¿Qué son las emisiones de alcance 4 (Scope 4) y para qué sirven de verdad?

Las emisiones de alcance 4, o Scope 4, miden las emisiones que un producto ayuda a evitar fuera de la empresa. Te explicamos qué son las llamadas emisiones evitadas, en qué se diferencian de los alcances 1, 2 y 3, cómo se calculan y por qué generan tanto debate


Cambiaste la vieja caldera de gas por una bomba de calor y, sin proponértelo, tu casa empezó a contaminar bastante menos cada invierno. La decisión de cambiarla seguro no fue pensando en el clima, sino en reducir la factura, pero el resultado es el mismo. Hay una parte de emisiones que antes se iban a la atmósfera y ahora ya no.

Ese ahorro invisible es real y se puede calcular. La duda llega después. Si esas emisiones no ocurrieron gracias a un aparato que tú no diseñaste ni fabricaste, ¿de quién es el mérito? ¿Tuyo, que lo instalaste, o de la empresa que lo puso en el mercado? Esa pregunta, aparentemente sin importancia, es la puerta de entrada a un concepto que lleva años dando que hablar en el mundo de la sostenibilidad.

¿Qué son las emisiones de alcance 4?

Las emisiones de alcance 4 se conocen internacionalmente como Scope 4, hacen referencia a las emisiones de gases de efecto invernadero que se evitan gracias al uso de un producto, servicio o tecnología. En otras palabras, son las reducciones de emisiones que ocurren fuera del ciclo de vida del propio producto o de la actividad de la organización, como consecuencia directa de que otra persona o empresa utilice esa solución.

A diferencia de los alcances 1, 2 y 3, que contabilizan las emisiones que una organización genera de forma directa o indirecta, el alcance 4 pone el foco en el impacto positivo que una solución puede generar sobre terceros. Por ejemplo, un software que optimiza rutas de transporte puede ayudar a reducir el consumo de combustible de una empresa logística. Esas emisiones evitadas no pertenecen al fabricante del software ni al operador del transporte, sino que representan un beneficio climático derivado del uso de esa tecnología.

Eso sí, conviene hacer una aclaración importante. El alcance 4 no es una categoría oficial del GHG Protocol, el estándar internacional más utilizado para contabilizar las emisiones corporativas. Se trata de un concepto que ha ido ganando protagonismo en los últimos años para describir las llamadas emisiones evitadas (avoided emissions), especialmente en sectores como la digitalización, las energías renovables, la movilidad sostenible o la eficiencia energética. Hablaremos de este concepto un poco más adelante.Aunque todavía no existe un método universal para calcularlas y comunicarlas, muchas empresas las utilizan para demostrar cómo sus productos o servicios contribuyen a reducir las emisiones de otras organizaciones o de la sociedad en su conjunto. Por eso, el alcance 4 no sustituye a los tres alcances tradicionales ni puede emplearse para compensar las emisiones propias, sino que actúa como un indicador complementario del impacto climático positivo que una innovación puede generar más allá de los límites de la propia empresa.

Entonces, ¿qué son las «emisiones evitadas»?

Llegados a este punto, es fácil preguntarse si las emisiones de alcance 4 y las emisiones evitadas son exactamente lo mismo. La respuesta corta es que sí. De hecho, cuando se habla de Scope 4, en realidad se está haciendo referencia a las emisiones evitadas.

Las emisiones evitadas son aquellas emisiones de gases de efecto invernadero que no llegan a producirse porque una persona o una organización utiliza una solución más eficiente o con menor impacto climático que la alternativa convencional. Es importante fijarse en el matiz. No hablamos de reducir las emisiones que genera una empresa en sus propias instalaciones o en su cadena de valor, sino de evitar que otros emitan más gracias al uso de un determinado producto o servicio.

Piensa en el detergente que lava bien a 30 grados en lugar de a 60. Cada vez que pones la lavadora a 30 grados se usa menos energía para calentar el agua, el fabricante puede decir que su producto ayuda a evitar emisiones.

