. Solo seguirán avanzando en su particular ciclo de vida cuando las condiciones sean propicias.

Y aquí, sí, la temperatura del agua juega un papel importante. Si es suficientemente caliente, el pólipo se fragmenta, liberando las éfiras, que son pequeñas medusas inmaduras que, con el tiempo, se acaban convirtiendo en la medusa adulta. Se ha visto que con un incremento de “solo” 1,7 ºC, la tasa de reproducción en los pólipos se acelera en un 20 %. Más calor, más se fragmentan y más medusas tendremos pululando por el mar. Aunque no necesariamente más. Sí durante más tiempo. Por eso las vemos antes y después.

La razón por la que hay tantas, en cambio, se debe más bien a la sobrepesca de sus principales depredadores. Las antes mencionadas sardinas, así como las anchoas y otros peces, se alimentan en buena parte de zooplancton. Las éfiras, esas mini medusas que se forman después de la fase de pólipo, forman parte del zooplancton. Por eso, si se pescan demasiadas sardinas y anchoas, no hay depredadores que ayuden a regular las poblaciones de medusas como ocurre de forma natural. Habrá cada vez más medusas.

Por otro lado, las propias medusas no solo compiten con las sardinas por los recursos alimenticios. También se alimentan de sus huevos. Por eso, si hay pocas sardinas, habrá más medusas, y si hay muchas más medusas, habrá cada vez menos sardinas y, con ellas, más medusas. Es la pescadilla que se muerde la cola. Literalmente. 

Como resultado, se producen esas proliferaciones de medusas, conocidas como blooms, que en cierto modo empeoran la calidad del agua. Tenemos menos arenas en las playas, difícilmente podemos bañarnos sin una picadura y, para colmo, los espetos escasean y tienen menos carne.

Ni siquiera hay cerveza para acompañar

Vale, lo de la cerveza es un poco drástico. Será difícil que la cerveza desaparezca por completo. Pero sí que es cierto que el cambio climático puede afectar a la cerveza tal y como la conocemos. 

Y es que, si bien esta bebida existe desde hace miles de años, fue la idea de introducir el lúpulo la que le dio ese sabor que tanto nos gusta. Bueno, que le gusta a muchas personas.

El lúpulo es una planta trepadora que necesita crecer a temperaturas entre 15 ºC y 25 ºC. Si la temperatura de su entorno supera los 30 ºC, pueden quemarse las hojas y ralentizarse la producción. También requiere una humedad relativa en torno al 60-70 %. Por todo esto, no es raro que se vea afectada por el calentamiento global y la sequía.

Según Science Media Centre, entre 1971 y 2018 la producción de lúpulo ha disminuido 0,2 toneladas por hectárea al año y su amargor característico ha caído un 0,6%. Si estos datos se combinan con los modelos climáticos, se estima que para 2050 el rendimiento del lúpulo y el contenido en amargor se reducirán entre un 4 y un 18 % y entre un 20 y un 31 %, respectivamente. 

Esto significa que, aunque puede que se siga preparando cerveza y podamos bebernos alguna en los chiringuitos si el calor sofocante nos lo permite, el sabor no será el de siempre.

Por eso, si no pones tu granito de arena para combatir el cambio climático por los ecosistemas, la salud pública o tu propio bienestar térmico, al menos hazlo por la cerveza. Ya habrá tiempo de juzgar la ética que hay detrás de tus decisiones, pero al menos estarás haciendo algo. Eso es lo que cuenta. 

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