La fenología es la disciplina que estudia los ciclos biológicos periódicos de plantas y animales y su relación con factores climáticos. Muchos expertos la consideran una herramienta ideal para divulgar sobre cambio climático
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Ya lo decía Gustavo Adolfo Bécquer. “Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar”. Las golondrinas siempre vuelven. Incluso “aquellas que aprendieron nuestros nombres” pueden regresar exactamente al mismo sitio. El problema es que, a causa del cambio climático, es posible que cada vez lo hagan más pronto o que llegue un momento en que necesiten volver a otros balcones con climas más propicios. Dejando la poesía a un lado, todo esto es lo que analiza la fenología, una disciplina que se encarga de analizar los momentos del año en los que ocurren eventos biológicos cíclicos, como las migraciones de animales, las floraciones de plantas o las puestas de huevos. Estos, en el pasado, sucedían con mucha regularidad. Tanto como para inspirar a uno de los mayores poetas del romanticismo español. Sin embargo, en la actualidad el cambio climático está llevando a que muchos de estos procesos se adelante o se retrasen, a veces con consecuencias peligrosas.
Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), la fenología es uno de los indicadores más sencillos de los que disponemos para analizar los avances del cambio climático. Al fin y al cabo, todos estos procesos obedecen a cambios cíclicos en parámetros como la temperatura o la luminosidad. Si las temperaturas aumentan antes de tiempo o más tarde, la fenología habitual puede verse alterada. Por eso, algo tan simple como observar los pájaros puede hacernos entender lo que está pasando en nuestro planeta. A algunos también les inspira para escribir grandes poemas, pero eso ya son palabras mayores.
¿Qué es la fenología?
El IPCC define la fenología como el estudio de los fenómenos naturales que se repiten periódicamente en los sistemas biológicos y su relación con el clima y los cambios estacionales. Vamos a ahondar en los motivos por los que conocer esta ciencia es útil para entender el cambio climático. No obstante, también tiene aplicaciones muy necesarias para la agricultura y la industria, ya que conocer la fecha promedio en la que florecen, fructifican y maduran los cultivos sembrados es básico para la correcta planificación agrícola e industrial. Todo esto no es útil solo para conocer los mejores momentos para sembrar, podar o cosechar. También ayuda a prevenir plagas que igualmente siguen ciclos estacionales.
Por otro lado, conocer la fenología contribuye a la conservación de especies, especialmente aves migratorias y plantas sensibles a variaciones ambientales.
¿Qué tiene que ver con el cambio climático?
También en el seno del IPCC, se han dado numerosos debates sobre hasta qué punto es cierto que la fenología puede describir un cambio real en el clima global. Hay expertos que consideran que no hay una correlación suficientemente sólida. Sin embargo, estos argumentos pierden valor cuando se enfrentan a numerosos metaanálisis en los que se estudian cambios fijos en la fenología asociada a miles de especies.
Por ejemplo, en 2003 se publicó uno de estos metaanálisis, en el que se tuvieron en cuenta 1.700 especies cuyos procesos biológicos están claramente influidos por el clima y las estaciones. Así, se observó un desplazamiento de su distribución de 6,1 kilómetros por década en dirección a los polos, así como un adelanto medio de los eventos primaverales de 2,3 días por década.
Esta y otras publicaciones dieron lugar a algunas críticas en las que se sugería que estos resultados podrían estar influidos por el hecho de que en los últimos años se ha dado cada vez más importancia a los efectos del cambio climático. Señalaban, por lo tanto, que las modificaciones de la fenología podrían deberse a otros motivos, no solo al calentamiento global de origen antropogénico. Incluso apuntaban a un sesgo de publicación, que se da cuando solo se publican los resultados de los estudios que apuntan a una tesis en concreto, en este caso la posibilidad de que el cambio climático esté alterando la fenología. Por otro lado, los detractores explicaban que estos estudios estaban incompletos, ya que solo incluían una sola especie o un solo lugar.