Lo mismo ocurre con unos neumáticos que reducen el consumo de combustible del coche o con una videollamada que sustituye el consumo del transporte para ir y volver. Ninguno de esos ahorros habrían existido sin su producto.

La clave está en el «en lugar de». Una emisión evitada no se mide sola, sino comparándola con lo que habría pasado si el cliente hubiera elegido la opción de siempre.

¿En qué se diferencian del alcance 1, 2 y 3?

Los alcances 1, 2 y 3 sirven para medir la huella de carbono de una organización. Es decir, contabilizan todas las emisiones que genera de forma directa o indirecta a lo largo de su actividad.

  • El alcance 1 son las de sus propias instalaciones, como la caldera de la fábrica o los coches de empresa
  • El alcance 2 son las que provienen de la electricidad y el calor que compran para funcionar
  • Y el alcance 3, casi siempre el más abultado, recoge todo lo demás de su cadena de valor, como proveedores

Las emisiones evitadas, en cambio, responden a una cuestión distinta. No preguntan cuánto emite una empresa, sino cuánto ayuda a reducir las emisiones de otros gracias a los productos, servicios o tecnologías que ofrece.

Por eso ambos enfoques no compiten entre sí, sino que se complementan. Una empresa puede tener una huella de carbono elevada y, al mismo tiempo, desarrollar soluciones que permitan reducir millones de toneladas de emisiones en otros sectores. Del mismo modo, una organización con una huella muy reducida no tiene por qué generar un efecto multiplicador sobre terceros.

Esta diferencia también explica por qué las emisiones evitadas no pueden utilizarse para restar o compensar las emisiones de los alcances 1, 2 y 3. Sería como mezclar dos indicadores que miden cosas diferentes. Primero, una organización debe conocer y reducir sus propias emisiones. Después, de forma independiente y con una metodología transparente, puede evaluar el impacto positivo que sus soluciones generan fuera de sus límites operativos.

En definitiva, mientras los alcances 1, 2 y 3 responden a la pregunta «¿cuál es mi impacto climático?», las emisiones evitadas plantean otra muy distinta «¿cuánto contribuyen mis productos o servicios a que otros reduzcan el suyo?». Esa diferencia, aunque pueda parecer sutil, es la clave para entender por qué el alcance 4 está ganando protagonismo en la conversación sobre innovación y sostenibilidad.

AlcanceQué mideEjemplo cotidiano¿Suma al inventario?
1Emisiones directas de fuentes propiasLa caldera o los vehículos de la empresa
2Emisiones de la energía compradaLa electricidad que consume una oficina
3Emisiones del resto de la cadena de valorProveedores y uso del producto vendido
4Emisiones evitadas fuera de la organizaciónUn cliente elige un producto bajo en carbonoNo, se reporta aparte

¿El alcance 4 es un alcance oficial del GHG Protocol?

No. Aunque el término Scope 4 aparece cada vez con más frecuencia en informes de sostenibilidad, estudios académicos y documentación de empresas tecnológicas, no forma parte del GHG Protocol, el estándar internacional de referencia para medir y comunicar las emisiones de gases de efecto invernadero.

El GHG Protocol solo reconoce tres categorías de emisiones:

  1. El alcance 1, que incluye las emisiones directas de una organización
  2. El alcance 2, que recoge las emisiones asociadas al consumo de electricidad, calor o vapor adquiridos
  3. El alcance 3, que engloba todas las emisiones indirectas que se producen a lo largo de la cadena de valor

Entonces, ¿por qué tantas empresas hablan del alcance 4? Muchas organizaciones desarrollan soluciones que ayudan a otras empresas o consumidores a emitir menos, pero ese beneficio climático queda fuera de la contabilidad convencional, por eso se habla de «emisiones de alcance 4» que como ya sabemos, son las que cubren las emisiones que se evitan al usar un producto o servicio.

Sin embargo, conviene recordar que se trata de un concepto complementario, no de una nueva categoría oficial de emisiones.

¿Es obligatorio reportar el alcance 4 según la CSRD?

No es obligatorio, al menos por ahora.