Sin embargo, todas estas hipótesis fueron derribadas por un nuevo estudio, publicado en 2006, en el que se analizaban más de 125.000 series de 561 especies en 21 países europeos, entre los años 1971 y 2000. Se solucionaba el problema de incluir una sola especie y un solo lugar y, además, se ponían en común resultados de un periodo largo de tiempo, incluyendo una época en la que no se publicaba tanto sobre el cambio climático. Así, se vio que, en realidad, los datos no dependen de qué resultados decidieron publicar los autores y que la relación con el cambio climático no está sesgada. De hecho, las cifras eran muy consistentes con las del metaanálisis de 2003, pues se hablaba de un adelanto de la primavera/verano de 2,5 días por década en Europa.
¿Es que nadie piensa en el otoño?
Se habla mucho del adelanto de la primavera o el verano, pero la fenología también explora cambios asociados al otoño y el invierno.
Por ejemplo, en un estudio publicado en 1999 a partir de más de 30 años de observaciones, se comprobó que los eventos biológicos del otoño, como el cambio de color de las hojas, se retrasaron 4,8 días. La estación de crecimiento se alargó así 10,8 días desde principios de los años sesenta, algo que, según los autores, puede deberse a cambios en la temperatura del aire. Cabe destacar que en este mismo estudio también se apuntó a un adelanto de 6 días en los eventos relacionados con la primavera. En estudios posteriores se concluyó que este efecto es más modesto. Aun así, es importante destacar que se vieron efectos en todas las estaciones, no solo en las más cálidas.

Los datos apuntan a que los efectos del cambio climático sobre la fenología son cada vez más evidentes. Infografía creada mediante IA
¿A qué se debe todo esto?
La correlación parece cada vez más visible. Va mucho más allá de los sesgos. Sin embargo, las causas por las que la fenología se ve afectada por el cambio climático no están totalmente claras. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que la temperatura es un factor determinante. En un estudio publicado en 2008, por ejemplo, se observó que los cambios en sistemas naturales desde al menos 1970 ocurren en regiones donde la temperatura ha aumentado, y que esos aumentos a escala continental no pueden explicarse solo por variabilidad natural. A partir de las conclusiones del IPCC sobre el origen humano del calentamiento, concluyen que el cambio climático antropogénico tiene un impacto significativo en sistemas físicos y biológicos a escala global.
Aunque esta causa está más o menos clara, debe haber otros factores implicados, pero esto no se entiende del todo bien. En 2016, un equipo internacional de investigadores realizó una revisión de la literatura científica con la que concluyeron que deben intervenir factores como la temperatura, el fotoperiodo, la limitación de recursos y la genética, pero que la base mecanicista todavía no se entiende bien. Es algo en lo que se debe seguir trabajando.
Podría ser peor
Curiosamente, el cambio climático está frenando algunos de los efectos fenológicos del cambio climático. ¿Pero qué significa este trabalenguas?
Podemos verlo con el ejemplo de algunas especies de árboles de hoja caduca. Normalmente, el adelanto de la primavera se vería en la brotación de las hojas. Sin embargo, según un estudio publicado en 2015, con el paso del tiempo estas no brotan tan pronto como cabría esperar. Concretamente, se vio que se pasó de un adelanto de unos 4 días por grado entre 1980 y 1994 a 2,3 días por grado entre 1999 y 2013. Se cree que esto se debe a que el cambio climático también reduce el frío invernal.
Los árboles caducifolios necesitan temperaturas bajas durante el invierno para salir de su estado de latencia. Si los inviernos son más cálidos de lo normal, se retrasa la liberación de esa latencia, de modo que se contrarresta el avance del despliegue de las hojas en primavera. Ojo, no debemos ver esto como una ventaja del cambio climático. Solo se trata de un caso concreto en el que se da una paradójica compensación de sus efectos.
¿Cuáles son las consecuencias?
Estamos hablando de adelantos de unos pocos días. Tampoco será para tanto, ¿no? Es lógico que nos hagamos esta pregunta, pero lo cierto es que sí es para tanto. Solo unos pocos días pueden marcar muchísimo la diferencia y tener consecuencias claramente negativas.
Mismatch
Una de las primeras consecuencias tangibles del cambio climático sobre la fenología es lo que se conoce como mismatch. Básicamente, es la consecuencia de que un depredador y una presa o un polinizador y la planta que polinizan no sigan los mismos ritmos. Por ejemplo, si la planta florece cuando su polinizador aún es una larva, se complica mucho su reproducción. Y cuando presas y depredadores no coinciden en el tiempo, es posible que haya superpoblación de presas y se rompa el equilibrio con otras especies. Pero lo mejor es que lo veamos con algunos ejemplos.
En un estudio realizado en Alemania en 2022 con datos desde los años 80, se vio que las plantas han adelantado mucho su fenología a medida que ha progresado el cambio climático. Los insectos, en cambio, se han visto afectados, pero en algunos grupos no tanto. De momento, existe cierta sincronía entre unos y otros, porque antes las plantas iban ligeramente por detrás de los polinizadores. Sin embargo, si el cambio climático sigue avanzando al mismo ritmo, podría darse una desincronización inversa. Serían los polinizadores los que irían por detrás de las plantas, de modo que estas no tendrían a nadie que les ayude a reproducirse.
Con respecto a presas y depredadores, un buen ejemplo de lo que está pasando es un estudio publicado en 2021, en el que se analiza el caso del carbonero común (Parus major) y las orugas. Se señala que el pico de las orugas parece haberse adelantado dos semanas. Estas son el alimento principal de las crías de carbonero, por lo que este se ha visto abocado a adelantar también su temporada de cría. Sin embargo, se cree que podría llegar un momento en el que no sea capaz de responder al desajuste, de modo que las crías tendrían menos alimento.

La migración de aves como el papamoscas puede verse afectada. Crédito: Wikimedia Commons
Por otro lado, todo esto puede verse afectado por los cambios migratorios. Es algo que se vio en un estudio realizado en 2006, en el que se analizaron 9 poblaciones holandesas de papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca). En él, se observa que las poblaciones han caído cerca de un 90 % en dos décadas en las zonas donde el pico de alimento para los pollos llega pronto y las aves llegan desajustadas. Donde el pico es tardío, solo hay, como mucho, un descenso débil. Los autores sugieren que el desajuste por cambio climático probablemente es un fenómeno extendido y que puede provocar descensos en su población.
Heladas tardías
El cambio climático también está propiciando las heladas tardías. Estas se dan cuando una planta brota pronto, en una época en la que aún puede haber alguna helada suelta. Por lo general, las heladas se dan cuando las yemas están cerradas y deshidratadas, de modo que los tejidos aguantan temperaturas muy bajas. Sin embargo, si ocurren cuando las hojas ya han brotado, la planta ha perdido esa protección y es mucho más vulnerable. Las hojas jóvenes, las flores y los frutos incipientes tienen mucha agua y tejidos tiernos. Si esa agua se congela, los cristales pueden dañar los tejidos y afectar mucho a la planta. En un estudio de 2020 se señala que, en los próximos años, cerca del 35 % de la superficie forestal templada europea sufrirá daños por heladas tardías.
¿Qué podemos sacar positivo de todo esto?
La parte positiva de todo esto es que la fenología es una herramienta ideal para predecir, detectar y adaptarnos a las consecuencias del cambio climático. Por ejemplo, si entendemos la fenología podemos crear mejores modelos climáticos. Esto es así porque controla muchas retroalimentaciones del sistema climático porque, como las relacionadas con la rugosidad de la superficie, la conductancia del dosel vegetal y los flujos de agua, energía, dióxido de carbono y compuestos orgánicos volátiles.
Por otro lado, entender cómo evolucionan las heladas tardías puede conducir a mejores estrategias agrícolas. Además, otra ventaja es que el conocimiento de la fenología es un indicador tan sencillo de entender que puede ayudar a divulgar los problemas del cambio climático de una forma muy comprensible, tanto para la población general como para los gobernantes e instituciones que más cartas deben tomar para poner freno al cambio climático. Y es que, desde luego, entender cómo cambia la relación entre el carbonero común y las orugas no va a frenar el cambio climático si sigue habiendo empresas que liberan toneladas y toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Pero, quizás, si le ponemos al problema la cara de esos dos animales, haya muchas más personas que entiendan lo que está pasando y empujen a quienes tienen más potencial para tomar medidas.