La Directiva sobre Información Corporativa en materia de Sostenibilidad (CSRD) y las normas europeas de reporte ESRS obligan a muchas empresas a informar sobre sus impactos ambientales, climáticos y sociales, incluyendo la comunicación de sus emisiones de alcance 1, 2 y, cuando resulte material, también las de alcance 3.

Sin embargo, las emisiones evitadas o alcance 4 no forman parte de los requisitos obligatorios de reporte. Es decir, ninguna empresa está obligada a calcularlas ni a incluirlas en su informe de sostenibilidad por el simple hecho de aplicar la CSRD.

Eso no significa que carezcan de interés. Algunas organizaciones las comunican de forma voluntaria para mostrar cómo sus productos o servicios contribuyen a la transición hacia una economía baja en carbono. Eso sí, cuando lo hacen deben explicar con claridad la metodología utilizada, las hipótesis empleadas y las limitaciones del cálculo. De lo contrario, el dato puede resultar difícil de interpretar o incluso inducir a conclusiones erróneas.

¿Sirve el alcance 4 para compensar mi huella de carbono?

Lo cierto es que estas emisiones de alcance 4 no sirven para compensar la huella de carbono. Es una de las confusiones más habituales cuando se empieza a hablar de emisiones evitadas. Que una empresa ayude a otros a reducir sus emisiones no significa que pueda descontar ese ahorro de su propia huella de carbono.

Imaginemos un fabricante de bombas de calor que consigue que miles de edificios consuman menos gas natural al instalar su producto, pero esta misma empresa sigue teniendo que contabilizar las emisiones generadas por sus fábricas, sus oficinas, sus vehículos o sus proveedores. Ambas cifras responden a preguntas diferentes y no deben mezclarse.

Por eso, las emisiones evitadas no sustituyen a los esfuerzos de descarbonización de una empresa. Tampoco pueden utilizarse como una especie de «saldo positivo» para justificar unas emisiones propias elevadas.

La prioridad siempre debe ser la misma. Primero, medir y reducir las emisiones de alcance 1, 2 y 3. Después, si la empresa dispone de soluciones que generan beneficios climáticos demostrables para terceros, puede comunicar también esas emisiones evitadas como un indicador adicional de impacto.

¿Cómo se calculan las emisiones evitadas?

Aquí es donde el alcance 4 deja de ser un concepto sencillo y empieza la parte más compleja.

A diferencia de la huella de carbono tradicional, no existe una metodología única aceptada internacionalmente para calcular las emisiones evitadas. Cada caso requiere comparar una situación real con otra hipotética, conocida como escenario de referencia o baseline.

La lógica es relativamente simple. Se estima cuántas emisiones habría generado una alternativa convencional y se comparan con las emisiones asociadas a la solución que se quiere evaluar. La diferencia entre ambos escenarios representa las emisiones que potencialmente se han evitado.

Sin embargo, ese cálculo depende de numerosos factores. ¿Cuál es la alternativa con la que se compara? ¿Durante cuánto tiempo se utiliza el producto? ¿Qué fuente de energía emplea el usuario? ¿Qué datos respaldan las estimaciones? Pequeñas variaciones en estas hipótesis pueden modificar significativamente el resultado final.

Por ese motivo, organismos especializados recomiendan que cualquier cálculo de emisiones evitadas sea transparente, verificable y basado en escenarios realistas. Un número muy llamativo puede generar titulares, pero si no explica cómo se ha obtenido, pierde gran parte de su valor.

¿Qué ejemplos hay de emisiones de alcance 4?

Las emisiones evitadas aparecen en muchos más sectores de los que podría parecer a primera vista, veamos algunos ejemplos:

  • Las energías renovables son probablemente el ejemplo más conocido. Cada kilovatio hora producido por un parque eólico o una instalación fotovoltaica puede sustituir electricidad procedente de fuentes más intensivas en carbono
  • También ocurre con la movilidad sostenible. Un software que optimiza rutas de reparto reduce kilómetros recorridos y, por tanto, el consumo de combustible. Del mismo modo, una plataforma de coche compartido puede disminuir el número de vehículos necesarios para realizar determinados desplazamientos
  • La digitalización ofrece otros ejemplos muy habituales. Las herramientas de videoconferencia han permitido sustituir millones de desplazamientos de trabajo por reuniones virtuales. Aunque los centros de datos consumen energía, el balance puede ser claramente positivo cuando se evita un viaje de larga distancia.
  • La eficiencia energética es otro de los grandes ámbitos donde aparecen las emisiones evitadas. Desde sistemas inteligentes para gestionar edificios hasta equipos industriales más eficientes o electrodomésticos de bajo consumo, todas estas soluciones ayudan a consumir menos energía para obtener el mismo resultado.

Incluso sectores como la economía circular, la gestión de residuos o la agricultura de precisión pueden generar emisiones evitadas cuando sus soluciones permiten reducir el consumo de materias primas, minimizar el desperdicio o disminuir el uso de fertilizantes y combustibles.

¿Por qué el alcance 4 se asocia al greenwashing?

Precisamente porque es un concepto con mucho potencial… y también con mucho margen para la interpretación.

Las emisiones evitadas permiten contar historias muy positivas sobre el impacto climático de una empresa. El problema aparece cuando esos beneficios se presentan sin explicar cómo se han calculado o cuando se utilizan para eclipsar unas emisiones propias que siguen siendo muy elevadas.

Imaginemos una empresa que afirma haber evitado un millón de toneladas de CO₂ gracias a sus productos, pero no publica la metodología utilizada para la medición, el escenario de referencia o las hipótesis del cálculo. ¿Es una cifra realista? ¿Podría otro equipo obtener el mismo resultado utilizando los mismos datos? Sin esa información resulta prácticamente imposible saberlo.

Ese riesgo ha llevado a numerosos expertos a pedir prudencia. Las emisiones evitadas pueden ser un indicador muy útil, pero solo cuando se presentan con transparencia y como un complemento a la huella de carbono, nunca como un sustituto de ella.

En realidad, el problema no son las emisiones de alcance 4. El problema aparece cuando se utiliza como una herramienta de marketing en lugar de como un ejercicio riguroso de rendición de cuentas. Igual que ocurre con otros conceptos relacionados con la sostenibilidad, la diferencia entre una buena práctica y el greenwashing no suele estar en el dato, sino en la forma de medirlo, explicarlo y contextualizarlo.

Al final, el alcance 4 invita a cambiar la perspectiva. Ya no basta con preguntarse cuánto contamina una empresa. También merece la pena analizar hasta qué punto sus productos ayudan a que el resto del mundo contamine menos. Pero ambas respuestas solo tienen valor cuando se apoyan en datos sólidos, metodologías transparentes y una comunicación honesta.

En definitiva

Durante años, la conversación sobre el cambio climático se ha centrado en una pregunta muy concreta: ¿cuánto emite una empresa?. Y sigue siendo la pregunta más importante. Medir, reducir y comunicar las emisiones de alcance 1, 2 y 3 continúa siendo la base de cualquier estrategia de descarbonización creíble.

Sin embargo, la transición hacia una economía baja en carbono también necesita otro tipo de soluciones. Tecnologías, productos y servicios capaces de ayudar a que otras organizaciones y millones de personas emitan menos. Es precisamente ahí donde las emisiones evitadas, o alcance 4, aportan una perspectiva diferente.

Eso sí, conviene no perder de vista el contexto. El alcance 4 no es un estándar oficial, no sustituye a la huella de carbono, no permite compensar las emisiones propias y tampoco está exento de controversia. Su verdadero valor depende de que los cálculos sean rigurosos, las metodologías transparentes y la comunicación honesta.

Quizá, dentro de unos años, las emisiones evitadas formen parte habitual de los informes de sostenibilidad o incluso cuenten con un marco internacional específico. Mientras tanto, entender qué son —y qué no son— resulta fundamental para distinguir entre las empresas que realmente generan un impacto positivo y aquellas que simplemente saben contarlo mejor.

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